El 26 de abril pasado, mi papá junto a mi mamá tomaron un ómnibus de la línea de colectivo 141, a las 8.49 en calle Urquiza y Lavalle, para dirigirse a su casa, ubicada a la altura de calle Bordabehere al 4900, en ese trayecto de solamente 10 cuadras, según lo referido por mis padres, el colectivero iba muy rápido ya que estaba casi vacío. Todo esto no tendría importancia si mi mamá, de 77 años, no se hubiera accidentado cuando descendió del colectivo a causa de que el chofer arrancó sin que ella hubiera terminado de bajar, provocándose un fuerte golpe en una de sus rodillas y gracias a Dios no terminó bajos las ruedas del vehículo. Al chofer y a los reponsables de la empresa, tengan un poco más de respeto y paciencia hacia los que viajan, y fíjense en lo que hacen ya que piden que desciendan por la puerta trasera, y por hacerlo así, el viaje casi termina en una desgracia.


































