La señora Margarita Barrientos, ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires desde octubre de 2011, fue entrevistada televisivamente el último 29 de abril. Su mérito primordial es el de sostener desde hace 15 años a Los Piletones, un hogar que da de comer diariamente a 1.600 personas carecientes. Sus recursos son sumamente modestos. Emana de su persona una inmensa paz interior con modales suaves, de hablar pausado y pensado, con la tonalidad norteña de sus orígenes. Afirma que su familia la apoya en forma incondicional, que su marido cartonero aporta el dinero para que los domingos coman un asadito de falda en la mesa familiar. Ese es el momento de felicidad para ella después de su intensa semana de trabajo sin horarios, sin descanso, siempre solucionando problemas. En una oportunidad "una señora que tenía un gran taller" envió a buscar raciones para 10 trabajadores esclavos retenidos en ese taller. Al enterarse Margarita de este engaño le suspendió su ayuda. Desde ese episodio sus asistentes acompañan a los nuevos carenciados hasta su vivienda a detectar sus reales condiciones de vida e intentar un cambio favorable. Respecto a las viviendas prometidas por la Fundación Madres de Plaza de Mayo (Bonafini-Schoklender y Cía) manifestó que de las 300 viviendas programadas se construyeron 40 y ahí detuvo su comentario. El reportero preguntó si oportunamente le ofrecieron cargos políticos, integrar listas u otra ventaja personal. Lo negó enfáticamente agregando que jamás tomaría nada fuera de las donaciones para Los Piletones. Luego se puso seria, bajó la cabeza, pensó unos segundos y pronunció este párrafo final: "No lo hacen porque todos saben que yo solamente digo la verdad y ellos mienten siempre. Bueno, si se ofenden, que se ofendan. Yo no sé hacer el punto y coma.Ellos saben hacer todo eso pero siempre están mintiendo, y yo no sirvo para mentir. Yo hago mi trabajo no para quedarme con algo, lo hago porque soy feliz ayudando a otros más desgraciados que yo y sabiendo que todos me quieren por eso. ¿Qué más puedo pedir?". Me dejó con este pensamiento: ¡Qué bien nos harían muchas Margaritas Barrientos!

































