Soy un ciudadano argentino al cual en ocasión de jubilarse, estando el señor Cavallo de ministro de Economía, le hicieron los cálculos para obtener el monto de mi jubilación: porque la Nación estaba en emergencia se usó un índice que me rebajó el sueldo mensual casi en diez veces de lo que cobraba normalmente. Me dijeron que por ley debían pagarme así, pero ya tengo 85 años y un Parkinson que me acompaña, y a pesar de haber iniciado juicio de recuperación no es este el motivo de mi comunicación. Yo estoy con mi computadora, escribiendo notas con el fin de ayudar a las personas que han equivocado el camino, y roban y matan a los niños, viejos y en general a cualquier persona. No sé si por vicio, por drogarse o porque están animalizándose y retroceden en forma alarmante. Además, en casi todas partes del mundo (aquí también) desde la televisión se impulsa con la excusa de diversión a mostrar desnudos y con un léxico procaz, casi ofensivo a las mujeres. Estamos en el mundo con falencias, si nos ponemos a pensar que el dinero tiene el maldito poder de que está en manos de las personas que manejan los gobiernos en naciones poderosas, que se apropian de las menos desarrolladas, a quienes les quitan sus producciones, y las dejan en la miseria, sin alimentos, sin ropas, sin educación y hasta sin ganas de vivir. Aquí, en nuestro país, hay provincias que gozan de estos privilegios. Ya no podemos seguir así, señora presidenta. Usted no lo siente porque tiene buenos sueldos y está en la vereda de enfrente. Estamos en peligro. En cualquier momento aparece un Robin Hood, y nos empezamos a pelear entre hermanos. Así no debe ser. Se quejan los productores, los industriales, los políticos, y se roba y se mata en forma que asusta. Por suerte, las producciones de materias primas están ayudando y no hay que pelear entre el gobierno y los productores. Los dineros grosos que salen del país, llevados por los capitalistas viajeros, es impresionante. Hay que encontrar la manera de que se impidan estas salidas, y en un acuerdo general que usted tiene la obligación de propiciar, sin que a nadie se le quite nada, obligarlos a que lo inviertan aquí con fábricas de todos los elementos que se necesiten para vivir, trenes, aviones, vehículos, maquinarias de todas clases, hasta alfileres. Nuestros obreros tendrán más trabajo y mejor vida. En el país hay personas muy inteligentes, muy capaces que se reunirían con otras con el objeto de encontrar un plan que nos saque de esta lucha verbal que existe y que nos hace tanto mal. Basta de peleas, de enfrentamientos, primero la vida y la patria. Es hora de que la Argentina surja y salga de este atolladero en que estamos metidos. Nadie es mejor que nadie. Señora presidenta, demuéstrenos su inteligencia, su tarea es muy delicada pero nos demostrará que puede llevarla a cabo con la ayuda de Dios. No deje de tomar la iniciativa, y antes de que sigamos viendo cómo se embarra la cancha, comprometa a los dirigentes para que la acompañen en esto que sería un golpe de efecto que demostraría a todos los habitantes para qué quiere usted ser nuevamente presidenta. Si consigue esto que le propongo, todos, o por lo menos la gran mayoría, la aplaudirán ya que conseguiría cambiar el momento de riñas y descontentos por una unión que ahora nadie cree que pueda sumir en progreso a la Nación. Las grandes proezas las consiguen solamente los grandes y valientes corazones. Si lo consigue Dios la bendecirá, como yo lo pido en este momento. No nos defraude.






























