En la puerta de su casa de barrio Industrial, cuando retiraba algunas pertenencias de su auto, Marcelo Gabriel Marchesini vio peligrar su vida por muy poco. Dos jóvenes que se acercaron en moto, en contramano, le apoyaron un arma en el cuerpo para asaltarlo. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que los ladrones podían entrar a su domicilio, donde estaban su esposa y sus tres hijos de 4 a 11 años, y empezó a correr pensando en alejar a su familia del peligro. Escuchó cómo gatillaban el arma una y otra vez y no salían los tiros. En el último intento del muchacho que lo perseguía, una bala 9 milímetros le entró por la espalda. Lo único que le robaron fue la mochila de uno de sus nenes que recién sacaba del auto.
“Llévenme al hospital. No me quiero morir. Tengo tres hijos”, contaron los vecinos de Amado Nervo al 1700 que imploraba Marchesini tras el asalto. Alguien le acercó una silla donde se sentó a esperar una ambulancia que nunca llegó. Con una toalla hacía presión sobre la herida que le sangraba en la espalda. Finalmente, ante los ruegos de los vecinos, un móvil policial lo trasladó hasta el Hospital Alberdi y desde allí lo derivaron al Hospital de Emergencias (Heca). Tuvieron que hacerle una cirugía porque la bala le atravesó el intestino grueso y destrozó parte del colon.
La cirugía. “Los médicos nos dijeron que la bala pasó a muy poca distancia de la vena cava. Y que si la tocaba, otra hubiera sido la historia”. Sin perder la calma, la esposa de Marchesini contó que en la cirugía a su marido le extrajeron un proyectil calibre 9 milímetros que había quedado alojado en forma superficial sobre un músculo abdominal, cerca de la piel. Si bien se recuperaba favorablemente y ayer pudo caminar, la evolución dependía de despejar los riesgos de infección. “Por suerte es una persona sana. Le extrajeron parte del colon y le hicieron una conexión del intestino delgado con el grueso”, contó Gabriela, de 39 años, en el hall del Heca, durante una breve pausa en el cuidado constante que brinda a su esposo tras la agresión.
Marchesini, quien trabaja como administrativo en un gimnasio, está internado allí desde el viernes a la tarde. Ese día, poco después de las 17, llegó en auto a su casa de Amado Nervo 1725 (una cuadra al norte de Vélez Sarfield a la misma altura), una calle angosta flanqueada por casas de clase media que, unos cincuenta metros hacia el este, se corta y desemboca en la entrada al club Edison.
Por sorpresa. Dentro de la casa estaban Gabriela y los hijos de la pareja, tres varones de 11, 7 y 4 años. La familia vive allí desde 2004. “Marcelo estaba entrando a casa y se acordó que había dejado algo en el auto. Miró bien antes de salir, pero estos muchachos lo sorprendieron porque venían en contramano, en una moto. Desde atrás del vidrio espejado del garaje vi el movimiento de él, pero después empezó a correr y no alcancé a ver cuando lo hirieron”, recordó la mujer.
Según el relato que brindó a sus familiares Marcelo, que nunca perdió el conocimiento, eran dos pibes jóvenes que usaban gorritas y que circulaban en una moto roja. En una mínima fracción de tiempo el que iba como acompañante bajó, se acercó, le apoyó un arma en el cuerpo y exigió: “Dame todo”.
El hombre se asustó, temió que intentaran meterse en su casa y se resistió. Corrió unos diez metros mientras “escuchaba que el ladrón gatillaba el arma pero los tiros no salían. Dispararon varias veces y el último lo terminó hiriendo en la espalda”. La bala entró en la zona baja derecha de la espalda de Marchesini. “Me quemaste”, le dijo al ladrón, a quien, según Gabriela, “le terminó dando una mochila de uno de los nenes”.
Enseguida el lugar se llenó de vecinos mientras algunos llamaban al Sies y otros al 911. Los dos hijos más grandes de Marchesini, que esperaba en una silla en la vereda, observaban asustados la escena. Dos policías que suelen recorrer la zona a pie fueron los primeros en acercarse. “El gritaba que lo ayudaran, que tiene tres chicos, pero no nos dejaban trasladarlo”, evocó con angustia Gabriela. Después llegaron móviles del Comando Radioeléctrico que, ante la insistencia de los vecinos, lo llevaron al hospital. El acta por el caso se labró en la comisaría 8ª.
“Todo fue muy rápido. Fue muy fuerte, de verlo totalmente dinámico, pasar a verlo así”, expresó la esposa de la víctima, que ahora lo acompaña al pie de una cama del hospital, aún aturdida ante el tremendo riesgo que sufrió su pareja en un instante inesperado.