Las fatalidades, políticas y naturales, que soporta Haití desde hace ya varios siglos la han dejado postrada: más del 40 por ciento del presupuesto del país se cubre con fondos provenientes de la ayuda internacional.

Las fatalidades, políticas y naturales, que soporta Haití desde hace ya varios siglos la han dejado postrada: más del 40 por ciento del presupuesto del país se cubre con fondos provenientes de la ayuda internacional.
La inestabilidad política dio una tregua tras las graves revueltas de 2004 al morir Aristide, aquel sacerdote que entró en el Palacio Presidencial gracias al voto popular, en 1990, y salió un año después empujado por los sicarios del general Raoul Cedras, que se apropiaban otra vez del país. Como siempre, como desde 1803, cuando la milicia de esclavos negros consiguió la libertad.
Antes de que Estados Unidos desviara su mirada hacia la república negra, en 1915, el país ya había sido saqueado por una veintena de líderes.
Y peor aún fue con la saga de los Duvalier, una dictadura sangrienta que duró casi 30 años, masacró a decenas de miles entre 1957 y 1986.
Aristide y Preval rompieron con la funesta tradición de los caudillos militares, pero la corrupción, la falta de institucionalidad y la violencia política promovida desde el poder económico y político nunca desaparecieron.



Por Martín Stoianovich

