Las calles Zeballos y Montevideo, dos de las vías más transitadas del radio céntrico, están detenidas en el tiempo. Desde Chacabuco hasta Oroño, sus antiquísimos adoquines emparchados con salpicones de brea aquí y allá son infernales y constantes lomas de burro que transforman a los vehículos en cocteleras destartaladas. Pero uno de los mayores daños que produce esta situación es a los frentistas. En efecto, esas arterias adoquinadas a principios de siglo no tienen una correcta caída de agua hacia las esquinas, donde se encuentran las bocas de tormenta, sino hacia la mitad de la calle, donde se acumula en forma de lagunas. Así, por ejemplo, mi propiedad se encuentra en la calle Zeballos 1255, es decir, justo a la mitad entre Mitre y Entre Ríos, y permanentemente hay una laguna en mi puerta debido a que cualquier hilo de agua, provenga de donde provenga, termina convirtiéndose en un imponente charco. De este modo, al pasar los vehículos salpican el agua a la vereda y mojan a los transeúntes, sin mencionar que he tenido que cambiar la mitad de la puerta de hierro de la entrada a mi casa porque tanta agua le causó daños irreparables. Varios reclamos que hice al respecto han quedado en el olvido en la dependencia correspondiente, cuyos amables empleados desde hace años no pueden hacer más que pedirme que tenga paciencia porque, según parece, se trata de un problema absolutamente irresoluble. Veo con asombro qué correctas se encuentran esas dos vías cuando se traspasa Oroño hacia el oeste, con un asfaltado impecable, y me pregunto: ¿tan imposible es que asfalten aunque sea esos cien metros de calle Zeballos entre Mitre y Entre Ríos? ¿A qué santo hay que rogar para no ver nunca más esa pestilente laguna en el frente de mi casa? Señor intendente, ¿estaría en su poder hacer algo al respecto? Desde ya, le estaríamos eternamente agradecidos.


























