Estamos en otoño, próximo al invierno y podemos observar muchas calles céntricas sombrías, oscuras y frías. Ello debido a la implantación desde hace varios años de especies arbóreas inadecuadas para el arbolado urbano. En efecto, la mayor parte de esas calles han sido arboladas con plantas de las especies de las familias de los jacarandaes, que son árboles que crecen con grandes troncos torcidos e indisciplinados, con poco arraigo en el suelo, que se abaten fácilmente con los vientos y levantan grandes trozos de veredas, cayendo pesadamente sobre los automóviles y casas. Estas especies recién largan las hojas al terminar el invierno, casi en la primavera, manteniendo las calles oscuras y frías, no permitiendo la entrada del sol, tan necesaria en esta época. En cambio las otras especies de árboles de hojas caducas como ser los fresnos, los tilos, los liquides ámbares, etcétera, en pocos días se ponen con su copa amarilla y enseguida largan todas sus hojas, dejando las ramas limpias, que permiten la entrada en plenitud de la luz y la calidez del sol tan necesarias para el bienestar de los habitantes. Evidentemente, la experiencia con las familias de los jacarandaes para el arbolado urbano no ha sido buena, siendo especies más apropiadas para espacios abiertos como parques y plazas y no para las estrechas veredas céntricas. Sería de desear que las autoridades municipales del área respectiva del arbolado urbano no sigan reponiendo esas especies inadecuadas en los espacios faltantes, procurando con intervenciones de escamondas, podas y soportes disciplinar en parte su crecimiento desordenado evitando su peligrosa caída.


































