Tras notificarse en Venado Tuerto de la absolución y dar una conferencia de prensa en Rufino
sobre la cancelación de su condena, Carlos Fraticelli y su abogado Carlos Edwards resolvieron el
viernes ir a cenar para una celebración íntima. Fueron a la parrilla La Estancia, sobre la ruta 33.
Cuando entraron fueron divisados por los clientes, unas cien personas, muchos de los cuales se
levantaron y estallaron en una espontánea salva de aplausos hacia el ex juez.
“Fue muy emocionante para mí. Lo viví como un
reconocimiento después de tanta adversidad. El dueño nos mandó una botella de champán de
regalo”, contó Fraticelli.
Su rutina diaria por ahora es sencilla. “Hace los mandados,
anda en bicicleta, conversa con la gente y camina 15 kilómetros por día”, cuenta su mujer,
Norma Tejedor, que es docente como él en el Colegio Superior Nº 50.
El hábito de caminar, dice, le quedó de la cárcel, donde llegó a
hacer, según dijo, 50 kilómetros por día en recorridos acotados.
En la alcaidía de Melincué completó 35 cuadernos con letra
manuscrita sobre sus vivencias diarias que ahora se propone volcar en un libro. “Anotaba qué
comía, que sentía, qué veía, qué rezaba”. Dice guardar enorme gratitud hacia los guardias y
hacia los presos que conoció en la cárcel. “Ellos me trataron con mucho respeto. Los jefes
policiales fueron lo contrario”.


























