A pocos días de otro aniversario de la trágica desaparición de Afonsina Carolina Storni, quiero recordar que el 25 de octubre de 1938, la orilla atlántica de Mar del Plata vio con asombro cómo la poetisa, anticipándose a las consecuencias de su enfermedad, buscó los brazos del mar para dormirse en ellos. Y ese mar antiguo de dramas y poesías la tomó de la mano para llevarla, como dice la canción, por senderos de algas y de coral. Así, esa madrugada, siguiendo los pasos de sus amigos Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, Alfonsina puso fin a su existencia de luces y sombras. Los versos de Félix Luna que musicalizó Ariel Ramírez, vistieron de fantasía el triste final de Alfonsina, que como aseguran otros autores, se arrojó desde el espigón de la playa La Perla, donde un monumento la recuerda desde 1942. El suicidio de Alfonsina no fue inducido por mal de amores, como supusieron algunos, sino por su efermedad terminal, según afirma la mayoría de sus biógrafos. Pero su desaparición quedó para siempre asociada al novelezco fin que relatan los versos de Félix Luna, que quiso poner poesía hasta en el suicidio de Alfonsina. Esos versos fueron inspirados por el poema póstumo "Voy a dormir" (1938), que la poetisa enviara al diario La Nación, y cuyo último párrafo dice: "¡Ah!... un encargo: Si él llama nuevamente por teléfono... le dices que no insista... que he salido". Y en su poema "Dolor" (1925) escribió: "Quisiera esta tarde divina de octubre, pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Y figura erguida entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar...". En estos versos se percibe la atracción que ejercía el mar sobre ella. Tal vez por eso lo eligió para que la recibiera en sus brazos cuando tomó su trágica decisión, llevada no por cuestiones amorosas, sino por el mal físico que la martirizaba. Si se internó pausadamente en el agua como algunos sugirieron, quizá para encontrar un matiz de poesía hasta en su muerte; si se arrojó desde el espigón de la playa La Perla siendo encontrada al día siguiente por dos obreros, como afirma Guzmán Urrero Peña, es una cuestión que no alcanza relevancia ante un hecho tan triste. Quienes llevamos la poesía en el alma, aunque no podamos expresarlo con el talento de Félix Luna, recordamos cada 25 de octubre y siempre, a esta poetisa que se hizo fuerte en un tiempo difícil para la mujer, y que quedó emparentada con el murmullo enterno del mar.































