Edda, la hija mayor del dictador fascista italiano Benito Mussolini, mantuvo un romance secreto
con un activista comunista llamado Leonida Buongiorno. Sucedió durante el exilio de la mujer en la
isla mediterránea de Lípari y el apasionado romance se mantuvo en secreto hasta estos días en que
fueron publicadas las cartas de amor que la pareja se había enviado.
La hija del Duce mantuvo esa relación tras la Segunda Guerra Mundial, cuando era
ya la viuda del ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, conde Galeazzo Ciano (1903-1944).
Fue el Duce mismo quien ordenó el fusilamiento de su yerno Galeazzo Ciano. No le
perdonó que votase su destitución al frente del fascismo italiano el 19 de julio de 1943.
El libro donde se expone la relación, titulado "Edda Ciano y el comunista. La
inconfesable pasión de la hija del Duce" (Rizzoli) explica cómo la hija del dictador conoció al
activista comunista de Lípari al llegar a la isla de su exilio obligado, una vez que su padre
(1883-1945) ya había sido fusilado.
La terraza de la casa La Petite Malmaison se convirtió en el lugar del primer
encuentro amoroso de la pareja, donde él le recitaba versos de La Odisea durante los nueve meses
que Edda (1910-1995) pasó confinada.
Fue entonces cuando se intensificó la relación epistolar entre ambos, con cartas
que con el paso de los años se irían espaciando cada vez más en el tiempo.
"Querido amigo, si vuestros compromisos políticos y vuestras distracciones del
domingo os lo permiten, ¿podríais ser tan cortés de venir a hacerme una visita?", decía una de las
cartas enviadas por la hija del Duce, textos a los que el autor del libro, el periodista Marcello
Sorgi, ha tenido acceso gracias a que fueron conservados en el armario de un hijo de Leonida
Buongiorno.
"Conocí a Ellenica (apodo de la hija de Mussolini) una tarde. Al final de una
violenta manifestación por las calles del pueblo (...). Me pareció una golondrina herida con las
alas quebradas", decía el comunista en uno de los textos.
Según el libro, una vez que la condesa viuda de Ciano abandonó la isla, ambos
tuvieron al menos dos encuentros más en Lípari y uno en el norte de Italia. Luego Buongiorno
decidió casarse con otra mujer y ella quedó destrozada.
Pasado el tiempo, cuando Buongiorno y la hija de Mussolini rondaban los 70 años
se volvieron a encontrar en Lípari y él la llevó, según el libro, al mismo lugar en el que tuvieron
ese primer encuentro de amor furtivo.