En general el grueso de la gente supone que las personas que exhiben títulos profesionales o de investigación científica son cultos, cuando hasta allí son simplemente instruidos en la especialidad de sus diplomas. Eventualmente, pueden ser cultos o no; eso depende de su vocación personal de superación. Ser culto significa tener en claro la relación del hombre entre sí, donde el amor, la solidaridad y la comprensión son prioritarias. Debe conocer, no como especialista, sino con la simpleza del hombre del diario vivir, la evolución y adaptación del hombre en el tiempo, qué significado tiene su vida en la tierra. Debe ser tolerante con la palabra y el pensamiento del otro, debe comprender la inmensidad del universo y lo ultrapequeño de nuestro mundo, debe ser guía en la vida de los jóvenes, con las experiencias ganadas, observar y gozar de los valores estéticos de las expresiones ganadas, observar y gozar de los valores estéticos de las expresiones artísticas, musicales y literarias. No habrá ningún título que lo habilite como culto, todo será esfuerzo, concentración, a veces desalentador, pero necesario para enriquecer día a día a su acervo cultural. ¿Eran cultos los físicos de la década del cuarenta, constructores de la bomba atómica que mató a millones de personas? ¿Eran cultos los médicos nazis cuando destrozaban cuerpos humanos vivos para sus estudios?































