Parecería que primero, debería ir el hecho de la violación como ocasión del aborto, sin embargo, dado que hay menos violaciones que relaciones consentidas, muchas de las cuales terminan embarazosamente, conviene pensar varias cosas: 1) Todos los que vivimos, estuvimos en el seno de nuestra madre, sin ser parte constitutiva de ella. Y gracias a que no nos mató antes de nacer hoy disfrutamos, sufrimos, en una palabra vivimos. Vaya esto en reconocimiento a la madre del doctor Miguel Angel Capiello, a la madre de Mauricio Macri y de todas las mamás de los abortistas que los amaron cuando eran más chicos que una nuez. 2) Lamento que los mencionados, y muchos más, pero no tantos como los que rechazan el aborto en todas sus formas, no adviertan que todo aborto es punible, es un dolor y un castigo para el no-nacido que le aplican la pena de muerte –medida punitiva al fin- y un dolor y un castigo para la mamá, a quien le vaciarán el útero, como si fuera una segunda violación, por vulnerar -por segunda vez- su intimidad física y psíquica. 3) Muchas mujeres son presionadas, casi punitivamente, para que aborten, sean presionadas por su pareja estable, o para retenerla si se quiere fugar -dando muestra de machismo sin virilidad- o sancionadas por su propia familia. 4) Dejen de castigar a las mujeres matándoles el hijo no nacido, contengan desde el amor, la buena terapia y la ayuda económica -como sucede sin que muchos lo den a conocer- a las mujeres que llevan un embarazo que, iniciado en la violencia o muchas veces en el placer por el placer, ahora ya son madres. 5) Una nación ayuda a nacer para seguir siendo nación, de lo contrario, se contradice si mata a los no-nacidos. ¿Con quién poblará su territorio? A no ser que sus gobernantes, sean agentes del control demográfico internacional.




























