La Corte Suprema de Justicia abordó un tema que era ya por muchos conocido. Advirtió al Ejecutivo del peligro que significaba el narcotráfico y que se debía hacer más y en todo el territorio de la Nación, a efectos de combatir este flagelo. Indudablemente, acertada esta advertencia. No obstante, han sido muchos los casos, algunos resonantes en esta materia, que se han producido en los últimos años, sumado a muertes y asesinatos. Me interesa tomar este comentario, que aunque tarde, siempre se está a tiempo y se corresponde con otro, al que nunca han observado ni la Corte, ni la Justicia, ni el Ejecutivo, ni el Congreso de la Nación, que es el de la corrupción. Esta última es el mal de males, es la puerta ancha donde han entrado casi todas las desgracias argentinas; porque sin esa puerta abierta, favorecida por la distracción y el dejar hacer, no habrían existido los accidentes ferroviarios, funcionarios involucrados, ex presidentes, aviones con toneladas de estupefacientes viajando desde los lugares más emblemáticos del país y policías provinciales perforadas por sucesos que, por demás conocidos, no dejan de ser deleznables. Aquí estamos. En el punto donde la seguridad choca con el no hacer, y el no hacer tampoco se explica desde la racionalidad. Hay mucho por decir, pero lo más importante es el hacer. Debemos salir de esta decadencia donde la Argentina no encuentra un piso y sigue cayendo de manera estrepitosa, fabricando de a miles de drogadictos, pobres, analfabetos, semianalfabetos, desnutridos y desesperados. No se tapa el sol con las manos, ni con unos cuantos miles de autos de alta gama y los hoteles llenos los fines de semana largos. Hay más de cuarenta millones de habitantes y muchos de ellos abandonados a su suerte.

































