Economía

El rol del empresario según la visión de Marshall

El economista incorporó al empresario como el cuarto factor de la producción luego de los clásicos: tierra, trabajo, capital.

Domingo 05 de Agosto de 2018

No creo que mi viejo me haya mentido, que la universidad me haya deformado y qué de caminar la calle siga sin aprender nada, pero si algo tengo claro es que en el único lugar en que la recompensa se presenta antes que el trabajo es en el diccionario.

Difícilmente sea sostenible en el tiempo encontrar una relación inversa, reclamar por lo no generado y menos aún sin grandes costos fiscales o morales, en definitiva progresar tiene que ver con un proceso personal de superación continua y en el fondo pasa por valorarse a uno mismo.

Otra máxima del sentido común callejero: primero transpiremos para generar y producir, luego pensar en cómo repartir y cuánto. Ocuparse por ganar el pan de cada día es un desafío y requiere de mucho esfuerzo, no así gastar que es fácil y además rápido.

Aunque muy básicos son simples conceptos que ayudan a refrescar ideas y poner las cosas en su lugar. Los titulares de diarios y la televisión mucho difunden sobre el gasto y bien poco sobre producción. Es que pusimos el carro delante del caballo hace mucho tiempo y hoy nos cuesta entender que así no va más.

Alfred Marshall (1842-1924) fue un brillante economista de Cambridge, incorporó al empresario como el cuarto factor de la producción luego de los clásicos: tierra, trabajo, capital. Junto con J. Alois Schumpeter (cada cual con su punto de vista) le dieron al empresario un lugar preponderante en el análisis económico, como generador y motor del crecimiento económico, quien con su labor generaba beneficios del que todos los agentes tenían su parte.

Prioridades

Ese empresario (exitoso) es quien logra apropiarse de una renta explotando su habilidad, lidiando con un entorno por lo general hostil, asumiendo riesgos y reinventándose de forma permanente, dado que de no asumir esa dinámica, el mediano y largo plazo le reduce los beneficios y lo quita de competencia.

Así es que en el desarrollo de la política económica (ya lo decía), no debe desatender esta cuestión y hasta debería ser prioridad buscar empresarios, estimular su desarrollo, facilitarle las iniciativas, generarles las condiciones para que esta incubadora encuentre el clima ideal que permita germinar sus proyectos y con sus frutos soñar un futuro superador.

Es el empresario quien trabaja incansablemente estudiando las demandas sociales, ya que decodificar esa demanda y desarrollar la oferta adecuada es en verdad lo que motoriza su razón de ser, es la función empresarial.

Este agente económico, en el desarrollo de su actividad productiva sopesa de forma permanente los esfuerzos en los que debe embarcarse para producir bienes o servicios, los riesgos que asume, los costos que paga y un margen de rentabilidad que compense tamaño esfuerzo (su costo de oportunidad).

Si le sumas al escenario, un Estado socio, aunque también más grupos de presión que mucho entienden y reclaman por los derechos pero poco se manifiestan sobre las obligaciones, asumir el rol de emprendedor es un verdadero mérito a la constancia y a la determinación.

Esta actividad empresarial se enfrenta a una oferta que se dibuja a partir de las chances de ganancias que los empresarios tienen sobre otras actividades. Por lado de la demanda, será una función del ambiente de negocios (propicios o no) para el desarrollo de la actividad.

Estos desequilibrios entre demandas sociales y ofertas empresariales, son leídos por los empresarios quienes asumiendo la iniciativa, el riesgo y los costos trazan un puente de resolución y en esta misión económica y social se juega su rol.

La doctrina marshalliana, destaca al empresario como el verdadero hacedor del crecimiento y desarrollo de una economía, un tipo que por su iniciativa y movilizado por incentivos, juega un rol decisivo en el despegue de todo un país.

El inglés hombre de negocios del siglo XIX, ya se posicionaba en sus escritos con su más aguerrido espíritu empresarial e impulsor de lo que se erigía como una gran potencia que se consolidara con el paso del tiempo.

Estos empresarios daban prioridad en su accionar a los beneficios sociales sobre los personales (seguramente tendremos ejemplos en nuestro país), dado que proporcionando a la sociedad lo que necesita, buscan su rédito y benefician al país con su producción.

Si los productores quedaban rezagados en relación a la competencia se generaba una gran pérdida a nivel nación, resintiendo la sociedad como receptora de los beneficios que aquel generaba.

Es la sociedad la que en definitiva toma el mayor de los beneficios, puesto que aunque millonario muera, nada llevará a su tumba.

Visiones encontradas

Han pasado los años desde Marshall, y las sociedades han despertado visiones muy encontradas respecto de los empresarios, sus reputaciones y aportes a la sociedad.

Por supuesto que siempre tendremos ejemplos extremos, también los hay de aquellos empresarios exitosos que entendiendo su verdadero rol social y económico seguirán dejando huellas imborrables, como las de estimular a quienes no lo son, en asumir la responsabilidad de creer y crecer por sus propios medios, abandonando la postura pasiva de que el Estado o un "patrón" deban reconocer lo suyo e ir por detrás de lo que es su verdadera convicción.


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