El cierre de Fate, empresa perteneciente al Grupo Madanes y única fabricante de neumáticos de capitales nacionales, deja al descubierto la profunda crisis que atraviesa el sector en nuestro país y expone con crudeza las tensiones que enfrenta la industria nacional en el actual contexto económico.
El sorpresivo despido de casi mil trabajadores en su planta ubicada en la zona norte de la provincia de Buenos Aires no constituye un hecho aislado, sino que se inscribe en un proceso más amplio de deterioro que también alcanza a otras empresas emblemáticas del sector, como Pirelli y Bridgestone. Estas compañías, pese a ser de capitales internacionales, no han quedado al margen de este escenario y atraviesan un presente signado por la incertidumbre, proyectando dudas concretas sobre la continuidad y el volumen futuro de su actividad en el país.
Aunque separada por una distancia de 362 kilómetros, esta situación enciende señales de alerta en la localidad de Puerto General San Martín, en el corazón del cordón industrial santafesino, donde se encuentra emplazada la planta petroquímica de Pampa Energía SA. Esta instalación reviste un carácter estratégico, no solo por tratarse de la única planta petroquímica de la provincia dedicada a la producción de caucho sintético y estireno, sino también por su rol como proveedora directa de insumos fundamentales para la industria del neumático, teniendo entre sus principales clientes precisamente a las empresas que hoy se encuentran atravesando esta profunda crisis.
El complejo petroquímico posee, además, un enorme valor histórico para el desarrollo industrial argentino. Inaugurado en el año 1966, fue considerado durante esa década como el complejo de su tipo más importante de América Latina. Su creación fue el resultado de una asociación estratégica entre cinco grandes corporaciones norteamericanas —Continental Oil Co., Cities Service, U.S. Rubber, Fish International Corporation y Witco Chemical Company Incorporated— que decidieron concentrar en una única planta el procesamiento y la transformación de nafta, propano y butano en una amplia gama de derivados petroquímicos. Entre estos productos, el caucho sintético ocupaba un lugar central, constituyéndose en un insumo clave para el desarrollo de la industria automotriz, del transporte y de múltiples sectores productivos que impulsaron el crecimiento económico de la región y del país durante décadas.
En la actualidad, la planta continúa desempeñando un rol fundamental en la cadena de valor industrial, produciendo principalmente dos tipos de caucho sintético de uso extendido a nivel mundial. Por un lado, el NBR (nitrilo-butadieno rubber), un material altamente valorado por su resistencia a aceites, combustibles, grasas y solventes, lo que lo convierte en un componente indispensable en la industria automotriz —en la fabricación de mangueras, sellos y juntas—, en el sector de petróleo y gas —para la elaboración de componentes estancos— y en diversas aplicaciones industriales como guantes, cintas transportadoras y equipamiento de seguridad.
Por otro lado, la planta produce SBR (estireno-butadieno rubber), el caucho sintético de mayor volumen de producción a nivel global, derivado del petróleo y considerado la principal alternativa al caucho natural. Sus propiedades de alta resistencia a la abrasión, al desgaste y al envejecimiento lo convierten en el insumo esencial para la fabricación de neumáticos, además de su utilización en la industria del calzado, la construcción y la infraestructura vial.
Dificultades para la producción nacional
Sin embargo, la delicada situación que atraviesan sus principales compradores se combina con un escenario económico general que presenta serias dificultades para la producción nacional. La actual política cambiaria, caracterizada por un tipo de cambio que tiende a encarecer en términos relativos los costos de producción locales, la apertura de importaciones que permite el ingreso masivo de productos terminados a precios considerablemente más bajos —especialmente provenientes de países asiáticos— y una estructura impositiva que incrementa significativamente los costos operativos, conforman un conjunto de factores que erosionan la competitividad de la industria.
En este contexto, la caída del poder adquisitivo de la población incide de manera directa sobre el mercado interno, modificando los patrones de consumo y reduciendo la capacidad de compra. El recambio de neumáticos, que constituye un gasto significativo para amplios sectores de trabajadores, comienza a postergarse o a resolverse mediante la adquisición de productos de menor precio, generalmente de origen importado. Esta dinámica no solo impacta en las empresas fabricantes de cubiertas, sino que comienza a trasladarse progresivamente al conjunto de la cadena productiva, afectando de manera directa la demanda de caucho sintético y generando un creciente nivel de incertidumbre sobre la continuidad y el volumen de actividad en el sector petroquímico del cordón industrial.
Este deterioro del contexto general encuentra su correlato concreto en los niveles de producción de la planta. Históricamente, el complejo posee una capacidad instalada para producir hasta 55.000 toneladas anuales de caucho sintético, manteniendo durante años volúmenes efectivos que oscilaron entre las 35.000 y las 40.000 toneladas, en un equilibrio sostenido entre el mercado interno y las exportaciones.
Sin embargo, desde la llegada del actual gobierno nacional, la planta comenzó a operar en torno al 60% de su capacidad instalada y, en la actualidad, ese nivel se ha reducido aún más, oscilando entre el 40% y el 50% según la época del año. Esta caída en el volumen productivo genera un fuerte incremento relativo de los costos fijos, al diluirse sobre una menor cantidad de toneladas producidas, afectando directamente la rentabilidad y la sustentabilidad de la operación.
En términos concretos, hoy la empresa no logra comercializar siquiera 25.000 toneladas anuales, menos de la mitad de su capacidad máxima. A su vez, la composición de las ventas también refleja un cambio significativo: aproximadamente el 75% de la producción actual se destina a la exportación, principalmente al mercado brasileño, mientras el mercado interno continúa en retracción.
Sin embargo, la exportación presenta sus propias limitaciones estructurales, ya que implica menores márgenes de rentabilidad como consecuencia de los costos logísticos y de flete, además de la permanente exposición a decisiones de política comercial de los países de destino, como la eventual imposición de aranceles, que pueden dejar a la producción nacional fuera de competencia de manera inmediata. Esta combinación de menor volumen, mayores costos relativos y dependencia de mercados externos incrementa la vulnerabilidad de la actividad y profundiza la incertidumbre sobre su evolución futura.
La contracción de la actividad adquiere una dimensión aún más preocupante cuando se analiza su impacto en el empleo. Actualmente, la planta emplea de manera directa a 750 trabajadores, constituyéndose en una de las principales fuentes de empleo industrial de la región. Pero su importancia no se limita a ese número. En torno a su funcionamiento se articula una extensa red de pequeñas y medianas empresas que prestan servicios de mantenimiento, transporte, logística, provisión de insumos y servicios técnicos especializados, conformando un entramado productivo que genera más de 3.000 puestos de trabajo indirectos.
De este modo, la crisis que inicialmente se manifestó en el sector del neumático comienza a proyectarse hacia el conjunto de la cadena de valor industrial, alcanzando a la producción petroquímica y generando un escenario de creciente incertidumbre.
Lo que está en juego no es únicamente la situación de una empresa en particular, sino la continuidad de una actividad estratégica que ha sido, durante más de medio siglo, uno de los pilares fundamentales del desarrollo industrial, el empleo y la identidad productiva de Puerto General San Martín y de todo el cordón industrial santafesino.