Economía

Brecha cambiaria e inflación, en la agenda de la economía para 2021

Marina Dal Poggetto, Martín Rapetti y Gonzalo Saglione alertaron sobre la tensión cambiaria y estimaron un rebote de la economía del 4%

Domingo 20 de Diciembre de 2020

La brecha cambiaria se convirtió en el principal dolor de cabeza para el gobierno de Alberto Fernández en los últimos meses. Luego de enfrentar la fenomenal crisis generada por la pandemia y la reestructuración de la deuda contraída por el macrismo, le costó varias “divisas” domar el irracional comportamiento del dólar, muy propio de la economía argentina, y estabilizar esta variable macroeconómica se presenta como uno de los principales desafíos para 2021.

El diferencial entre la cotización del dólar oficial _que para algunos economistas hoy resulta competitivo y para otros no tanto_ y los valores de los dólares Bolsa y paralelo llegó a alcanzar un 130% y hoy se ubica en el rango del 60% por las intervenciones del Banco Central en ese mercado. Aún así “estamos en nivel de overshooting (sobrerreacción), y la brecha está generado que la economía no funcione”, señaló Marina Dal Poggetto, economista titular de la consultora EcoGo.

Dal Poggetto, analizó las perspectivas posibles de la economía que viene junto a sus colegas Martín Rapetti (Cedes y Conicet) y Gonzalo Saglione (ex ministro de Economía de Santa Fe), en el marco de un webinar organizado por la Usina Social.

En ese contexto, la economista fue contundente: “Hoy no hay un problema de tipo de cambio oficial, es la brecha la que sigue vaciando al BCRA, ya que los exportadores no liquidan, los importadores anticipan las compras, se sobrefacturan importaciones y se subfacturan exportaciones y la presión sobre el Central continúa”.

En ese punto coincidió Rapetti, al señalar que “hay una serie de problemas expresados en eso, ya que la brecha es un tema centralmente de confianza, falta claridad de hacia donde va la Argentina”, dijo y consideró que con este diferencial entre tipos de cambio “la economía no puede funcionar y tiene un gran problema latente, que puede ocasionar una crisis”.

“La brecha es un gran problema. Y difícilmente el Fondo Monetario Internacional negocie un acuerdo si no se elimina”, puntualizó Rapetti y planteó que “las cosas que hay que hacer para eliminar la brecha cambiaria involucran correciones macroeconómicas, de tarifas, del déficit fiscal _que no es complicado pero tiene que corregirse_ y todo ese ajuste choca con un problema que tiene cualquier partido gobernante que es enfrentarse a un año de elecciones”.

Ambos economistas coincidieron en que el acuerdo con el FMI se concretará, sólo que abren interrogantes sobre cuáles serán los condicionamientos que pondrá el organismo a la Argentina.

En ese punto Dal Poggetto consideró que la mirada del organismo está puesta sobre los tres problemas que consideró como disparadores de esta brecha cambiaria: sobran pesos, faltan dólares y los bonos valen poco. “Cuando se mira la dinámica de la corrida contra el peso, arrancó en abril de 2018 y en el BCRA había reservas netas por u$s 36 mil millones. Ese monto, sumado a los u$s 44 mil millones que prestó el FMI sumaron 80 mil millones. De eso, hoy quedan u$s 2.700 millones ya que el resto se fue en cancelar deuda, con lo cual la Argentina se consumió el stock de reservas”, precisó.

Por otra parte, “hay muchos más pesos de los que la gente quiere, hay muy pocas reservas y los bonos recién reestructurados valen 36 dólares”, dijo, mientras que “la tasa de interés en el país es 16%, cuando los bonos basura rinden 4,5% en un mundo de hiperliquidez”, dijo y espetó: “En la medida que no se resuelvan los tres problemas, la presión sobre la brecha cambiaria no se frena”.

De ese modo, el gran interrogante sigue siendo si el acuerdo con el FMI logrará mejorar estos frentes de tormenta. “Para comprimir la brecha se va a necesitar una combinación de ajuste fiscal, partiendo de los 6,5 puntos de este año; una combinación de ajuste monetario ya que la tasa de interés hoy quedó corta frente a la inflación en el margen; y quizás un salto cambiario del dólar oficial”, indicó Dal Poggetto como las variables que exigiría el organismo. Pero reconoció que, a su juicio, “el principal riesgo para el año que viene es el frente electoral”.

Inflación y actividad

Para la economista el gobierno va a seguir haciendo el ajuste que “hoy está realizando aunque con un discurso de barricada y con internas sin señal hacia los mercados”, y a partir de ahí se abren distintos escenarios de cara año 2021. Pero, “en cualquiera de ellos la economía va a tener algún efecto rebote pasando de la caída de 10% de este año a 4 ó 5% arriba y la inflación seguramente va a ser mas alta que la de este año que terminará en la zona del 37% para llegar arriba de los 50%“, agregó.

El ministro Martín Guzmán estimó que el dólar acompañará el año próximo la inflación, los salarios van a ir por arriba y las tarifas van a ir por debajo. Para Dal Poggetto, “ese set de precios relativos no se condice con la necesidad de consolidar las cuentas fiscales de manera tal que no haya que hacer un overshooting de tasas de interés para poder estabilizar la demanda de pesos”, dijo.

Con lo cual “el riesgo es que si no se quiere de consolidar el ajuste, se termina haciendo por las malas, reforzando la brecha cambiaria y con mayor presión sobre el BCRA, que al final de la historia, probablemente después de octubre, termine convalidando un salto cambiario y más inflación”.

En ese punto, Saglione recordó que “si el funcionamiento de la economía durante los años por venir se corresponde con las proyecciones del Ministerio de Economía de la Nación, de acá a tres años recién vamos poder recuperar el nivel de actividad perdido durante 2020”, es decir “tendremos en 2023 el mismo nivel de 2019, que por otra parte fue un año muy malo”, dijo.

Frente a eso, planteó que hay dos formas de llegar al 2023: “una, sin el sendero de consistencia económica, recuperando lo que la economía perdió en 2020 con precios relativos distorsionados, que harán que tengamos una recuperación pero sin crecimiento sostenible; y otra con el diseño de equilibrios macroeconómicos en lo monetario, lo fiscal, y lo externo que permitirán que la recuperación se mantenga en el tiempo”, agregó.

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Esa arquitectura endeble, en la cual el retoque de una variable puede desequilibrar otra, es para los economistas la delgada línea por la que deberá caminar el gobierno nacional de cara al 2021. Para Rapetti, totalmente impregnado por la política.

“Será clave encontrar una coalición política que logre conciliar por un lado las necesarias correcciones económicas teniendo una dosis de sensibilidad social que haga tolerable el ajuste y le provea visión de futuro, que haga ver que ese sacrificio tendrá una remuneración a largo plazo”, dijo Rapetti, como un horizonte que no logró articularse durante la última década donde por un lado emergió un espacio político (en referencia al kirchnerismo) “al que le cuesta reconocer que es necesario un equilibrio económico y hacer el ajuste, y otoa espacio (macrismo) “que se siente más cómodo haciendo ajustes pero le cuesta entender que hay que atender el equilibrio social y la demanda de equidad de bienes y servicios públicos”, dijo.

Huesos firmes

De todos modos, para el economista de Cedes, lo que denominó “los huesos” de la economía argentina, “no son un desastre, ni tan desfavorables”. Se refirió así a que no hay atraso en el tipo de cambio, las tarifas, si bien no están en situación de equilibrio no requieren la misma corrección que la de 2016; las cuentas externas producto de la brutal contracción que arrancó con la recesión de 2018 hasta ahora, lograron un excedente comercial positivo del orden de 7.000 millones de dólares; los servicios de la deuda externa pública están bastante despejados por la reestructuración; y el frente fiscal, sacando el gasto producto del Covid, no están muy lejos del equilibrio.

Frente a eso, “no veo grandes problemas macroeconómicos”, aunque seguramente el FMI “pujará por una corrección importante que yo creo el gobierno no va a hacer”, dijo y situó allí “cierta tensión” en el corto plazo.

En cambio, para Rapetti es esencial atender “la hoja de balances” del Estado, de las familias y de las empresas, que según dijo “saldrán muy deterioradas” de la crisis.

“El Estado, las familias y las empresas, cuando se encerraron por la cuarentena, dejaron de producir, bajó el consumo y los gastos se suplieron, a falta de ingresos, con ahorros previos “El Estado, las familias y las empresas, cuando se encerraron por la cuarentena, dejaron de producir, bajó el consumo y los gastos se suplieron, a falta de ingresos, con ahorros previos

“El Estado, las familias y las empresas, cuando se encerraron por la cuarentena, dejaron de producir, bajó el consumo y los gastos se suplieron, a falta de ingresos, con ahorros previos”, ejemplificó. Esa situación es muy distinta a la que vivió la Argentina en la crisis de 2001/02 “donde la hoja de balance se limpió brutalmente con la crisis y luego de esos quedamos enriquecidos, lo que le dio vigor a la salida”, recordó Rapetti.

“Hoy el mundo tiene mucha liquidez, crece la demanda china, los términos de intercambio y la relación con Brasil lucen bien, pero el estado de las hojas de balance deterioradas en es preocupante”, señaló.

Para Saglione, en sintonía con Dal Poggetto, la recuperación de la actividad en lo inmediato está en el orden del 4% para el año próximo, producto del rebote de este magro 2020, pero insistió con dos ejes para hacer posible el crecimiento sostenible, basados en el manejo que se haga del frente fiscal y el frente externo.

Los frentes débiles

“En materia fiscal está claro que la magnitud del déficit que el nivel nacional tendrá en este ejercicio está debajo del de otras economías del mundo, pero el efecto macroeconómico es distinto debido a que ellas lo financian con crédito que Argentina no tiene y nosotros lo hacemos con emisión monetaria o en el mercado doméstico emitiendo deuda”, dijo.

El financiamiento del déficit por esas vías no es gratuito para la economía. Por un lado, “genera un efecto crowding out (desplazamiento), ya que un Estado captando fondos para cubrir su rojo provoca un impacto en la tasa de interés de los créditos a las empresas, encareciendo la inversión privada”, planteó. Saglione.

Por otro lado, “el financiamiento vía emisión genera más temprano que tarde presión inflacionaria”, agregó aclarando que no es partidario del concepto monetarista de la inflación, debido a que “si una mayor emisión de pesos no se corresponde con mayor demanda de dinero, necesariamente eso termina impactando sobre los precios”, agregó.

También Saglione ubicó como clave de cara al año próximo atender el frente externo. “Es necesario generar mecanismos de equilibrio y mejorar la competitividad de nuestras exportaciones”, dijo y señaló que la Argentina tiene a favor, en ese sentido algunos elementos como haber logrado el acuerdo por la deuda con los bonistas, el próximo acuerdo con el FMI que “despeja varios vencimientos por cuatro años”, agregó. Aunque advirtió que la necesidad de no contar con esos dólares no despeja el problema histórico del país, que es la demanda de divisas para atesoramiento que se van vía fuga de capitales, algo que imprime una fuerte presión alcista la tipo de cambio.

“En el país la competitividad muchas veces que se quiso buscar con tipos cambio elevados, lo que significa salarios bajos en dólares. Creo que esto no es consistente porque baja el consumo y la economía termina dejando de crecer”, dijo.

Por eso, “el diseño de una política económica debe apuntar a hacer crecer el producto, lo que producimos los argentinos, de la mano del crecimiento armónico de la demanda agregada”, concluyó.

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