La charla TEDx que Camila dio en Córdoba hace unos años –bajo el nombre de "Profunda Humanidad"– tiene ya unas 126.237 vistas. Son poco más de catorce minutos descomunales que empiezan con la maldición que le echó su papá: “Un día van a venir a golpear a esa puerta para avisarme que te encontraron muerta, tirada en una zanja”. Es que para ese hombre, militar y rígido, prostituirse y terminar en una zanja era el único destino posible para un hijo varón que se vestía de mujer.
La escritora continúa aquella charla contando de las travestis del Parque Sarmiento, en Córdoba Capital, adonde llegó desde su pueblo para estudiar periodismo: “Con ellas aprendí cuánto valía mi cuerpo y cuál era el precio que debía ponerle. Con ellas aprendí a defenderme y a mirar dos veces a una persona antes de emitir un juicio. Yo no estaría acá hoy, si ellas no me hubieran defendido de policías y clientes de mierda. Estaría en una zanja, seguramente”.
Camila se dio a conocer en el FILBA de La Cumbre, Córdoba, del año 2018 donde también se lanzó la primera edición de su ensayo autobiográfico sobre su acercamiento a la escritura: "El viaje inútil" (Ediciones DocumentA/Escénicas). Para quienes hasta ese momento no sabían de ella fue ahí empezó todo. Pero Camila ya era conocida en Córdoba como actriz, ya había viajado para trabajar en Buenos Aires y ya había vuelto espantada nuevamente a sus sierras.
“Pasaron cosas muy rápido pero en realidad venían pasando desde hacía mucho. Siempre fue con mucha paciencia”, cuenta recostada en el sillón del lobby de un hotel rosarino en la previa de su presentación de este sábado en la Feria Internacional del Libro de Rosario. “Estaba destinada a morir, pero tuve paciencia, no me apuré, no tuve esa voracidad con la que crían a los niños y fui viendo cómo se iban dando las cosas. Aunque mis padres me habían criado así, la experiencia me llevó hacia otro lado. No es que quise ser alguien o trascender. No pensaba en comprarme una casa, un auto o ponerme las tetas, iba viendo como se daba la vida, probando. Fue un tiempo más largo, me llevó más que a otros. Pero mirá cómo los que se apuraron hoy no tienen un long selller”, añade.
–¿Fue un camino más artesanal quizás?
–De pobreza, sabés. No podía más porque no tenía la plata, ni con el teatro, ni con las clases. Y a mi me gusta como fue. Capaz que lo sufrí antes, pero ahora no. Por eso, le diría a los jóvenes que nada tiene que ser ya, que nada tiene que pasar mañana, ni siquiera dentro de dos años. No tuve pretensión de resolver ni de esclarecer las cosas. Cuando tenía que ser era y cuando no, no era. En un momento me dejaron fuera de un personaje que yo misma había escrito. Y pensaba, “claro la eligieron a ella porque es rubia y más linda”. Pero enseguida el tiempo se encarga de acomodarte la biblioteca. Me pasa seguido y no tengo la nostalgia de haber perdido nada.
Trans escritura
"Soy una tonta por quererte" (Editorial Tusquets) el libro que presentará este sábado a las 18 en la Feria Internacional del Libro en Rosario (en una carpa instalada fuera del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, San Martín 1080) narra nueve historias que siguen buceando en el universo travesti pero también se animan a ir más allá de él.
El primer cuento es la historia de “Don Sosa” y “La Grace”, los padres de la autora, quienes van al santuario de la Difunta Correa a pedir que su hija travesti deje la prostitución. A los tres meses la plegaria es atendida y llega algo así como el milagro: Camila estrena Carnes Tolendas, una obra teatral que le abrirá un camino dentro de su profesión.
Luego de esa historia inicial –que funciona como un puente entre Las malas y esta compilación de cuentos– vendrán otras que cabalgan entre la extravagancia y la violencia pero sobre todo la vitalidad.
Dos travestis peluqueras se hacen amigas de la cantante Billie Holliday y la defienden del violento Louis Armstrong. Una mujer se gana la vida como novia de alquiler de hombres gay. Un grupo de rugbiers violenta a una trava mientras le baja el precio a una noche de sexo. Una abuela le discute a su nieta la diferencia entre ser “morocha” o “marrón”. Un niño gay del monte con una madre ausente y un padre violento se relaciona de un modo especial con un perro. Una distopía trava toma revancha de la Colonización. Son algunos de los relatos que la autora despliega desafiando los límites de la realidad y la magia, jugando a una multiplicidad de voces que le permiten hablar desde muchos lugares diferentes al punto que cada cuento parece escrito por varias personas a la vez. “Es mi manera de tocar un montón de lenguajes que por lo general permanecen como una incógnita para cualquier persona que no escribe pero para mi tenían que ser la virtud del libro”, dice.
En su memoria autobiográfica de la escritura ("El viaje inútil") Camila cuenta que su padre le enseñó a escribir y su madre a leer. “El deseo de escribir encontró que soy fértil, que soy una hembra viable para incubarlo, pone sus huevos y yo lo cargo dentro de mí como una madre”, dice como si escribir fuese de algún modo maternar.
Durante mucho tiempo se habló por las travestis. Hablaban los padres por ellas, hablaban los amigos por lo que deberían hacer o no, los profesionales hablaban y hasta la academia lo hacía. Hablar por sí misma fue algo que Camila consiguió pero no se quedó sólo con eso.
Escribió de ese infierno del que nadie escribía y le dio a las travestis formas concretas y poéticas.
“No puedo entender cuando dicen que son personajes marginales. Me llama la atención que se atrevan a decirlo en una frase y que lo tengan tan claro. Escribe sobre los márgenes o sobre personajes marginales y apartados. ¿Con qué tupé dicen eso? ¿En qué centro están? ¿En el centro de qué? ¿Qué los separa de los personajes que escribo? Las travestis siguen estando en los márgenes, son pobres, se prostituyen. Pero ¿qué te hace pensar que estás exento de las cosas que les pueden pasar a ellos? Hablar de los márgenes solamente sería como esas películas argentinas donde se habla de las villas y los villeros que están mirando dicen: ‘Están haciendo todo mal’, dice.
–¿Te molesta que siempre quieran conectar tu escritura con tu vida?
–Me relajé cuando vi el documental de Joan Didion (El centro cederá). En un momento a ella le cuestionan que en un artículo escribió: “Estamos en Honolulu porque no nos atrevemos a pedirnos el divorcio”. Y entonces alguien le cuestionó eso y le preguntó si su marido no se había ofendido al leerlo. Ella dijo que no, que él mismo la había editado. Y que no tenían ningún acuerdo porque “usaban su material”. En algún momento salí a defenderme a capa y espada porque sentía ese menosprecio a lo que estaba haciendo. Que digan lo que quieran. Como Didion: “Es mi material, es lo que hay”. Si les gusta bien y sino también.
– Decís que no hay un método o una técnica en tu escritura, sin embargo, Las malas es una gran ficción y los cuentos de Soy una tonta por quererte tienen su calidad narrativa, y tal vez como quería Juan Forn, te ratifican en ese lugar de la escritora.
–No soy una escritora con capacidad de previsión. Apenas tengo un par de imágenes y las voy inflando y en algún momento se chocan con otra imagen. Van engordando como cuando haces mal unas galletas en el horno, que se expanden y quedan pegadas como si fuesen todo un solo pan. De la misma manera hago con la escritura. Dejo que crezca y listo. Esa fue una virtud en Las malas y en los cuentos. No se adonde estoy yendo, solo se que quiero hablar de determinada cosa. Y lo otro es el tema del tiempo. La narradora va y viene, de pasado a presente. Y a su vez está contando algo que es sucesivo, como la historia del niño que va creciendo entre esas travestis hasta que en un momento la Tía Encarna decide terminar con su vida. Para Las malas tenía unas tres imágenes. La de las travas que cruzaban corriendo la avenida con los tacos, la de la Tía Encarna dando de mamar con la teta de aceite de avión al bebé y la de la Navidad de las travestis celebrando y mojándose con la manguera. Esas imágenes hicieron todo ese libro y en el medio me ayudaron mis editores.
–Hay algo de la tradición oral que se cifra en Las malas y pareciera que una al leerlo asiste a esas conversaciones corales de las travas reunidas en la casa.
–Las travestis nos reproducimos a través de las palabras. Hay algo de esa construcción del tiempo que no es más que el modo en que hablábamos nosotras, y que aprendí a hablar así con las travestis pero también con mis tías. Al escuchar esa cháchara que iba y venía y nunca hacía pie en ningún lado y a su vez nunca dejaba de tocar el suelo. Pasado, presente, futuro.
Hablar de tres o cuatro temas a la vez. Y de pronto abrían un tema más. Se acordaban que estaban hablando de otras cosas y volvían. Esa telaraña que se teje alrededor del lenguaje está muy presente en Las malas. Es una virtud literaria, no es un desvarío mío. Es algo en lo que voy a insistir.
–¿A quiénes lees?
–Alice Munro, Carson MacCullers, Flanery O’ Connor, Delphine De Vigan. Y a las contemporáneas como Dolores Reyes, Mariana Enríquez, Selva Almada que me parecen unas escritoras de la ostia. También descubrí a Libertad Demitrópulos gracias a un amigo que me dijo que tenía que leerla. Fue en el verano, había tenido covid, me acababa de mudar y estaba tapada de laburo. Todo lo que agarraba para leer me distraía. Fui a buscar Río de las congojas y a las tres primeras páginas ya estaba metida. Lo leí en dos tardes. Cuando leo una escritora no veo eso de la previsibilidad que si veo en los varones. Los escritores son muy previsores. En cambio en las escritoras hay algo del no saber adónde se va, un aceptar que se pueden equivocar.
–¿Sentís que muchas veces te convocan como parte del cupo trans?
–Re. Y me doy cuenta cuando eso pasa. Si tengo la oportunidad lo digo y si no lo dejo pasar. Incluso si me pagan puedo dejarlo pasar, pero si no me pagan no soy cupo de nada. Me parece que eso pasa porque tienen la posibilidad de decir “si no es esta, va a ser otra”. Lo he visto, me han dicho que sin mí un proyecto no podía hacerse y luego vi cómo en lugar mío entraba otra chica trans. Como si no existiera la posibilidad de ser únicas, cada una con lo suyo. Esa idea de “si no es ésta va a ser otra” es muy del capitalismo. Como que detrás tuyo hay 300 personas para un puesto laboral. Bueno, así también lo veo con nosotras.
Quién es La chico Camila
Camila Sosa Villada fue prostituta, mucama por hora y vendedora ambulante. Más tarde estudió comunicación social y teatro.
En 2009 estrenó su primer espectáculo unipersonal que se llamó "Carnes tolendas", retrato escénico de una travesti. En teatro hizo "Llórame un río, Frida" y "El cabaret de la Difunta Correa", entre otras. Protagonizó el documental "Camila, desde el alma" de Norma Fernández, la película "Mía" de Javier Van de Couter y las miniseries "La viuda de Rafael" y "La chica de la limpieza". Como dramaturga y directora presentó la obra Los ríos del olvido. Colaboró como guionista en las miniseries "La celebración" y "Fruta extraña".
Antes de "Las malas" escribió el ensayo autobiográfico sobre su acercamiento a la literatura: "El viaje inútil". Trans/escritura. Publicó Tesis sobre una domesticación y el libro de poemas "La novia de Sandro" (el mismo nombre que el blog donde escribió durante un tiempo).
"Soy una tonta por quererte" es su último libro que presenta este sábado en la Feria del Libro de Rosario acompañada por la escritora y poeta trava, Morena García, y la periodista Sonia Tessa.
Además de leerla en sus libros es desopilante seguirla en las redes sociales. En Instagram suele hacer vivos leyendo poesía y en Twitter nunca defrauda con sus opiniones e ironías o con la saga del chongo al que dio en llamar el “tóxico” y con el que lleva ya casi 16 años. “Conocen sólo la versión sesgada, pero en un punto se lo merece”, dirá.