Hace 10 meses nació mi primer hijo. Por supuesto que son incontables las alegrías y emociones que aparecen en la vida de una persona desde el momento que es padre. Pero desde el punto de vista estrictamente urbano, encontré serios inconvenientes que hasta hace poco tiempo no tenía en cuenta. 1º) Las veredas. Es notable cómo uno se va haciendo experto en manejo de cochecitos de bebé para sortear pozos, empalizadas de construcciones, excremento de animales, autos estacionados y sillas de bares/heladerías, que ocupan las veredas de nuestra ciudad. 2º) El tránsito: cada cruce de calle puede tornarse eterno y siempre acompañado de una cuota (no menor) de adrenalina, por llegar al cordón de enfrente antes de ser levantado por el aire, ya que es imposible encontrar a un conductor que tenga la amabilidad de darnos paso para poder cruzar con nuestro cochecito. 3º) Las mascotas: es realmente preocupante cómo en la Plaza San Martín los padres que concurrimos habitualmente debemos estar atentos a los movimientos de los perros, en su mayoría de gran porte, ya que sus dueños despreocupadamente charlan afanosamente sin ningún interés por lo que hacen y dónde los hacen sus mascotas, que dicho sea de paso no tienen correa y bozal. Esperemos que alguien tome nota de lo que ocurre y, lo más importante, que sea antes de que algún niño o adulto sufra el ataque de algún animal (los de cuatro patas), que pasean a gusto y piacere por las plazas.


































