La secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, Romina Picolotti, ha calificado el incendio de las islas como una "tragedia ambiental". La referencia a la "tragedia" es un lugar común que utilizamos cuando queremos evadir responsabilidades. En la tragedia, los personajes se encuentran enfrentados a un destino que es inevitable, en los que vano será el esfuerzo o auxilio con que contemos: el devenir es inexpugnable. Edipo no puede evitar matar a su padre y casarse con su madre. Cuando asistíamos cotidianamente a las muertes provocadas por accidentes de tránsito en la ruta 2, los funcionarios decían "¡la ruta trágica!" y Enrique Pinti replicaba: "No es trágica, es angosta; con ensancharla, los accidentes disminuirían". Así pasó. Evidentemente, es difícil coincidir con la actual secretaria, como también lo fue en su momento con la ingeniera María Julia Alsogaray y su actitud ante la quemazón de bosques centenarios de nuestro sur. El fuego se puede encender, pero el incendio se puede evitar apagándolo. Ello depende de los niveles de progreso, capacitación y asistencia de las personas destinadas para ello. No pareciera ser una cuestión de dinero, habida cuenta de que el presupuesto actual destinado al medio ambiente es de aproximadamente 500 millones de pesos: 300 en poder del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y casi 200 en la secretaría. Quizás el destino o los superpoderes cambiaron aviones hidrantes por el nuevo avión presidencial. Tampoco es misión de la secretaria promover la recomposición patrimonial del ambiente, como si la fauna o la flora de las islas pudiese pagarse en dinero y con el patrimonio de los incendiarios. En tercer término: ¿la demanda del procurador incluirá a la funcionaria, cuya responsabilidad es inocultable a tenor del artículo 1.112 del Código Civil, que refiere a los hechos de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones? Como los indios que poblaban las islas hace cientos de años, estuvimos esperando la lluvia (sin cantar). Para ellos era legítimo hablar de tragedia, aunque, si insistimos en recurrir a géneros literarios, podría ser más adecuado –como Verdi en "Ballo in Maschera"– convertir la tragedia en comedia, en tanto esta última persigue la reflexión sobre los aspectos más débiles y ridículos del hombre.

































