Mis padres venían de viaje y tomaron un taxi en la Estación de Omnibus Mariano Moreno (mi padre es discapacitado de una de sus piernas, por lo que viaja adelante en el vehículo). Al llegar al domicilio, mi madre entrega dos billetes de 10 pesos, a lo que el taxista dice que uno es falso. Mi madre inocentemente le dice que tiene 100 pesos y mi padre que tiene 50. El taxista le agarra el billete a mi padre y se lo "devuelve", a lo que aduce: "Mejor me quedo con los de 10 y los cambio". Mi padre observó que arriba de la guantera y ordenadamente el taxista tenía muchos billetes de alta denominación. ¿Muy raro? Ahí estaban los billetes falsos que él cambiaba en un abrir y cerrar de ojos. Cuando el taxista ayuda a bajar a mi padre, le mete la mano en el bolsillo, le saca el monedero y lo tira abajo del asiento. Mi madre ve esta actitud y se calla por miedo, ya que son personas mayores. Al entrar al domicilio, el billete de 50 pesos había sido cambiado por uno falso. Mi madre no quiso hacer la denuncia porque dijo que el taxista vio dónde vivían. Así vivimos, con miedo, y yo digo: ¿miedo a qué? No tengamos más miedo, denunciemos a estos sinvergüenzas que se abusan de personas con capacidades diferentes y ancianos.























