Las segundas partes nunca fueron buenas, por lo menos en teatro, y el lector coincidirá conmigo en que mucho de mímica siempre ha habido en la "tradicional desidia e hipocresía argentina". Además, mientras nosotros sigamos "bailando por un sueño" o "navegando por otro ensueño", todo esto va a tender a complicarse con la novísima performance "K" en la conducción. Y ya que hablamos de "K", algo interesante: hacia comienzos de 2006 con mi mujer y un matrimonio de amigos estuvimos veraneando quince días en San Martín de los Andes, donde pasamos unas vacaciones de película. Luego decidimos desde allí viajar hacia El Calafate para visitar el glaciar Perito Moreno, algo que finalmente logramos. Pero en el viaje desde San Martín pasamos por El Bolsón, luego conocimos a la actual cenicienta Esquel y al otrora refugio de los galeses, Trevelin. Acampamos y luego enfilamos por una ruta solitaria hacia el Atlántico, visitando entre otras localidades Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia y Puerto San Julián, hasta llegar a Río Gallegos. Y aquí quiero detenerme en la narración, ya que todos sabemos que desde aquí despegó este "estilo K". Juro que Río Gallegos fue la ciudad que más amarga sensación me causó. Parece como borroneada por las grises estepas que la rodean, chata por donde se la mire y con una multiplicidad de inmuebles descoloridos que parecen fantasmas de un eterno olvido. Y lo peor lo vi a orillas del puerto, un cementerio de locomotoras y maquinarias del ferrocarril que realmente apena. Si este es el destino de país que nos aguarda, saquen los lectores sus conclusiones.

































