Quiero hacerme eco de la carta de lectores del pasado 10 de mayo, firmada por Tomás Falkner. Efectivamente, se realizó en Rosario lo que esas personas llamaron "el lesbianazo Rosario"; esta leyenda fue escrita en negro sobre la vereda de la iglesia catedral de Rosario, junto a otra leyenda que rezaba (en letras rojas) "basta de sotanas persiguiendo a las lesbianas". Esas leyendas, más la marcha que realizaron y el permanente desafío que hacen estos grupos minoritarios a la sociedad fundamentada en la familia normal de varón, mujer e hijos, evidencian una especie de obsesión o manía persecutoria. Yo no veo ninguna sotana que las persiga y, en todo caso, somos los ciudadanos comunes y corrientes que creemos en el derecho natural y en las diferencias que entre varón y mujer ha efectuado la naturaleza, los que nos sentimos agredidos por manifestaciones descaradas de conductas reñidas con las más elementales normas de la moral. Ciertamente, como dice Falkner, hay una cierta simbiosis entre estos movimientos de lesbianas y homosexuales con el marxismo; ellos se sienten muy contenidos en los principios marxistas ateos. Y —a propósito de ateísmo— si algo nos faltaba a los rosarinos es preparar un soberano homenaje a Ernesto Che Guevara, que fue, ni más ni menos, que un guerrillero con varias muertes en su haber y que apoyó la dictadura cubana, que aún hoy sigue manteniendo a su población en la extrema miseria. Brindo por la familia y seguiré militando para defender una institución básica de nuestra sociedad.

































