Haciendo un repaso a la opinión de muchos columnistas económicos, me detuve en un sólido comentario que tuvo espacio en un canal de televisión. Puse atención en su opinión "favorable", como una de las prioridades inmediatas el acuerdo con el FMI y los tenedores de bonos externos e internos y toda deuda emitida por el Estado, y me pareció muy bien, las deudas hay que pagarlas. Pero según mi humilde opinión, en semejante panorama mundial con los terribles nubarrones de soluciones inciertas y sin un real análisis de la situación de los 50 países en desarrollo alrededor del mundo en la misma situación, amerita un profundo análisis: Primero, ¿quién la tomó? Segundo, ¿con la autorización de quién? Tercero, ¿motivo y destino de esos fondos? Cuarto, la verdad sobre el monto de comisiones e intereses. Quinto, la posibilidad de afrontar en tiempo y forma real ese enorme desembolso, sin dejar herida de muerte la ya maltrecha economía argentina, matando todo vestigio de posible recuperación. Dejando sin oxígeno a miles de pequeñas y medianas empresas nacionales, verdaderos motores de las creaciones de empleos, donde sus ganancias son reinvertidas en el país, generando nuevas riquezas, pagando impuestos para la mantención de un mal administrado Estado. Deberíamos pensar en tiempo y espacio para que con los otros 49 países, juntos marquemos el rumbo a seguir teniendo en cuenta que Argentina en su estado de riqueza natural; alimento, petróleo, energía y capacidad de su gente estaría en perfectas condiciones de cumplir sus compromisos. Los prestadores externos e internos son gente muy avezada en el tema, por lo tanto sabían perfectamente que lo que estaban haciendo era más parecido a una timba que a una inversión, dejando a millones de argentinos fuera del sistema productivo, achicando salarios, jubilaciones, vaciando las cajas y dejando sin cobertura médica a muchos. Lo primero es lo primero, después vendrán las siguientes soluciones, salgamos de la pandemia, pongámonos a producir y así solucionaremos las necesidades de nuestra gente, y después sentémonos a negociar en serio. Los poseedores de nuestra deuda tienen mucho dinero y pueden esperar, y si se enojan mala suerte, paciencia: firme y con prudencia que es más peligroso un desborde social que un enojo de los acreedores.





















