Con este panorama internacional de precios alimentarios, Menem y Cavallo hubieran sido el Batman y Robin, el Gardel y Le Pera argentinos, porque no nos hubiera defraudado. Para este gobierno, en cambio, como dijo De Vido, no es hora de tibios: incinera al país en la hoguera de vanidades y prejuicios K. Pido a los santos del cielo que les alumbre el pensamiento o que truene para los irresponsables el escarmiento. Una provincia debe pedir protección de persona jurídica a la Corte o bien mediante un petitorio avalado por un millón de firmas debemos solicitar a la Corte que decrete un llamado a referendum por el sí o el no a Cristina, que no para de irritar las conciencias hablando macanas. O que venga un emisario entendido del rey Juan Carlos y solucione lo que no hizo con Botnia. O que un cura gaucho como Bergoglio haga otra concentración de medio millón de chacareros, auspiciando una misa frente a la milagrosa Virgen de San Nicolás para rezar por un acuerdo de partes, recordando el pacto de 1852. Porque ahí estamos, como Urquiza frente a Buenos Aires. Los mitristas y el interior. Este gobierno tiene el apoyo de los piqueteros urbanos y algunos gremios. No es posible que todo el campo argentino subsidie la miseria del conurbano improductivo bonaerense. El campo es la única realidad que existe. Argentina ya es sólo una ficción K, propuesta muerta de un poder irracional y devastador.


































