Habían pasado tres años y medio de la sanción de la Ley 27.610 y apenas horas de que el diario Folha de San Pablo abriera su edición del 20 de junio de 2024 con el título ”Argentina se convierte en refugio para las brasileñas que quieren abortar”. En la vereda de enfrente a la casona donde funciona la Clínica Musa un grupo de mujeres se reunió para rezar bajo la consigna: “No mates a tu bebé”. La reunión se repitió, con menos asistencia y menos estridencias, días más tarde. Algunas estampas aparecieron por debajo de la puerta que pasa desapercibida en la cuadra. “Después no vinieron más”, cuenta Fabiana Chiavón, psicóloga y directora de Musa, clínica pionera en el país en garantizar el derecho a la interrupciones de embarazo por causales (ILE), fundamentalmente a mujeres con obra social.
Musa trabaja desde 2018 en ILE a través de los protocolos nacionales y provinciales, cuando un aborto no estaba entre las prácticas a las cuales las mujeres podían acceder a través de sus obras sociales y costearlo -seguro, pero clandestino- podía estar por arriba de los cien mil pesos de aquel momento. “Esa era una fortuna que muy pocas podían pagar en ese momento”, dice.
A pesar de que la presencia de las mujeres oradoras fue fugaz, la profesional reconoce que “tener a las señoras rezando en la vereda es un fantasma”, ya que es una situación que resulta “violenta” para quienes se acercan a los consultorios.
“Musa no habría podido abrir en otro lado que no fuera Rosario, tampoco en ningún otro lugar de la provincia de Santa Fe. Debía ser en la ciudad donde desde 2012 se hacen interrupciones en hospitales y se capacitaba a los médicos en técnicas como AMEU (Aspiración Manual Endouterina)”, afirma sin dejar lugar a dudas.
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Los stickers de Musa. Foto: Celina Mutti Lovera
Chiavón es uno de los motores del proyecto de Musa y llegó tras un largo recorrido por el sector público de salud que había comenzado en los 90 en las cárceles trabajando en la prevención y asistencia de personas con HIV-Sida. En esos años aprendió a convivir con el estigma que comúnmente padecen los profesionales de la salud que realizan estas intervenciones. “Hay que ser abortera, me dijo una vez una colega muy progresista”, recuerda.
El derrotero burocrático que permitió en 2018 el funcionamiento de Musa, que toma su nombre de la combinación de Mujer y Salud, tampoco fue sencillo. Significó convencer, o incluso "doblarle el brazo", a referentes del sector médico y sobre todo en los pasillos del Colegio de Médicos. Lograr la autorización de la entidad fue así un paso que les permitiría que las mujeres accedieran a la práctica a través de sus obras sociales. La prestadora provincial Iapos fue la primera en la provincia y en el país en garantizar ese derecho.
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Desde el inicio, el equipo que integra la clínica trabaja con un teléfono abierto las 24 horas los siete días de la semana. “No sólo damos un turno”, dice. Se escucha, se responden preguntas, se asesora y se acompaña en procesos. Hasta allí no sólo llegan mujeres de Rosario, la región y otras provincias, sino también de países, mayoritariamente Brasil, pero también Paraguay y Chile.
“Hasta ahora sólo Colombia, Argentina y Uruguay cuentan con legislación de aborto”, recuerda Chiavón para dar cuenta de la necesidad de respuesta en los países de América latina.
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Una mujer reza en rosario frente a la clínica Musa en Francia 393, pidiendo por el fin del aborto. Foto: Celina Mutti Lovera
Además, explica que Musa trabaja en red con otros consultorios del país para atender la demanda que no tiene respuesta en otras jurisdicciones. “En Mendoza, por ejemplo, las clínicas atienden embarazos de hasta 12 semanas, el resto se derivan acá”, dice como ejemplo.
El 98 por ciento de las mujeres que son asistidas en la clínica llegan con una decisión tomada. “Muchas pasaron por médicos que les dilataron el proceso, donde las mandan a hacer estudios y ecografías cuando hay por parte de la mujer un pedido claro de interrupción, o que incluso van a una ecografía y se las somete a escuchar los latidos del corazón. Todo eso hace, muchas veces, que lleguen acá con embarazos más avanzados, de 11 o 12 semanas, y hay que decir que una semana en un embarazo no deseado es un montón de tiempo”, detalla.
Tras el proceso, asegura, lo que reciben de esas mujeres “es alivio y agradecimiento”. Un bálsamo, ya que afirma que “contra cualquier creencia, esta no es una práctica liviana, son fuertes; hay que acompañar y estar”. “A cada mujer que asistimos se le dispone de una persona a su lado. Nosotros estamos para vos, es lo que repetimos”, agrega.
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Transitado ese paso, lo posterior es que las mujeres puedan hablar de anticoncepción y, sobre todo, tomar sus propias decisiones. De hecho, puntualiza que de la clínica el 60 por ciento de las mujeres sale con un DIU (Dispositivo Intrauterino).
“Esto lo hacemos porque persiste una enorme ambivalencia -dice-. Argentina es un país donde a diferencia de otros lugares del mundo existe un alto nivel de consultas ginecológicas desde temprana edad; sin embargo, todavía son pocas las que deciden sobre cómo cuidarse”. Esas y otras circunstancias, señala, hacen que todavía hoy una mujer pueda tener una o más veces a lo largo de su vida un embarazo no deseado.