Opinión

Bolsonaro, síntoma de un Brasil atrapado

Pese a que al lado de Argentina su economía luce bien, lo cierto es que el país vecino hoy no crece.

Sábado 25 de Abril de 2020

"Brasil: modernización lenta y trabada de una sociedad cortesana". Así se titula el capítulo II de un ensayo de 2008 de los politólogos argentinos radicados en Brasil Héctor Leis y Eduardo Viola, "América del Sur en el mundo de las democracias de mercado". Los dos autores desarrollan una aguda radiografía de las causas del estancamiento crónico de Brasil. Pese a que hoy, al lado de la arruinada Argentina, Brasil luce bastante bien (3% de inflación anual, un déficit fiscal alto pero que se cubre en el mercado local de deuda, grandes empresas multinacionales, etc) lo cierto es que no crece. Y durante los años de auge de los países emergentes, Brasil, que daba la primera letra a la olvidada sigla Brics, ya casi no crecía o lo hacía muy poco. Los límites estructurales eran evidentes si se lo comparaba con los emergentes exitosos, los asiáticos y los latinoamericanos de la Alianza del Pacífico.

Leis y Viola hacen una semblanza de una economía bifronte: un sector moderno e internacionalizado, formado por los agronegocios, finanzas, telecomunicaciones, e "islas de excelencia gubernamental" que tiene una productividad alta y aporta una parte sustancial del PBI, pero da relativamente poco empleo aunque de calidad; y del otro lado un sector industrial de baja tecnología protegido, agricultura familiar, comercio, educación, administración pública y la vasta economía informal. Este sector da la mayoría de los empleos, mal pagos (salvo en el Estado) y de baja productividad. Pero tiene la mayoría de los votos. Su expresión institucional y política es una trama de "partidos políticos,sindicatos y corporaciones impregnados de ideologías estatistas y corporativas". Este conjunto es profundamente disfuncional y provoca ese estancamiento crónico, esa "modernización lenta".╠

La crisis y profundización del estancamiento en 2013 junto con los sucesivos escandalos judiciales -previos incuso al Lava Jato- llevaron a la caída de Dilma Rousseff. El trasfondo del malestar social era esa economia de bajo rendimiento y que está entre las más cerradas del mundo, que no puede producir bienes, servicios y empleos de calidad para 210 millones de habitantes. Los gobiernos de Lula y Dilma nunca se plantearon una reforma estructural, solo apoyarse en el providencial boom de materias primas para repartir ayuda social. "La nueva clase media C", un slogan permanente de esa época, resultó un breve espejismo.╠

La resultante final de la crisis del sistema político por no poder proveer ese bienestar que la sociedad reclama, a lo que sumaba su corrupción endemica, fue la elección de Bolsonaro en 2018. Un aventurero marginal de la política que durante 28 años se las arregló para estar siempre el Congreso con una sigla u otra. Siempre con el discurso primitivo de la extrema derecha plebeya, sin cultura ni formación. Siempre a favor de la policía de gatillo fácil y contra las elites en general. Su ascenso a la Presidencia fue producto directo del descrédito de los gobiernos del PT y sus aliados, pero tambien de sus tradicionales adversarios del centrista PSDB de Fernando Henrique Cardoso.╠

Ahora, con la salida del gobierno del ministro estrella y ex juez Sergio Moro, se apunta al otro "superministro", el de Economía, Paulo Guedes. Un liberal considerado un cerebro de la Macroeconomía. Aquellos sectores del Brasil de baja productividad y estatistas ya lo tienen apuntado. Los militares aliados de Bolsonaro ademas son "desarrollistas" y nunca lo vieron bien. De hecho, la larga dictadura militar brasileña fue la gran constructora de esta trama social y económica de baja productividad y abundante clientelismo. En busca de recomponer su base de apoyo y parlamentaria, Bolsonaro, que ha dicho que "de economía no entiende nada", podría dar un viraje de 180º y entregar a Guedes y su muy necesario pero impopular plan de reformas estructurales, que va contra aquella red de intereses corporativos de la parte mayoritaria pero menos moderna de la sociedad brasileña. Nada casualmente, en la arruinada Argentina domina precisamente este sector. La retirada abrupta de Argentina de las negociaciones del Mercosur con India y Corea con la banal excusa de la pandemia es un reflejo del triunfo de estos sectores proteccionistas, que se apresuran a proclamar el fin de la globalización por la irrupción de un virus. A los países emergentes atrapados en la famosa "trampa de los ingresos medios" que caigan en esta tentación aislacionista los espera el estancamiento y el atraso. Brasil y Argentina parecen decididos a emprender ese camino sin futuro.

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