El 75% de la superficie agrícola de Santa Fe está afectada por algún tipo de erosión hídrica, un deterioro que compromete la capacidad productiva de los suelos y la rentabilidad de los establecimientos. Pero los productores santafesinos ya pueden incorporar a la planificación de su campaña una herramienta que permite evaluar la salud de sus suelos, proyectar el impacto de las prácticas agrícolas y acceder a beneficios impositivos. El Observatorio Santafesino de Suelos (OSS) ya está disponible y los ingenieros agrónomos y los productores pueden utilizar su plataforma para elaborar planes de manejo y acceder a beneficios impositivos.
Mario Monti, coordinador del Observatorio Santafesino de Suelos (OSS) de Santa Fe, explicó durante la jornada “Agricultura regenerativa en acción” los alcances de la propuesta que luego pergeñarse durante varios años ya es una realidad. El objetivo es que el incentivo administrativo -una reducción en la tasa del impuesto inmobiliario- sea también una puerta de entrada a un manejo que preserve la tierra y la rentabilidad del establecimiento.
“Los beneficios principales son los que va a conseguir con un manejo adecuado del establecimiento, porque va a sostener el capital, reducir costos en el mediano plazo y mejorar sus ingresos”, sostuvo Monti.
La invitación es comenzar por un diagnóstico y convertirlo, junto con el asesor agronómico, en un plan que permita cuidar tanto el recurso como los resultados del establecimiento. La propuesta llega en un contexto de deterioro del recurso. Monti detalló que Santa Fe tiene unos 13 millones de hectáreas, de las cuales 5,5 millones se destinan a la agricultura. De esa superficie agrícola, el 75% está afectado por algún tipo de erosión hídrica. A eso se suma una pérdida de materia orgánica en el horizonte superficial que, según los casos, alcanza entre el 30% y el 50%.
“Tenemos un proceso de deterioro creciente”, advirtió durante el encuentro que se realizó en La Fluvial de Rosario y resaltó que ese diagnóstico vuelve necesario traducir la preocupación por los suelos en decisiones concretas dentro de cada establecimiento.
Cómo incorporarse
El primer paso para sumarse al Observatorio es que el productor se acerque a un ingeniero agrónomo matriculado, habilitado por el colegio profesional y que haya aprobado la capacitación requerida para utilizar la plataforma. Ese profesional es quien carga la información y elabora los planes de manejo. El sistema permite identificar el establecimiento, delimitar los lotes e incorporar los análisis de suelo, la secuencia de cultivos prevista y las prácticas de manejo. Con esa información, genera gráficos que muestran la situación de partida y una proyección a cinco años.
La posibilidad de ensayar distintas decisiones antes de llevarlas al campo es uno de sus principales aportes. Si la planificación arroja resultados desfavorables, el profesional puede modificar la secuencia de cultivos o evaluar prácticas para reducir el escurrimiento y la erosión.
“Si bien la plataforma es una herramienta administrativa que permite acceder a un beneficio, tiene un componente técnico muy alto”, destacó Monti, al tiempo que planteó que su utilización debe ir acompañada de un intercambio permanente entre el asesor y el productor para evaluar los resultados y ajustar el manejo.
Mario Monti, coordinador del Observatorio Santafesino de Suelos (OSS) de Santa Fe, participó del panel "Conocer para transformar: la salud del suelo como punto de partida" que se llevó a cabo en la jornada "Agricultura regenerativa en acción".
Un incentivo para cuidar el capital productivo
Monti explicó que el beneficio establecido por la ley de conservación de suelos consiste en una reducción en la tasa del impuesto inmobiliario. Reconoció que existen distintas valoraciones sobre su alcance, ya que algunos productores lo consideran limitado y otros lo ven como un estímulo suficiente para sumarse pero insistió con que el valor central de la propuesta está en las mejoras que puede generar una planificación basada en el conocimiento del suelo. “Lo que se pretende es un acompañamiento e incentivo al productor para que se interese en el uso de la herramienta”, indicó.
Monti también adelantó que la provincia evalúa otros incentivos, entre ellos posibles líneas de crédito con tasas bonificadas para fertilización y sistematización de suelos.
Sobre la situación de los suelos santafesinos, dijo que la necesidad de intervenir no se limita a los daños más visibles. Además de las cárcavas, existe una erosión laminar que puede pasar inadvertida y que, según advirtió, genera pérdidas superiores a las 10 toneladas de suelo por hectárea al año. “Es una pérdida real de la capacidad productiva de los suelos”, remarcó.
La disminución de la materia orgánica agrava ese proceso, favorece la compactación, reduce la retención de agua y aumenta el escurrimiento. El resultado es un suelo con menores posibilidades de sostener la producción y afrontar las variaciones climáticas, señaló.
Medir para ajustar el manejo
En este escenario, la herramienta propuesta por la provincia permite evaluar la erosión, la materia orgánica y el balance hídrico, junto con información sobre la disponibilidad de fósforo. Monti señaló que la reposición de este nutriente se mantiene por debajo de lo que extraen los cultivos, por lo que el balance continúa siendo deficitario.
También se solicita el pH, un dato que permite advertir procesos de acidificación. Según describió, en distintos casos se observan valores de 6 o inferiores, por debajo de los 6,5 que mencionó como referencia recomendada, con consecuencias sobre la actividad biológica del suelo.
En cuanto al agua, el propósito es mejorar las condiciones físicas para retenerla en los lotes y aprovecharla en la producción de granos o de biomasa que luego se incorpore al suelo, como ocurre con los cultivos de cobertura.
La información cargada también alimenta una base de datos que puede contribuir al monitoreo provincial, orientar políticas públicas y aportar a la investigación de las instituciones participantes.
Para Monti, conservación, sustentabilidad y regeneración comparten una misma dirección: acercar el sistema productivo a los procesos naturales, reciclar biomasa y mantener raíces vivas durante todo el año. Esa actividad biológica favorece la estructura del suelo, la aireación y la disponibilidad de nutrientes. “Es ayudar a que la naturaleza siga trabajando a favor nuestro, como siempre lo hizo”, resumió.
Guía para la recuperación de los suelos degradados
Durante la jornada también se presentó la Guía técnica para la recuperación de suelos degradados desarrollada por desarrollada de manera conjunta por Syngenta, Aapresid, el Inta y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Se trata de una herramienta que busca ayudar a productores y asesores a diagnosticar el estado de sus lotes y definir estrategias para recuperar su potencial productivo.
La guía, que está disponible de forma gratuita en formato digital se presentó oficialmente en el último Congreso de Aapresid realizado en Rosario, responde a una preocupación creciente en el sector: la pérdida de nutrientes y carbono, el deterioro de la estructura física del suelo y la disminución de su actividad biológica.
María Augusta González, miembro de Aapresid, participó de la jornada que se realizó en La Fluvial de Rosario y resaltó que la guía tiene un enfoque sumamente práctico para que un productor o un técnico pueda leerla directamente en el lote. "Permite identificar el tipo y nivel de degradación que presenta un lote específico de acuerdo a su historia y características particulares, superando las recetas generalistas. A partir de allí, elabora y prioriza indicadores medibles para proponer sugerencias de manejo concretas. Como la recuperación del suelo es un proceso continuo que lleva tiempo, los resultados se reevalúan periódicamente para corregir el rumbo", señaló.
En ese sentido, destacó que "la riqueza de la guía radica en la articulación del respaldo científico y académico del Inta, la red de innovación territorial de Aapresid (que abarca más de 12 millones de hectáreas), el rol de articulación pública de la Secretaría de Agricultura y el aporte tecnológico de Syngenta para poner el conocimiento directo en manos del productor".