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Sábado 01 de Octubre de 2016

"Nadie muere en Navidad", un escenario para el humor

Mario Vidoletti contó cómo es su relación con el género, donde dejó una marca con obras como "Faldas largas" o con sus trabajos sobre textos de Fontanarrosa. Y adelantó cómo es la comedia que estrena hoy de la autora y directora Carolina Torres.

Creador de dos salas, actor de teatro, cine, revista y ahora también televisión, Mario Vidoletti es, además, uno de los artistas rosarinos con mayor permanencia en la cartelera con una misma obra. Aunque transitó el drama con piezas emblemáticas, su nombre está asociado al humor y al éxito de propuestas con textos de Fontanarrosa y sobre todo a "Faldas largas", que cumplió 16 años de representación y 700 funciones. Mientras se toma un tiempo de los textos del genial creador de "Inodoro Pereyra", apuesta a la comedia con "Nadie muere en Navidad", la obra en la que comparte escenario con María del Carmen Sojo y Luciano Ciarrocca, bajo la dirección de Carolina Torres. Se estrena hoy, a las 21, y se podrá ver todos los sábados de octubre, en el Cultural de Abajo (San Lorenzo y Entre Ríos).

   —Con esta comedia le ponés una pausa a "Faldas largas" y al humor de Fontanarrosa...

   —Bueno, ahí están. No están en cartel ahora por un problema de programación, pero están latentes. Este año no hicimos muchas funciones pero está por cumplir 700 funciones. Esta una comedia, con un poquitito de dramatismo, muy grotesco todo. Salió un trabajo con el cual estoy muy contento y conforme, por trabajar con gente nueva. Con Mary Sojo no había trabajado nunca, una actriz de mucha trayectoria; Luciano es un actor muy joven, me llamaron y me sumé. Realmente me divierto mucho haciéndola, es difícil en los grupos entenderse bien arriba del escenario, siempre hay alguno que uno dice "pero de dónde salió...". En este caso uno puede tirar ideas que son bienvenidas.

   —¿Por qué la Navidad como tema de una comedia?

   —En la Navidad todos nos preparamos como si fuera a pasar algo especial. La gente se pone saludera, preparamos mucha comida, como para un año más o menos. Es una comedia con una madre separada y un hijo adolescente. Ella invita a pasar la Nochebuena a un amigo, con quien tiene alguna relación más que amistosa, prepara algo más fuerte a nivel fiesta. Y también quiere poner un poco de la esencia paterna, que hace muchos años que no está en la casa. A la hora señalada tocan timbre y aparece un Papá Noel, que lo hago yo. Ella atrás del disfraz de Papá Noel cree que está su novio y empiezan a aparecer una cantidad de juegos y sorpresas, que inundan la noche de mucha alegría pero no sabemos hasta determinado momento si este hombre es o no es la persona que ella espera.

   —Marcaste récords en el teatro rosarino con esas obras...

   —En Rosario no nos quedó ni un teatro grande por hacer con "Faldas largas". Se estrenó en agosto del 2000. Y de Fontanarrosa hicimos "Fontanarrosa a gusto e piacere", durante seis años, y el mismo tiempo con "Inodoro Pereyra". Lo que pasa que este año se está remodelando el "Cultural de Abajo", le van a poner un ascensor, el mando lo tomó mi hijo y yo ya me corrí de la programación, tampoco estoy en bar. Me dedico solamente al teatro. A "Inodoro...", cuando hice de Mendieta, ya lo había hecho cuando tenía 18 años, en el 76, que la dirigió Eugenio Filipelli y hubo otra versión que dirigió Norberto Campos, y también seis años con "A gusto y piacere".

   —Nombraste a dos referentes como Filipelli y Norberto Campos, y además haciendo teatro en el 76. ¿Cómo viviste ese período?

   —Todos éramos llevados presos de todos lados. Siempre que salías o que actuabas, había alguna razzia y había un celular, o en el cine, se llevaban a todo el cine. Mantenían el terror, no te dejaban accionar en nada, en los bares, donde había alguna reunión, y en el medio de eso desaparecía gente.

   —¿Qué otras obras hiciste entre el 76 y el 83?

   —Hacíamos una obra para niños que era una ópera rock y folclórica en la que actuaba Baglietto, que tocaba la batería, David Leiva, y después mucho teatro independiente, obras de mimos, cuando tuve hijos me corrí un poquito; también hicimos "La malasangre", de Griselda Gambaro.

   —¿El teatro se vive hoy como algo épico?

   —Nosotros nos escondíamos para ensayar, buscábamos lugares que no te encuentren ensayando. En general todos hacíamos teatro con algún condimento zurdo llamémosle. "Inodoro Pereyra" surgió en ese momento. Y en esa ópera que hacía había un rey y un campesino que luchaba por la tierra y el rey lo oprimía. El teatro que hacíamos era combativo, con música combativa, de Quilapayún. "Inodoro..." tenía un chiste que decía la palabra panfleto. E Inodoro decía: "Ni me lo nuembre, Mendieta". Hoy ese chiste no tiene sentido, pero en ese momento era un chiste jugado. Había un sótano, "Corchos y corcheas", en calle Mitre frente al Astengo, y ahí se generó mucha cultura de izquierda en Rosario, de ahí salieron los cantantes, la Trova; lo que se fue destapando después del 83 salió de ahí. Y había gente que hacía teatro, el grupo Escena 75, con Carlos Segura, Daniel Querol. Y hubo gente que desapareció. Uno estaba en riesgo y eso era una cuestión de todos los días. Pero no creo que se haya perdido. Creo que está dentro de uno y las situaciones empeoran aparece por otros lados, y si mejora aparece más libre. Creo que no se perdió. Se generó Teatro Abierto, con un fervor y una lucha y un destape muy grande.

   —¿Cómo se transformó el consumo cultural?

   —Hay que tener en cuenta que en Rosario tenemos dos escuelas de teatro que genera una cantidad de actores y docentes y eso no existía. Eso hace que haya un montón de grupos que estén laburando, La Comedia de Hacer Arte, Rosario Imagina, otros que se van renovando. Acá había tres o cuatro grupúsculos de gente que hacía arte y medio escondido. Eso cambió y bienvenido este momento. Sigue habiendo grupos, con fervor y con ganas. Igual que antes, pero no están prohibidos. También está el tema de los subsidios del Instituto Nacional de Teatro.

   —Además de la Comedia Municipal de la que ya participaste con "Gol de oro" y que le da un marco formal al trabajo del actor...

   —En ese aspecto, yo lo viví de adentro, y es como mágico para un actor rosarino formar parte de elenco donde te paguen un sueldo para trabajar de eso. Son seis o siete horas de ensayo corridas, una experiencia totalmente novedosa. En los otros espectáculos, todos trabajan en otra cosa, los horarios para ensayar son mucho más acotados. En la Comedia se genera una cuestión maravillosa para que el actor pueda decir estoy laburando de esto una vez en mi vida. Esos meses vos vivís de actuar o dirigir, y eso me parece maravilloso. Ojalá siga y ojalá aparezca la Comedia Provincial que estaban luchando para que aparezca.

   —A partir de estas transformaciones, como el INT, las escuelas, la Comedia Municipal, ¿el objetivo ya no es partir a Buenos Aires?

   —Todavía no porque las mayores producciones están en Buenos Aires. Acá son seis actores por año que pueden llegar a vivir seis meses de su trabajo. En Buenos Aires no solamente tenés teatro como el San Martín, el Cervantes, hay montones de cosas y todos los emprendimientos privados. Pero también tenés ochocientos mil actores más que acá. Es una cuestión de elecciones. Creo que en todos los países donde se generan mayores producciones es donde el actor debe ir a tratar de vivir de eso. Acá hubo cine, pero no hay continuamente.

   —¿Cómo te llevás entre el empresario y el teatrero? ¿Es un conflicto de intereses hacer teatro y negocios?

   —Y es un poco así... Abrí La Sede en el 93 y en el 98, La Subsede. En el 91, el Cultural de Abajo, que después se dividió entre el Cultural de Abajo y La Subsede. En los últimos años tuve una gran ayuda de mis hijos que se metieron a laburar más en la producción y la técnica, y hoy soy teatrero nomás. No me dedico más a la gastronomía ni manejo los espectáculos. Pero cuando lo hice, es complicado, no es que no pueda hacer, pero tenés que tener otra edad, otra energía y otra fuerza, y a veces luchar contra viento y marea contra todas las cuestiones legales y además tenés que subirte al escenario.


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