Opinión
Lunes 28 de Noviembre de 2016

La educación también es un acto de amor

La pedagoga cubana Leonela Relys desarrolló en 2001 el método de alfabetización "Yo, sí puedo". El plan se expandió rápidamente y permitió que más de ocho millones de personas en el mundo aprendieran a leer y a escribir. Fueron tales los logros, que fue distinguido por la Unesco.

La pedagoga cubana Leonela Relys desarrolló en 2001 el método de alfabetización "Yo, sí puedo". El plan se expandió rápidamente y permitió que más de ocho millones de personas en el mundo aprendieran a leer y a escribir. Fueron tales los logros, que fue distinguido por la Unesco.

El acento del programa está en recuperar la autoestima, en devolver la dignidad a los jóvenes y adultos, permitiendo que se apropien de las herramientas de la escritura y de la lectura. Superada esa barrera emocional y con el apoyo decidido de los voluntarios que llevan adelante el método de alfabetización, el horizonte es otro. El primer gran paso está dado.

El "Yo, sí puedo" también llegó a Santa Fe en 2004, de la mano del entonces gobernador Jorge Obeid. En poco tiempo unos 3.500 santafesinos y santafesinas pudieron escribir sus nombres o un mensaje a un ser querido, y empezar a transitar de otra manera por la vida.

Este programa cubano duró en la provincia hasta que Hermes Binner asumió como gobernador en 2007 y su ministra Elida Rasino, fiel a su estilo autoritario, sencillamente lo cerró porque sí.

El "Yo, sí puedo" también recaló en el municipio de Rosario. Y por esas cosas inexplicables de las mezquindades políticas, se le cambió el nombre y en los papeles se lo burocratizó como "Que nadie quede afuera". Se sigue aplicando a los saltos.

Por suerte, el método —tal como lo pensó Leonela Relys y se aplicó en su momento en la provincia— llegó hace cuatro años a la Unidad Penitenciaria N°6 de mano de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba, ahí se quedó y se multiplicó en talleres, en una biblioteca (la "Federico Pagura") y hasta en un libro que los presos le dedicaron a Fidel cuando cumplió los 90.

Yo sí puedo
Jóvenes de la Unidad 6 aprenden con el método cubano.
Jóvenes de la Unidad 6 aprenden con el método cubano.


El "Yo, sí puedo" es un ejemplo de cómo los cubanos conciben a la educación: un derecho universal, humano, solidario y basado en el amor al prójimo. Y para quienes son atentos a los resultados, a pesar del eterno bloqueo del imperio, demostradamente es una de las mejores enseñanzas del mundo. Lo dice también la Unesco: Cuba es el único país que cumple con las metas fijadas en el Foro Mundial de Educación de Dakar (promovido por las Naciones Unidas), que hablan de educación universal para niños y jóvenes, paridad de género en el acceso a la escuela, la alfabetización total de los jóvenes y adultos, y la mayor inversión educativa. Y lo demuestra además un pueblo culto e informado que se descubre en cada rincón de la isla.

Seguramente hay mucho por rescatar de la educación de otras naciones, por ejemplo la de Finlandia, con la que ahora parecen encaprichados nuestros gobernantes. Pero hay una primera historia, rica, bella, que nos une, que nos es común con América latina y el Caribe, y nos invita a defender la educación como derecho humano indiscutido, como un principio de paz y de democracia. Fidel Castro lo hizo posible. Es un acto de amor, una de las mejores herencias que nos dejan el líder de la Revolución cubana y su digno pueblo.

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