Los líos que le está trayendo Manuel Adorni al gobierno no tienen fin. Los sucesivos hechos que se van conociendo ya han eclipsado al affaire del viaje a Nueva York. Primero fue el viaje a Punta del Este, con un derivado de detalles de contratación que van oscureciendo. El segundo acto fue la propiedad en el country. Tercer acto: el modo de generar ingresos de la pareja del jefe de Gabinete. Cuarto acto: una segunda propiedad. Quinto acto: el supuesto crédito de las jubiladas. Sexto: el prontuario de la escribana que “le ordenó” los papeles al funcionario. ¿Cuántos actos tendrá esta obra finalmente?
El gobierno y los casos de presunta corrupción
El gobierno nacional ya tuvo, al menos, cuatro asuntos de supuesta corrupción, de distinto tipo y color: $Libra, Andis, José Luis Espert y Adorni. Luego circulan otros, pero por ahora sin mayor trascendencia.
En el caso de Espert, la cúpula no pareciera que tuviese nada que ver. Respecto de Andis, surgen dudas por el famoso 3 %. En el caso $Libra, las sospechas son más fuertes porque rozan claramente al presidente Javier Milei, aunque le quede un largo trecho al caso. Lo de Adorni es distinto porque es un tema personal, pero el problema es la intimidad del funcionario con la vara de dos polos que son Javier y Karina Milei.
Vamos a suponer que, dado el encadenamiento mencionado en el primer párrafo, el jefe de Gabinete se va. Es una derrota política para la cúpula, paga un desgaste innecesario y se le desarma una parte del tablero interno.
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El desgaste en la imagen puede resultar más permanente porque: 1) contradice el relato de la casta y la moral como política de Estado (lo que lamentablemente ocurrió con todos los gobiernos desde 1983), 2) se da en un clima de malhumor con la situación socioeconómica y 3) tarde o temprano se instalará la sensación de que varios funcionarios sospechados indica cierta torpeza/incapacidad/filtro para seleccionar los recursos humanos críticos.
Todos los gobiernos tienen alguna crisis por sospechas de corrupción. La cuestión es el telón de fondo sobre el cual se proyectan. El que tiene el oficialismo libertario no es precisamente el mejor. En marzo, los índices de confianza del consumidor y del Ejecutivo volvieron a bajar. El primero, por segundo mes seguido. El otro, por cuarto mes consecutivo. Los datos de estancamiento de la industria, el comercio y el consumo masivo siguen vigentes, así como el crecimiento de la mora en el pago de los créditos, sean bancarios como de otra fuente.
Por lo tanto, los hechos de Adorni no ayudan, pero el principal problema del presidente es el malestar en el humor social. Alguna nota va tomando: bajaron las tasas, los encajes bancarios, se relaja la política monetaria para que no haya tanta sequía en la calle, se anuncia un programa de créditos para pymes del Banco Nación e YPF decidió congelar el valor de los combustibles por 45 días. Todo para que no se disparen los precios en un contexto internacional poco auspicioso. A propósito, más allá de la buena noticia judicial que provino de Manhattan, parece que tener control sobre la petrolera estatal es una bendición en la lucha antiinflacionaria. Sobre todo, cuando esa empresa tiene el predominio del mercado local, con más de la mitad de las naftas expendidas.
El Ejecutivo en su laberinto
A medida que pasa el tiempo, los gobiernos se van enredando cuando la conducción política adolece de fallas que no se atajan a tiempo. Volvamos a los casos de supuesta corrupción. Dado que empiezan a rozar a la cúpula, hace falta que el poder político influya de alguna manera en los jueces encargados de los asuntos.
Por eso se fue Mariano Cúneo Libarona: no parecía garantizar eficiencia en la gestión. Tampoco su número dos, que responde (ahora en otro cargo) al joven asesor maravilla. El problema ahora es que el planeta Comodoro Py no es homogéneo y se divide por tribus.
Al respecto, el nuevo encargado del área está en puja con otra banda judicial en donde milita el exfuturo ministro de la Corte Suprema, Ariel Lijo. ¿Cómo se arregla el estofado? ¿Se le otorga un beneficio concreto al equipo adversario para firmar una paz? ¿O se inicia otra guerra? Porque no debemos olvidar que los dos ejércitos judiciales, ¿y serviciales?, tienen terminales dentro de la puja interna del extriángulo de hierro (el cual empezó a dejar de existir hace un año).
Mucho lío para un país y un mundo convulsionado. Lo más aconsejable es aplicar la ley de la compensación, como los árbitros que cobran un penal para un equipo, luego de haber adjudicado otro al contrario con polémica. Ahora, si después el tiro está mal ejecutado no es culpa del referí, aun cuando el juez haya sido incentivado.
Quizá por todos estos embrollos el mundo empresarial dio su apoyo contundente a la modificación del sistema de elección de jueces que le propuso la Corte Suprema al Consejo de la Magistratura, para reducir el nivel de discrecionalidad. Si al sistema no se lo modifica en todas sus partes, lo más probable es que perpetúe sus vicios.