La ciudad
Jueves 21 de Septiembre de 2017

Las mujeres exigen ser incluidas como colectiveras de los ómnibus rosarinos

Hay una sola entre el personal de la Semtur y La Mixta, en un total de mil choferes. Una norma fija que las vacantes deben ser igualitarias

La ordenanza 7.981 ya va camino a cumplir 12 años. La norma establece que las vacantes entre los conductores de las empresas públicas del transporte urbano deben ser "cubiertas en forma igualitaria entre varones y mujeres"; sin embargo, de los mil choferes que suman actualmente La Semtur y La Mixta, apenas uno es mujer. Un grupo de mujeres, algunas ex conductoras del interurbano, está reclamando cambiar esta realidad. "Queremos ser incluidas", afirman.

El del transporte, un oficio tradicionalmente ejercido por varones, aún parece ser un hueso duro de roer para las mujeres. Pero desde hace unos años, la presencia femenina es habitual en taxis y remises. Incluso, la semana pasada se terminó de conformar la Cámara de Mujeres Taxistas.

Eso sí: los colectivos del transporte urbano son todavía un territorio que les resulta esquivo. "Quizás haya todavía muchos prejuicios o estereotipos", advierte Lucía Silva, una de las mujeres que se puso al hombro la lucha por obtener un puesto de trabajo en los colectivos de Rosario.

Hace ya 18 años, Lucía respondió a un aviso clasificado que decía "se necesitan mujeres conductoras" y después de tres meses de entrenamiento se puso al frente de uno de los coches de la ex Tirsa, el que cumplía el servicio entre Puerto San Martín y Arroyo del Medio, casi en el límite con la localidad de San Nicolás. Junto a otras 16 mujeres fue "guarda conductora" (conducía, picaba boleto y cobraba pasajes, todo al mismo tiempo), hasta que la empresa quebró en 2003 (ver aparte).

Durante todo ese tiempo, recuerda su ex compañera Verónica Cañete, "tuvimos que demostrar que podíamos trabajar tanto o más que los varones. Y realmente lo hicimos". De hecho, apunta, "los pasajeros estaban muy conformes y, a fin de año, siempre éramos las que menos accidentes teníamos".

La norma y la calle

En abril de 2006, el Concejo Municipal aprobó una ordenanza que crea el Programa de Mujeres Choferes del Transporte Urbano de Pasajeros, con el objetivo de propiciar su "gradual incorporación" en el plantel de conductores de las empresas que pertenecen al Estado municipal.

Taxativamente, la norma establece que las vacantes deben cubrirse en forma igualitaria "garantizando el ingreso de una mujer por cada dos puestos a cubrir". También exhortaba a la Secretaría de Servicios Públicos a "promover la adhesión" de las empresas privadas al programa.

El lunes pasado, Lucía, Verónica y otra decena de mujeres —algunas ex choferes del transporte interurbano, otras taxistas— fueron a reclamar al Concejo Municipal el cumplimento de la ordenanza. Un mes antes se habían reunido con la secretaría de Transporte y Movilidad del municipio, Mónica Alvarado.

"Nos encanta este trabajo, por eso queremos volver a hacerlo. Y, además, estamos abriendo una puerta para todas las chicas que quieran sumarse", aseguran Marta Jiménez y Rosana Tournier, también ex choferes de Tirsa y Rosario Bus. De hecho, muchas de las integrantes del grupo actualmente se desempeñan como taxistas o remiseras, "pero siempre quisimos manejar un colectivo", apunta Angela Aguirre, que ya suma siete años arriba de un taxi.

Con expectativas

La puesta en marcha del nuevo sistema de transporte, en enero próximo, y el anuncio de la necesidad de incorporar entre 250 y 300 nuevos choferes les suma expectativas. "Lo único que reclamamos es tener las mismas posibilidades que los varones. Podemos manejar, pero también podemos ser instructoras, inspectoras, diagramar horarios o trabajar en la administración", afirman las mujeres. Aún en todas estas áreas, señalan, la presencia femenina es escasa.

En su vida laboral, destacan, "asumimos a diario el compromiso, el sacrificio de ser madres, trabajadoras y, en muchos casos, cabeza de familia".

Y conocen de memoria cómo conducir de noche los colectivos por barrios inseguros, transportar a jóvenes que salen del boliche alcoholizados, reponerse a un robo o lidiar con una punta de línea en la que deben descansar en medio de un descampado.

Difícilmente acepten un no como respuesta.

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