Se adueñó de la radio y se ganó el corazón de sus oyentes con sus ideas y personajes. También mostró sus habilidades para la redacción en la columna de una revista y llevó su talento a la pantalla grande, no sólo en Argentina sino también Latinoamérica y Europa. Fue censurada y debió exiliarse. Tuvo una hija y quedó sola con ella debido a la ludopatía de quien fuera su marido. Estuvo un tiempo en Rosario pero luego luego ambas se mudaron a la ciudad de Buenos Aires, donde quería trabajar. En el ambiente artístico la conocieron como Niní Marshall, pero para su familia siempre será Marina Esther Traverso, aquella mujer que nació el 1° de junio de 1903, vio crecer a sus nietos y los disfrutó como nadie hasta que un día como hoy, hace 25 años, su corazón dejó de latir.
Caballito fue el barrio que la vio crecer. Sus padres eran inmigrantes asturianos, María Ángela Pérez y Pedro Traverso. Cuando tenía dos meses su padre falleció y la familia se mudó a una casa en la calle Defensa 219, Buenos Aires, lugar que hoy funciona el Museo de la Ciudad. Desde pequeña estudió actuación además de danzas españolas, pintura, dibujo, canto, piano y hasta idiomas como francés, alemán e inglés. Su pasión por la actuación le viene desde la cuna, pues llegó a ser parte de Los Arribeños del Norte, que eran niños que llevaban a cabo obras de teatro en el sótano de la casa de un tío.
Al finalizar sus estudios secundarios decidió formarse en Filosofía y Letras, aunque luego interrumpió la carrera cuando se casó con Felipe Edelmann en 1924. Con él, quien era mucho mayor que ella, tuvo a su única hija, a quien llamaron Ángela Dora. Pero su matrimonio empezó a deteriorarse y se divorciaron más allá de los prejuicios de época. Con Ángela se mudó a la ciudad Rosario, donde vivía su hermana, pero pronto se reubicaron en Buenos Aires, donde Marina tendría oportunidades laborales en los medios.
Los primeros empleos que tuvo fue en la redacción de revistas, escribía para La Novela Semanal en donde hablaba de electrodomésticos y artículos para el hogar además del cuidado del cuerpo. Más tarde creó su primer personaje, el cual se llamó Mitzi y era el seudónimo que utilizaba para redactar artículos en una columna llamada “Alfilerazos”. En ella, relataba situaciones de la actualidad con ironía y las ilustraba gracias a su capacidad de dibujo.
Finalmente, Niní
Su carrera como cantante comenzó un tiempo después tras hacer una prueba en una radio. Inmediatamente fue elegida como cantante internacional por sus conocimientos de otros idiomas y nació otro de sus personajes: Ivonne D’Arcy. Luego de eso, poco a poco fue convirtiéndose en Nini Marshall aunque la interpretación que terminó por consagrarla fue la de Cándida, una mucama a quien le dio vida en la radio y con su toque humorístico generó ternura en todos los que la oían.
Volvió a casarse, esta vez con un contador de nacionalidad paraguaya llamado Marcelo Salcedo. En una mezcla entre su nombre y su apellido creó finalmente a Niní Marshall. “Niní” proviene del sobrenombre que su familia le puso a Marina desde pequeña: Marinita. El mismo pasó a Ninita y luego finalizó en Niní, mientras que “Marshall” combina las primeras letras del nombre y apellido de su esposo que son “Mar-Sal”, al que se agregó una “h” y una “l” que terminó componiendo su nombre artístico para siempre.
Niní propuso guionar su personaje en la radio y la respuesta fue, en el marco de una época machista, fue siempre "no". Pero más tarde, en 1937, encontró en Juan Carlos Thorry a un compañero ideal para lo que ella deseaba hacer y comenzó una dupla que pasó a la historia de la radio, sobre todo luego de su personaje Catita, creado a partir de las reacciones de las fanáticas de Thorry, las cuales le pedían un “utógrafo” cada vez que lo veían.
Sus personajes siempre estuvieron basados en la observación de distintas situaciones de la vida cotidiana. Marshall llevaba los gestos cotidianos al extremo. Así fue como poco a poco fue creciendo y la contrataron para protagonizar la película "Mujeres que trabajan" en 1938, a partir de la cual comenzó a la gran carrera que le esperaba en el cine.
De la radio a la gran pantalla
En total fueron 38 películas en las que participó Niní Marshall, algunas de las cuales la tuvieron como protagonista y otras como personaje secundario. Argentina, México y España la vieron convertirse en una actriz. Pasó de escribir sobre “cosas para mujeres” y ser guionista a convertirse en una de las comediantes más importantes de la historia de los artistas del país.
Su carrera en el cine empezó en la Argentina. Desde la primera Mujeres que trabajan en 1938 hasta ¡Qué linda es mi familia! en 1980, la última película en la que actuó. Entre otras de las que filmó en el país se encuentran Cándida, Hay que educar a Niní, Carmen o La novela de un joven pobre.
Sin embargo, la participación en distintas películas y un programa en Radio Splendid fue suspendida por el golpe militar conocido como la Revolución del 43 que creó el Consejo Superior de las Transmisiones Radiotelefónicas, el cual causó la prohibición de Marshall en los medios “porque sus personajes deformaban el idioma del pueblo argentino, que no tiene capacidad de discernir”. Así, la humorista terminó una de sus ediciones radiales con la frase “Hasta el viernes… si nos dejan”, cuando ya veía venir que era muy probable que la semana siguiente no iba a poder salir al aire.
Años después volvió al ruedo con Buenos Aires canta pero más tarde debido a diferencias con el gobierno de turno, que en ese momento era el de Perón, se exilió en España. Allí grabó Yo no soy la Mata Hari en 1949, película que mostraba la vida de la espía, y luego viajó a México donde llegó a filmar 9 largometrajes más: Una gallega en México, Una gallega baila mambo, La alegre casada, Mi campeón, Los enredos de una gallega, Amor de locura, Reportaje, Dios los cría y Una gallega en La Habana.
Al llegar 1956 y con Aramburu ejerciendo como presidente en Argentina, volvió al país y efectuó su regreso al cine nacional con Catita es una dama. Esta no fue la última película que grabó sino que también hubo otras, no obstante la carrera cinematográfica de Marshall comenzó a tener ciertos altibajos hasta que empezó a decaer. También tuvo un breve paso por la televisión en Sábado Circulares, programa de Pipo Mancera.
Los últimos años de Niní
La actriz nunca dejó de lado la radio, que siempre fue un gran amor en su vida. Continuó haciendo columnas y personajes, en ocasiones rememorando sus viejas interpretaciones y otras creando nuevas. A su vez, tuvo participaciones en teatro y hasta intentó conducir su propio programa de televisión, el cual fue un fracaso rotundo y debió ser bajado debido a la poca audiencia que el mismo convocaba.
Tras la presentación de la película ¡Qué linda es mi familia! decidió retirarse de la escena diciendo: “No quiero asistir a mi propio funeral, me voy a tiempo”. La explicación fue sorpresiva pero puede haber tenido relación con lo sucedido con Luis Sandrini, quien participó del film pero no logró verlo finalizado debido a que fue internado antes de terminar las grabaciones y luego falleció.
Reconocimiento y despedida
En su vida recibió numerosos reconocimientos no tardaron en llegar, pues fue nombrada Ciudadana Ilustre de la ciudad de Buenos Aires en 1989 y tres años después le fue otorgado el premio Podestá a la Trayectoria. “Mi vida no es más que la de una señora de su casa que se hizo la graciosa. Así quiero que me sientan y así quiero que me recuerden”, solía repetir Marshall.
De hecho, así es como se la recuerda por su picardía y el humor que supo llevar a los hogares, parodiando las distintas clases sociales del siglo XX. Fue nombrada por María Elena Walsh como “nuestra Cervanta” y hasta después de su muerte se la reconoció con teatros que llevan su nombre como el de Tigre y hasta calles, como la que está en Puerto Madero.
Niní Marshall falleció el 18 de marzo de 1996, meses después de que fuera hospitalizada por problemas respiratorios, saliera, y debiera ser nuevamente internada. Pasó sus últimos días en una clínica, donde finalmente falleció a sus 92 años. Su exitosa carrera y el cariño que le tenía el público hizo que sus restos fueran velados en el Teatro Nacional Cervantes, pues la artista popular debía ser despedida como tal.
Hasta el día de hoy se la recuerda por sus geniales personajes y su forma de ser, pero el legado más hermoso es el que le dejó a sus nietos, Marina y Carlos Eduardo, que guardan en el cajón de los recuerdos a esa abuela que les hacía funciones de títeres especiales o se sentaba a hacer un picnic junto a ellos en el balcón de su casa.