"Hunabkú" es el nombre que el director Pablo César eligió para su séptimo
largometraje, que se estrena hoy en Rosario. El filme, que pasó por los festivales de Biarritz,
India, Belfast y Amiens, apela al viaje como experiencia transformadora. Pero no es un viaje más.
Los personajes interpretados por Raúl Taibo, Florencia Raggi, Boy Olmi y el adolescente Tahiel
Arévalo se internan en un territorio casi mítico, poderoso y frágil a la vez, en el sur argentino.
Procedente de Buenos Aires y por motivos laborales, hasta allí llega un matrimonio con su hijo. La
trama promete que a partir eso ya nada será igual.
—¿Cuál fue el objetivo de rodar esta historia?
—Una de mis preocupaciones es la limitación que el
hombre encuentra en la razón. El hombre inventó un lenguaje de razonamiento. Hay un mundo que se
construyó únicamente dentro de ese lenguaje. Mi inquietud es reflexionar sobre que hay mucho más
detrás del lenguaje y la estructura de pensamiento que inventó el hombre. No sé si hay una realidad
únicamente objetiva y no lo podría definir yo en todo caso.
—¿Cómo llegaste a usar el vocablo hunabkú, que da
título a la película?
—Los mayas hablaban de "Hunabkú" como la unión con un
sol interno, que está en otra dimensión, con las personas. El adolescente empieza a sentir cosas
extrañas a partir de ese imponente glaciar. Ese adolescente está bastante poco condicionado por los
códigos que impone la sociedad y los medios, y por eso empieza a tener un vínculo distinto con el
entorno. En el final de la película se propone un juego en el que el espectador entra o se queda
afuera.
—¿El espectador está hoy predispuesto a pensar en
profundidad sobre esos temas?
—La película propone un juego y tiene bastante
suspenso. Después está lo otro, la parte en la que el espectador tiene atravesar una especie de
laberinto interior. Hay que ver hasta dónde puede o no pasarlo. De todas maneras creo que hay mucha
gente ávida de ver un cine distinto. Por supuesto que no es a nivel masivo. No se si es que la
gente no se quiere plantear cosas o todo se construye para que nadie se las plantee, no como un
complot, sino que se dan así.
—¿Cómo impacta el hecho que de a veces las
intenciones de un director no son valoradas por el público?
—Hay gente que dice que hace cine que le guste a la
gente y yo critico eso porque hasta parece una presión fascista porque la gente no es una masa. Las
personas no están hechas en serie y eso es pensar a la masa como una unidad pensamiento. Todos
queremos un millón de espectadores, pero es importante que se siga fomentando el cine de las
minorías. Me parece que no se puede estar trabajando para construir una única forma de pensamiento.
Yo soy docente en la Universidad del Cine y hay cientos de chicos y directores que quieren hacer
algo distinto, pero que se ven con mucho miedo frente a un sistema que puede ser más que cerrado,
agresivo. Quizás vayan cien personas y disfruten enormemente con un tipo de cine que no es con el
que disfruta la mayoría, y creo que hay que apoyar a las minorías también.
—¿Por qué sumaste a actores conocidos como Raúl
Taibo, Boy Olmi y Florencia Raggi?
—Pensamos que un proyecto así, que ya tenía un título
difícil, medio complicado para recordar, con una temática que se plantea como un suspenso, pero de
la que después participa el espectador, tenía que tener actores buenos, conocidos, profesionales y
que se interesen por este guión. Podían ayudar a que el público se acerque un poco más. De hecho
ayudó, lo que pasa es que también estrenamos en una época que no es la mejor, pero si quiero
estrenar en mayo no hay lugar.
—¿El cine argentino corre con desventaja respecto a
las grandes compañías?
—Si, pero esta vez tuvimos la suerte de que a la
gente del Village le interesó la película. Está rodada en 35 milímetros, tiene calidad de sonido,
hay un cuidado estético y técnico.
—¿La inclusión de actores conocidos en películas
independientes indica que de alguna manera el cine depende o está en deuda con la televisión?
—No se si está en deuda, pero es cierto que la
televisión es lo que más se ve. Todo el mundo tiene un televisor en su casa y son personas que
fueron más vistas en la tele. No se si está en deuda, pero se trata de convocar a personas que
llegan mucho a la gente a través de otro canal de comunicación.
Minorías
"Este es mi séptimo largometraje y casi todos van en sentido contrario de lo
previsible. La idea es que se puede ver algo distinto y salir de un producto único que ofrece el
sistema. Quizás vayan cien personas, pero disfrutan con un tipo de cine que no es con el que
disfruta la mayoría, y eso es respetable".