Mara Barros, la cantante andaluza que brilla como corista en los shows de Joaquín Sabina, presenta en Rosario su proyecto solista con el repertorio de sus dos discos más recientes. En diálogo con La Capital, la artista nacida en Huelva habla sobre su vínculo artístico y personal con Sabina y adelanta detalles del show que ofrecerá en Rosario el próximo jueves 17 de agosto a las 21, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223). Las entradas están a la venta en www.tuticket.com.ar.
La cantante aprovecha el descanso de Joaquín Sabina para seguir trabajando y apostando por sus proyectos personales. En septiembre retomará con Sabina la gira “Contra todo pronóstico”, con shows en España y luego México y Estados Unidos. Mientras tanto, ella gira por Chile, Uruguay y Argentina presentando “Me nace del corazón”, disco dedicado al cancionero mexicano.
Mara Barros, inevitablemente, se tenía que dedicar al arte, estaba predestinado. Su padre era vocalista y guitarrista de un grupo de rock andaluz muy popular y luego siguió vinculado a la música abriendo la primera tienda de discos en Huelva. Y, siendo niña, su madre la introdujo en el mundo de la danza. Puede cantar jazz, blues, bulerías y casi todos los géneros. “Yo lo que tengo es que le echo muchas ganas sabes, e intento llevar los géneros a mi terreno para que no se aprecien mucho mis limitaciones”, expresa al respecto.
Mara Barros - Amor Eterno (Videoclip)
—¿Qué hay en tu propio proyecto del “mundo Sabina” del que formás parte?
—Pues mira, yo siempre digo que tengo alma de cantautora sin serlo, no tengo el don de componer, soy pura intérprete, pero es que me apasionan los cantautores: Joaquín, Serrat, Drexler, Pablo Milanés?, por esa mezcla tan perfecta de melodía y letra que me parece un equilibrio magistral. En mi disco anterior, “Por motivos personales” (2017), hay blues, pop, flamenco, todo está muy conectado a la forma del cantautor. Joaquín en un mismo disco te puede cantar una rumba, una ranchera, una balada o un medio tiempo, y todo suena a Joaquín, gracias a la producción y a su timbre de voz. Mi pretensión es esa, cantar varios géneros.
—¿En qué medida todos estos años con Joaquín, y con su banda, te han dado aprendizaje y herramientas para aplicar luego en tu trabajo en solitario?
—Me aporta enormemente, en lo profesional y y en lo personal.. Me sorprende mucho el animal escénico que es mi jefe porque, lejos de ir empeorando con los años, creo que sigue creciendo. Canta sentado en un taburete, pero a nivel interpretativo y vocal, con “esa voz de lija” como él dice, a mí me emociona profundamente, está cantando mejor que nunca. Y me sigue sorprendiendo la capacidad de componer que tiene a su edad. Aprendo mucho también de nuestras charlas en el camerino o en los viajes, porque es una enciclopedia andante, tiene una cultura increíble, en cualquier conversación es el rey. A nivel profesional y artístico, al menos para mí, es el más grande.
—¿Qué importancia tuvo esa formación como bailarina para después moverte o desempeñarte en un escenario?
—Muchísima. La danza es una profesión muy exigente a nivel físico y eso te da como más resistencia. Tanto ensayo no deja de ser un sufrimiento, pero luego es muy grato ver los resultados. Yo no tenía aptitudes naturales, tenía que trabajar mucho y esforzarme el doble, eso te da cierta resistencia física y psíquica. Pisar el mundo de la danza te da elegancia también a la hora de interpretar canciones arriba de un escenario.
—Te toca protagonismo en canciones importantes del repertorio de Sabina (“Magdalena”, “Y sin embargo”?). Sos de meterte en la piel del personaje de cada historia cuando las cantás?
—Sí, suelo hacerlo, porque yo tengo una actriz dentro, que me viene de mi etapa de los musicales. Me gusta meterme en “la película” que narra la canción. Me cuesta mucho cantar canciones que hablen de algo que no comparto, que no tengan que ver con mi filosofía de vida, con mi momento vital o con algo que haya experimentado. No podeis interpretar bien una canción de sexo si sois virgen o una canción de desamor si todavía no lo habeis sufrido o de pérdida si no se te ha muerto un familiar todavía. Para tocar el corazón de la gente, si no te metes en la piel del personaje creo que no les llegas tanto.
—Con Joaquín cantás en estadios. ¿Qué posibilidades diferentes te da un concierto en un formato más íntimo?
_ Son situaciones completamente dispares, cuando voy a lugares masivos no son conciertos míos, son conciertos de Joaquín, soy muy consciente de que el público viene a verle a él. Yo voy a divertirme, no me pongo nerviosa, no tengo ninguna responsabilidad porque, si me equivoco o tengo un mal día, la gente se lo va a olvidar, van a ver a Joaquín. Y voy además con un equipo, un staff de treinta personas que te arropa o que trabajamos en conjunto para arropar al artista, somos como parte de un engranaje para que eso funcione. Cuando voy en solitario son recintos más pequeños, si bien hay teatros que son muy grandes y me da mucho miedo, no son estadios.
—¿Qué características tendrá tu concierto en Rosario?
—Será un concierto íntimo, acompañada por dos muy buenos músicos. Me siento en un taburete y me pongo a charlar con el público, les veo las caras, veo sus reacciones, interactúo con ellos, cuento anécdotas. En un concierto de Joaquín no hablo, tengo mucha presencia, pero no dirijo nada, no tengo que dar ningún discurso, para eso está él. En estos conciertos míos, me pongo más nerviosa porque allí voy a mostrarme yo, en los de Joaquín no, con él me muestro un ratito.
—A Rosario la conocés, debés saber que es una ciudad muy “sabinera”. ¿Lo considerás a ese dato como a una puerta que ya se presume abierta para lo tuyo sola o es un desafío como si fuera un público nuevo?
_ No no no, sería muy injusto de mi parte y me estaría mintiendo si no asumo que el hecho de trabajar con Joaquín Sabina me ha abierto todas estas puertas. Me hubiera gustado llegar por mí misma a Rosario, pero habría tardado mucho más. Lo que sí dejo claro es que, aunque haya pinceladas de Sabina en mi repertorio, a lo que voy es a presentar mis dos últimos trabajos. Espero no decepcionar porque claro, el público me asocia al “universo sabinero”.
—¿Con qué sensaciones y expectativas estás esperando la visita a Rosario?
—Intento no crearme muchas expectativas para no darme el batacazo después. Como son conciertos tan íntimos en donde yo voy a estar sentadita charlando, yo me lo tomo como si estuviera en el salón de la casa de uno de mis amigos y estuviéramos hablando y termináramos todos cantando. Así que, cuando una va a la casa de un amigo lo que espera es divertirse y eso es lo que espero, que todos podamos hacerlo.