Ella no dejó sombra de dudas. ¿De quién hablamos? De Madonna, la reina del pop.
Sobre un trono y vestida con medias de red y tacones de vértigo, Madonna conquistó en la noche del
sábado el escenario del estadio Millenium en la localidad británica Cardiff. Sólo una semana
después de su 50 cumpleaños, el icono del pop comenzó la largamente ansiada gira mundial "Sticky
and Sweet".
Pero, a pesar de sus coreografías sensuales, imágenes de Britney Spears y Hitler
en las pantallas y ocho cambios de vestuario, no logró ser la reina de todos. Parecía como si la
musculosa Madonna quisiera encarnar la eterna juventud a toda costa.
La superestrella de acero apareció en el escenario de la ciudad de Gales
con dos horas de retraso para el enfado de muchos fans. “No pagué 75 libras para estar
sentado a la intemperie sobre un suelo de cemento y comer perritos calientes”, se quejó Tom
Allen, un asistente al concierto. Más tarde, el concierto empezó a gran velocidad con la canción
“Candy Shop”. Los 40.000 espectadores, entre ellos su esposo Guy Ritchie, a pesar de
los rumores de crisis matrimonial, y sus hijos Lourdes, Rocco y David, entraron poco a poco en
calor.
A trompicones se pasó revista a las etapas de una carrera de 25 años de
duración: el show, dividido en cuatro partes, “Pimp”, “Gypsy”, “Old
School” y “Rave”, repasó desde los ritmos hip-hop hasta la música cíngara y de
los años 80. Madonna apareció subida en un descapotable blanco, imagen inspirada por su nuevo CD,
“Hard Candy” y el gangster-rap de Estados Unidos y ofreció un baile sobre la barra
americana así como pasos de Breakdance. No había atisbos de cansancio por la edad.
Los fans, sin embargo, esperaron en vano provocaciones como en su última
gira “Confessions” (2006) cuando se la vio colgada de una cruz. Madonna parecía más
preocupada por mostrarse políticamente correcta que por provocar cuando se proyectaron imágenes de
Hitler, Robert Mugabe y el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, John McCain,
para acompañar su canción “Get Stupid”. La serie de personalidades terminó con John
Lennon, John F. Kennedy y Barack Obama.
Tampoco la “aparición” de Britney Spears en las pantallas
logró convencer realmente: en un montaje de video se veía a Britney Spears con gafas de sol y
atrapada en un ascensor. Las llamadas de Madonna a los fans para “hacer algo de ruido”
no ayudaron a mejorar el ambiente. “Simplemente no fue tan bueno como en su última
gira”, señaló Una Magill, una fan de 30 años originaria de Belfast. “El público estaba
algo callado, la gente no vibraba”.
No es que Madonna no se esforzara. Muchos críticos y fans quedaron
fascinados por un show “maravilloso”, “espectacular” y
“mágico”: más de 650 horas de ensayo, 3.500 prendas distintas, miles de piedras
preciosas y alrededor de 250 miembros de equipo proporcionaron al show la dimensión que se espera
de la Chica Material. La estadounidense también cantó sus éxitos “Like A Prayer”,
“La Isla Bonita” y “Give It To Me”.
El mensaje “Game Over”, que se podía leer en las pantallas
tras unas dos horas, no vale por el momento: durante la gira, que finaliza en Sao Paulo en
diciembre y que pasará por Argentina a comienzos de ese mes, Madonna parará en numerosas ciudades
del globo. Si tenemos en cuenta la energía con la que Madonna voló por el escenario, no existen
muchos fundamentos para creer en el fin de la carrera de este incombustible ícono del pop.