Un actor parado frente a un auditorio de no más de 60 personas, son espectadores atentos y curiosos y no saben de qué va la obra. El actor sale a escena solo y comienza a moverse con figuras del teatro griego, exagera tragedias y sus ojos se encrespan, su altura se duplica, la luz acompaña esa farsa, esa máscara y de eso se trata la obra, del teatro como metáfora y acción.
Cristian Marchesi, el actor que hace 12 años que no actuaba y se dedicó en ese tiempo a la dirección de actores, rompe esa máscara y aparece el personaje: Alberto Ure, un maestro de actuación y conceptos teatrales fallecido en 2017 y quien dejo una camino actoral de espinas, humor, provocación y amor en sus obras.
Ure fue director adjunto del Centro Cultural Recoleta y director contratado del Teatro San Martín (en 1990 y 1991). En TV, dirigió la telenovela “Bárbara Narváez”, con Leonor Benedetto y Gerardo Romano; y fue director de escena de “Zona de riesgo”, con Romano y Rodolfo Ranni.
También fue director de casting de Canal 13 y Canal 2. Y obtuvo los premios María Guerrero, Teatro del Mundo, Konex, Moliere y Podestá. Montó obras memorables, entre ellas “La familia argentina”.
Los textos que mueven al actor de “Ure, un provocador entrañable” son ensayos que Ure deslizó en diarios como Página 12, Clarín, Sur, Tiempo Argentino y las revistas Crisis, Fin de Siglo, El Porteño y Unidos, y luego fueron compilados en el libro “Sacate la careta”, con edición a cargo de María Moreno.
La obra “Ure…”, que sigue en cartelera todos los sábados de noviembre, a las 21, en La Orilla Infinita (Colón 2148), es minimalista: una mesa, luces, sombras y un vaso de whisky, y los responsables de ponerla en escena -Cristian Marchesi, Guillermo Calluso y Rody Bertol- cuentan que es una obra basada en el deseo, no planificada y hecha con la esencia Ure.
“Hacía 12 años que no actuaba y esta obra me volvió a meter allí, en la actuación y además unipersonal, aunque yo solo pongo el cuerpo, la obra es de tres. Decidimos hacerla sin ningún subsidio ni apoyo institucional. Dependemos de las entradas, es muy artesanal… como era el gordo Ure”.
El actor comienza a contar obras, a plantear el por qué del teatro. El actor hace una pregunta a los espectadores “¿Usted quiere estudiar teatro?”. Y descarga distintas personalidades que se acercan a esos cursos y por qué lo hacen, siempre bajo la vista de ese director implacable.
Podría ser una obra para “teatreros”, pero no es solo eso. El teatro desaparece de la escena y los textos irrumpen en la vida misma: la pasión, el tango, el humor, el freno al desenfado y el desenfado mismo. Todo aparece y desaparece en esos 60 minutos.
Rody Bertol, amigo de Ure y parte de esta triada poética cuenta de ese Ure provocador. “La obra llevó mucho tiempo, un año largo. Hubo textos que quedaron afuera y otros que se impusieron. Inclusive había un texto sobre Rosario que finalmente quedó afuera”.
El otro director de la obra, Guillermo Calluso, trae a la charla las discusiones y la trastienda: “La charlamos mucho, discutimos, nos reímos. No es sencillo hacer algo con tanto texto disperso, con tanto para abordar y que salga una obra, una actuación. Tampoco es fácil que Marchesi volviera a la actuación”.
Durante 60 minutos los espectadores ríen, se conmueven, se asustan. Ure pasa como una ráfaga y el teatro pasa en sus textos de la representación a la provocación, fundamental para todo deseo que se precie. Adjetivos que se le suelen atribuir a Ure: revolucionario, vanguardista, provocador –aunque no sin sentido–, amado, temido, renovador.