Pasado el último temblor por el reencuentro de Soda Stereo, Gustavo Cerati baja
un cambio (y al mismo tiempo sube otro, aclara) y entonces la cuestión aparece como un borrón y
cuenta nueva. “Soda fue como un paréntesis”, dice durante la charla con Escenario, para
después advertir: “Está claro que esto no va a volver a ocurrir, no existe posibilidad
alguna”.
El cantante y guitarrista, que el próximo sábado presentará en vivo las
canciones de su nuevo álbum solista “Fuerza natural” en el salón Metropolitano
(shopping Alto Rosario), también señala que la música siempre le salvó la vida, que todavía le
gustan los desafíos y que a sus 50 años, cuando fuerza la máquina, siente algo de culpa. “Es
inevitable pensar que uno ya está menos protegido”, dice.
—“Fuerza natural” ya tiene varios meses de editado. ¿Cuál es tu
pensamiento actual sobre el disco?
—Aunque parezca un lugar común yo sigo creyendo que es un paso adelante
que sigo disfrutando. Para mí cerraron un montón de cosas que internamente no son fáciles de
explicar, pero ciertos objetivos musicales y artísticos los pude plasmar ahora mejor que en otros
discos. De todos modos no quiero levantar una polvareda especial con este disco, pero yo sigo
sintiendo que tiene una cohesión particular. Y que jugué un poco a esa situación a contramarcha de
lo que hoy está más en boga, que es desmenuzar los discos, convertirlos en canciones digitales. La
intención era apostar a algo más conceptual.
—Así hablaban los músicos del rock sinfónico...
—Es un poco anacrónico, lo puedo aceptar. Pero sigue pareciéndome que
tiene esa fuerza... (risas) no voy a decir natural. Digamos esa fuerza de cercanía entre los temas
y de conceptos que me gustaba tener.
—Cuando decís de que para vos “cerraron un montón de cosas que no son fáciles
de explicar”,¿tiene que ver también lo que significó volver a empezar de cero tras una gira
tan extraordinaria con Soda Stereo?
—En realidad, a mí me pareció que lo de Soda Stereo fue una especie de
paréntesis, por eso hablábamos de una burbuja en el tiempo... Me sirvió mucho lo de Soda también,
para hacer un refresh mío, para empezar, no te digo de cero, con un disco que no hereda cosas que
haya venido escribiendo anteriormente. Sí, es como un borrón y cuenta nueva, y así también funcionó
lo de Soda. A mí me siguen gustando los desafíos, yo mismo me meto en esos bretes y por algo será.
Creo que era el momento también de bajar algunos cambios y al mismo tiempo subir otros, porque el
disco para mí tiene mayores riquezas tímbricas que lo que estaba haciendo anteriormente.
—¿Sigue siendo para vos una especie de catarsis escribir una canción?
—Depende, a veces funciona así. Siempre la música salvó mi vida. En
momentos en que uno está cargado de cosas, para un lado o para el otro, la música funcionó para mí
como un vehículo de sanación, de sacar algo afuera para que no explote por otro lado. Esto de
canalizar lo que te hace daño a través de la poesía, la pintura, la música, ha funcionado a través
de la historia del arte, pero en este disco me pareció más desafiante escribir desde un lugar más
positivo, que es algo que quizá requiera de mayor esfuerzo, por el hecho de que cuando uno está en
un estado melancólico las cosas salen catárquicamente.
—¿Hoy te alcanza con escribir una canción para sentirte satisfecho?
—Es un momento glorioso cuando llega una canción. A veces es algo muy
trabajoso, otras, instantáneo. Cuando escribí “Mi medicina” no la pude terminar hasta
que mi padre murió. El tema hablaba sobre eso, sobre la medicina que él necesitaba y sobre lo que
yo sentía. Estuve meses con esa canción a punto de salir de la lengua. Pero sólo salió cuando mi
padre murió. La sensación de triunfo o satisfacción por una canción terminada, y más allá de lo que
luego suceda con ella, es algo que aún me llena el espíritu, por lo menos por un rato. Tampoco hay
que pedir tanto.
—¿Qué cosas ya no te bancás luego de 25 años de trabajo?
—Por suerte y con los años uno va dándose cuenta de esas cosas. Hay un
límite entre ser excesivamente prejuicioso porque alguna vez la pasaste mal y pensás que no la vas
a pasar bien. Tampoco entré a esa situación de histeria de decir “no me toquen, no me miren a
los ojos”. De un tiempo a esta parte disfruto muchísimo y creo que tengo un trabajo de lo
mejor que hay. Es mi placer y mi trabajo al mismo tiempo. Lo que no me banco no lo hago, creo
haberme ganado el derecho de hacerlo. Hay propuestas que han venido de afuera y aprendí a decir que no.
—¿Para qué te sirvió la vuelta de Soda Stereo?
—Fue una reconciliación con mi pasado en un momento que yo sentía que
había que hacerlo. No quería reflotar algo porque lo necesitara económicamente ni como gloria
personal. Sabíamos que Soda Stereo era una presencia importante en la música en Argentina pero no
imaginé semejante nivel de convocatoria. Fue algo inolvidable pero está claro que esto no va a
volver a ocurrir, no existe posibilidad alguna.
—¿Qué te dejaron para pensar tus problemas de salud?
—Es inevitable pensar que uno ya está menos protegido y cuando forzás la
máquina sentís algo de culpa. Hay una parte mía que parece no crecer nunca y ahí no siento
diferencia con el pasado, pero físicamente hay que empezar a cuidarse. Quisiera hacerlo más de lo
que lo hago. Me pegué flor de susto pero aún estoy lejos de ponerme las pilas.
—Que la mayoría de los referentes del rock argentino sean tipos grandes, ¿es normal?
—No lo sé. Es curioso ver cómo los pibes hoy saben de la música de los 70 más que uno.
Creo que intuyen que hubo un momento de mayor libertad. Superamos muchas cosas pero otras fueron
para atrás. Hubo un momento en que era una tribu u otra. Eso no le hizo bien a la música. El hombre
es más complejo que pertenecer a una bandera.