“El exorcista” es un clásico indiscutido del cine de terror. La maestría visual y narrativa de su director William Friedkin, fallecido en agosto de este año, hizo que el filme trascendiera las barreras del género y dejara una huella tanto en la historia cinematográfica como en la cultura popular. A cincuenta años de su estreno, el film afianza su vigencia.
La película fue escrita por William Peter Blatty, basada en la exitosa novela homónima que había publicado dos años antes y que había logrado vender más de 13 millones de copias. El autor se terminó llevando un premio Oscar por su labor en el guion.
La premisa es simple y contundente: Regan (Linda Blair), una nena de 12 años, es poseída por una entidad satánica llamada Pazuzu luego de jugar inocentemente con una tabla Ouija en el sótano de su casa. Ante esto, su madre (Ellen Burstyn), recurre a la Iglesia en búsqueda de ayuda, donde el veterano padre Merrin (Max von Sydow) y su joven colega, el padre Karras (Jason Miller), deciden hacerse cargo de la situación.
"El exorcista" hizo en ese entonces lo que ninguna otra obra de terror se había animado a hacer, al desafiar todas las expectativas de lo que puede causar horror y perturbación desde lo psicológico. En manos de Friedkin, quien falleció en agosto pasado a los 87 años, la liturgia del catolicismo se contrapuso con imaginería grotesco y lenguaje explícito.
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A pesar de recibir críticas mixtas por parte de los medios especializados en ese momento, la respuesta del público fue clara: la gente hacía colas en pleno invierno norteamericano para ver el filme, que sólo en su primera semana recaudó 1,9 millones de dólares, rompiendo récords de taquilla en varios cines. Para verla en salas nacionales, hubo que esperar: “El exorcista” se estrenó en Argentina recién en agosto de 1974.
Como otros títulos y creadores del Nuevo Hollywood, el filme y su director retomaban la incertidumbre reinante en la sociedad estadounidense de principios de los setenta, que se encontraba atravesada por la Guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate y el consecuente descreimiento en las instituciones.
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“El exorcista” fue la primera película de terror en la historia en ser candidata al Oscar como Mejor Película. De hecho, cosechó diez nominaciones a los premios de la Academia, quedándose finalmente con Mejor Guión Adaptado y Mejor Banda Sonora. Un dato curioso sobre esto último es que Friedkin había convocado originalmente al argentino Lalo Schifrin para componer la música original del filme, pero como este lo rechazó terminó armando él mismo una banda sonora con fragmentos de distintas obras.
Además de sus logros artísticos y de taquilla, la película alimentó su propia mitología luego de que se conocieran algunos detalles del rodaje que la catalogaron como una "producción maldita". Por ejemplo, a pocos días de iniciar la filmación (en 1972) se incendió el decorado que representaba la casa de la niña poseída y murieron tres técnicos. A esto se sumó que varios familiares del elenco fallecieron durante el rodaje. Es por esto que, según cuenta la leyenda, Friedkin llamó a un cura real para que exorcizara las locaciones y sets.
"El exorcista" demostró con firmeza que el terror no era un género menor, sino que era un medio clave para hacer comentarios sociales, a la vez que contaba historias visualmente impactantes y narrativamente cautivantes: sus imágenes trascendieron generaciones y se instalaron en el imaginario popular a nivel internacional, ratificando su vigencia incluso cincuenta décadas más tarde.