Darío Grandinetti debutó oficialmente como actor en 1976 en su Rosario natal. Con 17 años, fue parte del elenco de una puesta de “Tartufo” de Moliere en Empleados de Comercio, donde también se formó. Cinco décadas después de aquel hito, elige la ciudad para estrenar “El escritor de todas las cosas”, un nuevo unipersonal escrito y dirigido por Javier Daulte. Se podrá ver el viernes 7 de agosto, a las 21, en el Teatro La Comedia (Mitre 958), antes de comenzar una gira nacional que lo llevará por todo el país.
En un universo paralelo, en lugar de ser recordado por interpretar roles memorables en teatro, cine y televisión, Grandinetti podría haber quedado en la historia como un nueve de Newell’s. Justo antes de dar sus primeros pasos como actor, se probó y quedó en las inferiores de la Lepra (por entonces conducidas por Jorge Griffa) pero no llegó a firmar. Eligió el oficio artístico. Y el tiempo le dio la razón. Por las dudas, aclara en diálogo con La Capital que es “hincha de River y del William Kemmis de Las Rosas”, club en cuyas inferiores jugó durante dos años.
La obra que pronto mostrará por primera vez en Rosario, la ciudad que todavía elige para vivir, surgió desvinculada de su aniversario con la actuación. El punto cero de “El escritor de todas las cosas” es un objetivo que Grandinetti y Daulte persiguen conjuntamente hace mucho tiempo: dar con un material ideal para salir de gira. En el medio, trabajaron juntos en distintos proyectos, incluyendo el programa de televisión “Fiscales” (1998) y múltiples obras de teatro.
“Lo que a mí más me gusta es salir de gira, como a muchos actores y actrices. La idea era encontrar un material o que él escribiera un material para eso. Por H o por B, la cosa se fue prolongando. El año pasado nos juntamos y apareció este material, después de unas charlas que habíamos tenido, entre cenas y vinos. Y después
me di cuenta de que cuando estrene en agosto se van a cumplir 50 años de que empecé a hacer teatro en Rosario. No es casualidad, evidentemente, pero tampoco fue pensado así de manera premeditada”, cuenta Darío.
De esta manera, “El escritor de todas las cosas” propone “un viaje íntimo y conmovedor por la vida de un hombre que hizo de la escritura su manera de estar en el mundo”. Desde un pasillo olvidado de un teatro, el protagonista reconstruye su historia mientras escucha, a la distancia, una obra que él mismo escribió y que se representa una vez más. El escritor protagonista escribe de todo porque necesita trabajar, mientras explora “el poder ambiguo de las palabras”, su capacidad de “herir, separar, matar simbólicamente; pero también puede consolar, acompañar y, a veces, salvar”.
“Con una mirada profundamente humana y sin golpes bajos”, la obra reflexiona sobre el paso del tiempo, la memoria, los vínculos familiares, el amor y la necesidad aún incomprensible de crear, la fragilidad y la potencia de la ficción. Indefectiblemente, la premisa resuena sobre el propio recorrido de Grandinetti, sobre todo en un presente marcado por un aniversario muy especial en relación a su oficio artístico.
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“Javier escribió una historia que a mí me gusta mucho. Yo le tengo miedo a la palabra ‘profunda’ y esas cosas, pero no es un mero entretenimiento ni sólo una obra divertida, aunque también lo es. Es un recorrido emocional, con bastante sentido y conciencia de lo que estamos contando. Lo que se plantea en la obra podría plantearse si el protagonista fuese un músico, un cantor, un pintor, un escritor, un escultor. Estos oficios que uno hace que lo exponen a uno y cómo opera eso en el que lo recibe. Uno no lo hace de manera consciente ni intencional, pero evidentemente algo le pasa al otro con lo que uno propone. No le va a cambiar la vida de manera fundamental tal vez, no le va a resolver los problemas cotidianos, pero yo me conformo con que aunque sea lo entretenga y lo haga pasárselo bien durante la hora y pico que dura el espectáculo”, dice el actor.
Todos los caminos vuelven a Rosario
Para Grandinetti, la noción de salir de gira con una obra fue una de las primeras cosas que lo cautivó del quehacer actoral hace más de cincuenta años, cuando empezó a estudiar teatro con Héctor Barreiros en Empleados de Comercio. El docente compartía con sus alumnos la historia de Tespis, quien fue considerado el primer actor. “Como le pasa a los creativos, en aquella época también, al cabo de un tiempo lo expulsaron de donde vivía. No tengo muy claro cuál fue el motivo, pero seguramente molestaba a las autoridades, como siempre molestó el arte. Entonces el tipo se dedicó a recorrer su país con un carro, el carro de Tespis, contando historias por los caminos, a modo de los posteriores juglares. Siempre me quedó esa idea, esa imagen de un tipo en aquellas tierras inhóspitas, arrastrando un carro para contar historias”, recupera Darío, todavía fascinado por la belleza de ese gesto que hoy persiste: moverse por los territorio con el objetivo de compartir historias con la gente.
“Después tuve la posibilidad de hacer muchas giras de teatro, con amigos y amigas. Lo he disfrutado muchísimo, lo he pasado muy bien. A mí me gusta ir a descubrir ciudades nuevas, pero también me gusta ir a ciudades que ya conozco y donde ya sé que voy a ir después de la función a tal lugar a comer. Además, te da la posibilidad de charlar con tus compañeros de manera más relajada porque estás fuera de casa”, agrega.
Más allá del objetivo inherente de salir de gira que tuvo desde su gesta “El escritor de todas las cosas”, Grandinetti no tuvo nunca dudas de que ese camino debía empezar en Rosario, que de cierta manera nunca dejó de ser su casa.
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“No vivo en España como mucha gente dice desde hace mucho tiempo. A veces paso mucho tiempo en España por trabajo y también por cuestiones personales. Tengo una hija viviendo allá, hasta hace poco mi hijo Juan también vivía allí. Lo paso muy bien, me gusta mucho, no reniego, podría vivir en España. Pero yo soy de acá, vivo en Rosario, mi dirección está en Rosario, voto en Rosario, y cuando estoy en Argentina donde más tiempo estoy es en Rosario”, subraya Darío contundente.
En este sentido, no tiene dudas de que el inminente estreno en la ciudad, en coincidencia con su aniversario como actor, será un evento muy emotivo. “Empecé a darme cuenta de que seguramente iba a ser algo muy fuerte emocionalmente. Voy a tratar de que no me afecte para poder trabajar, pero que va a ser fuerte. Pasó mucho tiempo, y todo empezó ahí. No digo que es cerrar un círculo porque el círculo sigue abierto, voy a seguir trabajando, pero hay algo de una celebración que creo que me va a pegar más que un cumpleaños”, apunta.
Después de medio siglo con el oficio, Grandinetti afirma que hay cosas que todavía lo sorprenden. “Tener ganas de seguir”, dice primero entre risas y agrega: “El oficio me sigue sorprendiendo porque todo lo que aparece es nuevo en mi oficio. Cada obra, cada serie, cada película es nueva, siempre y cuando tengamos la fortuna de tener trabajo. Todo es nuevo y efímero también. Nosotros firmamos contratos por dos, tres o cuatro meses como mucho. Los actores siempre estamos empezando o terminando algo. Entonces, siempre tenemos cerca el atractivo de lo nuevo, de lo fresco, del descubrimiento. Es como un romance con el oficio”.