Con la llegada del verano, la localidad santacruceña de Puerto Deseado recibe a sus visitantes más ilustres. Los pingüinos de penacho amarillo volverán para anidar en la única colonia de nuestro país, luego de pasar el invierno en aguas más cálidas.

Con la llegada del verano, la localidad santacruceña de Puerto Deseado recibe a sus visitantes más ilustres. Los pingüinos de penacho amarillo volverán para anidar en la única colonia de nuestro país, luego de pasar el invierno en aguas más cálidas.
Aunque con menos prensa que el arribo de las ballenas a Península Valdés, la llegada de los penacho amarillo a la Patagonia es un hecho relevante para los amantes de la naturaleza, y un espectáculo que no puede divisarse fácilmente. Es que estos simpáticos animalitos reconocibles por un par de mechones amarillos a manera de cejas son una auténtica rareza. Los estudiosos han detectado tres poblaciones, una en el Atlántico (en Argentina y Uruguay), la otra al sur de Nueva Zelanda y la tercera en el océano Indico.
La Isla Pingüino posee la única colonia de esta especie de nuestro territorio continental, ya que las demás se encuentran en las islas subantárticas y en las Malvinas. Durante la temporada de reproducción, las parejas se establecen en esta grieta y se turnan para empollar mientras el otro se alimenta, sin distinción alguna de sexos. Es por ello que en 1992 se declaró Reserva Provincial a esta pequeña isla, donde los penacho amarillo se establecen entre la primavera y los primeros días del otoño, conviviendo con sus "primos" de Magallanes, los skúas, las gaviotas, los cormoranes.
A 11 millas náuticas (unos 20 kilómetros) de la ciudad de Puerto Deseado, la Isla Pingüino es uno de los platos fuertes de esta localidad portuaria santacruceña. Para llegar a este lugar de playas rocosas hace falta espíritu de aventura y la guía de un buen baqueano. De naturaleza virgen, acercarse a ella implica un desembarco accidentado, donde es tan importante conocer los momentos de marea más propicios como estar dispuesto a saltar sobre las piedras.
Tras este pequeño ejercicio, una pequeña planicie brinda la oportunidad de descansar y disfrutar del paisaje. A lo lejos se ve un viejo faro que imprime al escenario un aura misteriosa. A lo lejos, la inconfundible silueta de los pingüinos de Magallanes parece señalar el camino hacia atrás de unas lomas.
Sin embargo, la abundancia de estos pingüinos no es lo que llama la atención, sino unos gritos que provienen de una profunda grieta cercana al mar. Cuando la curiosidad lleva a las cercanías de esos sonidos, cientos de cabecitas extrañas asoman como asombradas ante las visitas.
El pingüino de penacho amarillo - Eudyptes chrysocome- es el más pequeño de los pingüinos crestados, con un tamaño de 55 centímetros y un peso de tres kilos y medio.
Su característica es una ceja de plumas de color amarillo intenso, que coronan un par de ojos de profundo rojo.



Por Nicolás Maggi
Por Miguel Pisano