Turismo

San Juan: Donde nace el viento

La provincia cuyana, además de sus vinos y gastronomía, ofrece innumerables paisajes y escenarios para practicar deportes.

Domingo 07 de Octubre de 2018

Por medio de diques, canales y acueductos se ha desarrollado la producción vitivinícola, símbolo inconfundible de la economía cuyana. Las bodegas sanjuaninas, equipadas con maquinaria de última generación, son cuna de exquisitos varietales que han sido reconocidos con premios en todo el mundo. Asimismo, por ser San Juan una provincia dominada netamente por atractivos naturales, es el escenario ideal para la práctica del turismo aventura y deportes no convencionales. Uno de los circuitos más impactantes es el que sube a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar para admirar los Penitentes Sanjuaninos (formaciones de hielo que surgen por la acción del sol y el viento sobre grandes acumulaciones de nieve en terrenos de gran aridez).

   Este fenómeno es muy poco común en el mundo y se da sólo en latitudes como la de San Juan y algunos lugares de Asia.

   Para los amantes del windsurf, el dique Cuesta del Viento es considerado uno de los mejores lugares del mundo para la práctica de este deporte, por sus condiciones geográficas y climáticas. El turismo rural es otra práctica habitual, en especial la aventura en cabalgatas por la cordillera de Los Andes, un recorrido de impactante belleza y contacto con la tierra. San Juan es bendecida por otro hito de la naturaleza, reconocido como Patrimonio de la Humanidad, el Parque Provincial Ischigualasto (también llamado Valle de la Luna), uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo.

Jáchal, tradición, naturaleza y geoturismo

   A la vera de la Ruta 40, en el norte de San Juan, una villa del siglo XVIII, un santuario de aves y un aula a cielo abierto donde espiar la historia de la Tierra. En el norte de la provincia de San Juan, a 157 kilómetros de la ciudad capital , en el kilómetro 324 de la mítica Ruta 40, una tierra sabia y sencilla donde la historia, la cultura, las tradiciones ?ancestrales y folclóricas- viven en bellos escenarios naturales.

   Con pasado de pueblo histórico y agrícola y un presente con sabor a tradición y aventura por descubrir, se destacan en Jáchal la Ruta de los Molinos Harineros, los bellísimos paisajes de la Cuesta de Huaco y el Area Natural Protegida La Ciénaga. Auténticas obras de ingeniería humana, los Molinos Harineros de Jáchal, construidos en el siglo XIX, hablan del pasado agrícola de la región y cuentan cómo se forjó la cultura jachallera: esfuerzo, trabajo sin tregua, y mucha pasión, para sembrar los áridos campos y cultivar el trigo con el que se amasaría el pan de cada día.

   Declarados Monumento Histórico Nacional en el año 2000, los Molinos Harineros ?de García (O del Alto), de Reyes, de Huaco (O Dojorti) y de Sardiña (O de Santa Teresa), entre otros- son patrimonio cultural no sólo por su aporte a la economía regional sino también por los detalles arquitectónicos de sus construcciones y los perfectos mecanismos de su funcionamiento -basado en la fuerza misma del agua de los ríos jachalleros-.

   El Area Protegida La Ciénaga, 25 kilómetros al norte de la villa de Jáchal, y a 10 kilómetros del pueblo de Huaco, es un imperdible de la visita a esta tierra porque en sus 9.600 hectáreas pueden observarse, además de bellísimos paisajes y las más diversas aves ?por lo que los seguidores del birwatching la consideran un verdadero santuario-, huellas de la historia de la Tierra. Su riqueza cultural, natural y paleontológica y el valor de sus formaciones geológicas, similares a las del Parque Provincial Ischigualasto, fueron determinantes para que en el año 2005 se la declarara Area Natural Protegida. Sitio destacado para el geoturismo ?y por ello conocido entre los profesionales de la actividad como "aula a cielo abierto"-, se recorre a pie, por senderos señalizados, y/o en bicicleta de montaña.


Velas en el desierto del viento

   En el centro del Valle de Calingasta, entre los faldeos de la precordillera y la cordillera de Los Andes, una cita irresistible con la adrenalina. Barreal es un pequeño pueblo ubicado en el Valle de Calingasta a tres horas y media de viaje de la ciudad de San Juan. Un oasis precordillerano emplazado en la aridez del desierto sanjuanino que es sede de partida de una importante cantidad de excursiones de turismo aventura que se realizan en la tierra del Zonda.

   Aquí la aventura se vive a través de cabalgatas a lomo de mula y a caballo entre álamos y sauces; en excursiones en mountain bike por la montaña; haciendo rafting en el río Los Patos; en travesías hacia Laguna Blanca, a poco más de 3.000 metros de altura, donde se llega exclusivamente mediante vehículos 4x4. Y, por supuesto, a través del carrovelismo.

   A 30 kilómetros de Barreal, la Pampa de Leoncito -o Barreal Blanco- es la planicie terrosa más vasta de Sudamérica. Tiene 12 kilómetros de largo y 5 kilómetros de ancho. Por los vientos que aquí soplan y por su inclinación casi nula, es una de las pistas preferidas para la práctica de la náutica a carrovela en la Argentina. Alguna vez fue una laguna; hoy, todo lo que se observa es un terreno de arcilla prolijamente agrietada, tan compacto que nada parecería atravesarlo.

   La desértica blancura del lugar es, en verdad, estremecedoramente fascinante. En términos científicos esta pampa es el resultado de inclementes aluviones que arrastraron sedimentos y polvo arcilloso. Aunque la leyenda popular dice que es un castigo divino a los habitantes originarios del lugar, los huarpes, que dependían de ese lago para sobrevivir y que durante mucho tiempo se quejaron incesantemente del fuerte viento que los azotaba. Ese mismo que hoy resulta, de septiembre a marzo, en el disfrute absoluto de los viajeros que se animan a los windcars, sean expertos listos para los monoplaza, o los recién llegados que se divertirán a bordo de los biplaza en compañía de los guías del lugar. Importante: En Pampa del Leoncito no hay ningún tipo de servicios.


Ischigualasto

   Un lugar donde la naturaleza lleva trabajando algo más de 220 millones de años. Un paisaje de otro planeta que supieron habitar los dinosaurios y que hoy es Patrimonio del Mundo. Las geoformas, resultado de la erosión natural, adoptan figuras raras como "el submarino" y "el hongo", entre las más características.

   Nada en este sitio ha sido alterado por la mano del hombre, los diversos tonos de color de la tierra se despliegan en el suelo y las paredes rocosas se imponen ante la inmensidad. Allí descansan los restos fósiles de los dinosaurios más antiguos de la Argentina, en la vastedad erosionada por el tiempo que conforma un paisaje extraordinario y de un alto valor científico.

   Una visita fugaz de uno a tres días alcanza para recorrer la zona a fondo. Se puede comer y dormir en San Agustín de Valle Fértil o, los más aventureros, en el comedor y el camping del mismo parque. La noche es otra aventura, más aun cuando hay luna llena. Esos días se ofrece un recorrido, diferente al normal de cinco estaciones, que abarca 40 kilómetros de la reserva para hacer aún mejor la experiencia. De nuevo bajo el sol, se elige como alternativa un paseo en mountain bike dentro del circuito o senderismo en el cerro Morado. www.viviargentina.tur.ar

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