Quizás hasta la película “Coco” y su entrañable manera de contar la relación entre los mexicanos y sus muertos, el cementerio siempre fue en las películas el lugar donde habitan los demonios, el escenario de los crímenes más aterradores, la parte de la ciudad que era preferible evitar, más aún por las noches. Y también es el sitio donde nos despedimos de las personas que más queremos, la marca en la historia donde la gente buena (y la mala también) ya no producirá cosas nuevas, el momento en que nuestros cantantes favoritos dejan de cantar, cuando los escritores dejan de escribir, cuando los pintores dejan de pintar.
Los argentinos estamos habituados al cementerio de la Recoleta, quizás el rincón más arrogante de Buenos Aires al que visitamos con la excusa de que no solamente están allí varios de los apellidos más respetados de la patria sino que además es lindo, es una pequeña ciudad de mausoleos y bóvedas elegantes y soberbias. Pero, ¿ir a un cementerio estando de viaje por Francia? ¿En serio?
Si la respuesta es: ¿por qué no?, entonces Père-Lachaise es la primera opción, por historia, por su fama mundial, por los ricos y famosos que descansan eternamente en esas tumbas y porque, sí, es lindo. Pero, cuidado, Père-Lachaise también puede convertirnos en adictos a visitar cada camposanto y necrópolis que haya más o menos cerca.
Y, aún peor, podría llevarnos hacia el turismo negro con destinos como Hiroshima, Chernobyl o Camboya, y recorridos como el Medellín de Pablo Escobar, la prisión de Alcatraz o la recreación del último paseo en auto de JFK en Dallas. Sin ir tan lejos, la capital francesa tiene unos 300 kilómetros de catacumbas con más de seis millones de esqueletos humanos.
Pero no perdamos el eje, estamos en le cimetière du Père-Lachaise, lleno de senderos sinuosos rodeados de árboles y vegetación, y con mausoleos, bóvedas y monumentos que lo convierten en un auténtico museo al aire libre. Más de uno puede llegar a opinar que es un lugar hermoso.
Un lugar para los muertos
El XX Distrito de París alguna vez fue un barrio pobre desbordado de forajidos. Hasta que el adinerado comerciante Régnault de Wandonne construyó allí su casa en 1430. Un par de siglos después vivió en ese mismo lugar el confesor de Luis XIV, el padre François d'Aix de la Chaise, conocido como Le Père La Chaise. Tras la muerte de Père La Chaise, y ya con los terrenos en manos de la comuna, la ciudad decidió que era tiempo de mejorar las terribles condiciones de enterramiento de sus muertos, acumulados de a millones (literalmente) en las catacumbas de París.
Diseñado por el arquitecto Alexandre-Théodore Brongniart, el entonces llamado Cemetery de l'Est se inauguró el 1º de mayo de 1804 solamente con trece tumbas y la inhumación de una niña de cinco años, Adélaïde Paillard de Villeneuve. Pero los parisinos no veían con buenos ojos ser enterrados tan lejos del centro de la ciudad.
Ese mismo año se trasladaron allí los restos del fabulista Jean de la Fontaine y el dramaturgo Molière, y más tarde los del filósofo Pierre Abélard y su esposa Héloïse. La maniobra publicitaria funcionó y los ricos y famosos de París no tardaron en adoptar a Père-Lachaise como la necrópolis de la burguesía. Incluso Nicolas Frochot, el prefecto que había adquirido estas tierras para que el ayuntamiento construyera el cementerio, compró una parcela para su morada final, la cual le costó mucho más cara de lo que había tenido que pagar por las 17 hectáreas completas. En 1830 ya había unas 33.000 tumbas.
El cementerio se amplió hasta sus actuales 43 hectáreas, con 70.000 tumbas, más de cuatro mil árboles de 80 especies diferentes, cuarenta especies de aves que viven en el camposanto, gran cantidad de gatos, lagartos, ardillas y erizos, y dos millones de visitantes al año. Es el cementerio más amplio de los catorce que hay dentro de los límites de París y uno de los parques más grandes de la ciudad, solamente por detrás del Bois de Vincennes y el Bois de Boulogne.
Al día de hoy hay cientos de enterramientos anuales en Père-Lachaise, aunque existen ciertas condiciones que deben cumplirse para ocupar una parcela, como tener domicilio en París y que haya lugar disponible al momento del fallecimiento, ya que no se puede reservar un lugar antes de producirse el deceso. También hay que tener dinero aunque no es tan caro como pueda pensarse: hasta hace algunos años, la concesión a 50 años de un terreno de dos metros cuadrados costaba ?4.458, mientras que un cajón en el columbario por diez años salía ?404.
Pero estamos aquí para hablar de los muertos célebres de Père-Lachaise, así que pasemos a la lista de algunos de los nombres más reconocidos, no sin antes aclarar que no es nada fácil encontrar las tumbas incluso con un mapa en la mano, así que habrá que ir con tiempo y paciencia.
Más allá de las previsibles historias de fantasmas, espiritismo y leyendas urbanas, quizás lo más curioso de Père-Lachaise sea la gran cantidad de conexiones en vida que tuvieron muchos famosos que terminaron siendo vecinos en su morada final.
Sección 4
Colette (1873-1954): arriba de los escenarios se besó con una mujer y mostró sus pechos desnudos. En la vida real amó a personas de ambos sexos y se ganó el desprecio de media París escandalizada, aunque tuvo uno de los funerales más ostentosos de la época. También fue una escritora exitosa, que ganó celebridad internacional con su novela “Gigi”.
Gioachino Rossini (1792-1868): devoto de la buena cocina, distintos chefs le dedicaron platos con su apellido: tournedos a la Rossini, huevos a la Rossini, canelones a la Rossini, consomé, sopa de avellana, jamón trufado, risotto, lenguado, suprema de faisán, entre otros. Pero su verdadera fama responde a haber compuesto óperas tan reconocidas como “El barbero de Sevilla”. En Père-Lachaise hay un cenotafio en su memoria, mientras sus restos descansan en la Basílica de la Santa Cruz de Florencia, Italia.
Georges Eugène Haussmann (1809-1891): Napoleón III le encargó a Haussmann, entonces jefe de gobierno parisino, un programa de reformas urbanísticas con las que terminó de moldear la ciudad más moderna del mundo. Construyó grandes bulevares y generosos jardines, y definió el estilo Haussmann: viviendas de seis plantas con un máximo de 20 metros, techos a 45º, paredes de piedra caliza, rejas negras y balcones en el piso 2º y en el 5º. Es decir, París tal como la conocemos.
Sección 6
Jim Morrison (1943-1971): como cantante y poeta fue un icono de rebeldía y contracultura. El líder de The Doors es otro de los integrantes del “Club de los 27”, donde comparte con Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain, Robert Johnson y Brian Jones el privilegio de haber muerto a los 27 años y en la cúspide de su carrera. Sobre su tumba siempre hay flores y no es extraño que también se vean botellas (la mayoría vacías, no se permite entrar con alcohol al cementerio, aunque cada tanto alguna pasa), cigarrillos, fotografías e incluso ropa que sus seguidores dejan como ofrenda. Se dice que su tumba está vigilada por cámaras ocultas.
Sección 7
Pierre Abélard (1079-1142) y Héloïse d'Argenteuil (1092-1164): la trágica historia romántica de los amantes medievales Abelardo y Eloísa (que terminó con él castrado y ella tomando los hábitos en el convento de Argenteuil) dio origen a la más antigua historia de amor de París. Condenados a vivir y morir separados, los restos del filósofo y su amante recién se reunieron al compartir la tumba a la que fueron trasladados pocos años después de la inauguración de Père-Lachaise. Según la tradición, los solteros que buscan el amor verdadero lo encuentran tras dejar una carta en la cripta.
Camille Pissarro (1830-1903): uno de los padres del movimiento impresionista, el pintor nacido en una isla caribeña (y muerto en la capital francesa) supo retratar tanto la vida campestre como la cotidianidad de París, en especial las calles de Montmartre. Algunos de sus discípulos fueron Cézanne y Gauguin.
Sección 10
Claude Chabrol (1930-2010): el multipremiado cineasta fue uno de los máximos exponentes de la Nouvelle Vague, junto a Godard y Truffaut, entre otros. Tuvo una extensa filmografía en medio siglo de carrera y una de las tantas actrices que dirigió fue Marie Trintignant, también enterrada en Père-Lachaise.
Sección 11
Frédéric Chopin (1810-1849): un multitudinario funeral acompañó al compositor polaco que 13 días antes había muerto (aparentemente de tuberculosis) en la casa del número 12 de Place Vendôme. Sonó el “Réquiem de Mozart”, tal como lo había pedido el virtuoso pianista, y entre las personalidades que se sumaron al cortejo fúnebre estaba su amigo Delacroix, que 24 años después también tendría su propia parcela en este mismo cementerio. A la sencilla tumba de Chopin se le añadió un año después una estatua de Euterpe, la musa griega de la música. El corazón del músico no está aquí, fue retirado y llevado de regreso a su Polonia natal, a pedido de su hermana.
Michel Petrucciani (1962-1999): la diminuta figura de Petrucciani, deformada por una enfermedad ósea, no le impidió convertirse en uno de los grandes pianistas del jazz contemporáneo. Murió a los 36 años en New York.
Sección 12
Théodore Géricault (1791-1824): se dedicó a pintar escenas oscuras y depresivas, que tenían como protagonistas a pacientes psiquiátricos y muertos (era habitual que visitara los hospitales y la morgue para estudiar los cuerpos agonizantes y los cadáveres). Su obra más famosa, la perturbadora “Balsa de la Medusa”, fue casi una crónica de un naufragio de la época en la que combinó elementos barrocos y del romanticismo. Dedicó su última época a la litografía debido a una enfermedad que lo mantuvo postrado y murió a los 32 años. Su tumba lo muestra en una escultura de bronce, pincel en mano, sobre un bajorrelieve de “La Balsa de la Medusa”.
Sección 23
René Lalique (1860-1945): ¿puede un maestro vidriero y joyero convertirse en un artista de museo? Sí, es el caso de Lalique, creador de verdaderas obras de arte que terminaron expuestas en diversas partes del mundo. Diseñó joyas, adornos, vasos, candelabros y relojes, y fue el primero en sumar a un perfume de lujo un envase igualmente ostentoso. Su lápida en Père-Lachaise está decorada con una de sus creaciones, el que quizás sea el crucifijo más delicado y luminoso del cementerio.
Sección 25
Jean de La Fontaine (1621-1695): poeta y cuentista, La Fontaine terminó por convertirse en una destacada figura de la educación francesa, cuando entendió que las fábulas eran un gran vehículo para transmitir valores a los niños. Integró un grupo literario del que también participó Molière, quien por estos días es su vecino más cercano en el cementerio.
Molière (1622-1673): considerado el padre de la Comedia Francesa, su ácida crítica de la sociedad lo transformó en uno de los dramaturgos más provocadores de la época y también de los más populares en las décadas siguientes. Se dice que vestía de amarillo cuando sufrió un ataque cardíaco mientras interpretaba su obra “El enfermo imaginario”, para morir una semana después, y es por eso que muchos actores supersticiosos no usan jamás ese color en escena.
Sección 27
Victor Hugo (1802-1885): quienes quieran rendir homenaje a los restos de este poeta, dramaturgo y novelista deberán visitar el Panteón de París, donde comparte su última morada con los grandes personajes de la historia de Francia. Fue una opción de último momento, ya que estaba previsto que fuera enterrado en Père-Lachaise, cementerio que finalmente debió contentarse con albergar al resto de su familia: Charles (hijo de Victor Hugo, periodista), François-Victor (otro hijo, traductor y político), Eugène (su hermano, escritor), Sophie (madre) y Joseph Léopold Sigisbert Hugo (padre y general del Primer Imperio Francés).
Sección 44
Sarah Bernhardt (1844-1923): seductora por naturaleza, Sarah Bernhardt fue al mismo tiempo una actriz caprichosa, la gran diva internacional antes de Hollywood y una verdadera coleccionista de amantes. Entre sus enamorados se encontraba casualmente Léon Gambetta, quien posteriormente sería homenajeado con el nombre de una de las calles que bordea Père-Lachaise y con el nombre de la estación de la línea 3 del metro, ubicada al oeste de la necrópolis.
¿Más conexiones con Père-Lachaise? Victor Hugo escribió una obra especialmente para ella, al igual que lo hiciera su amigo Oscar Wilde, a la postre también habitante del cementerio. Miles de parisinos acudieron a su funeral, tras el cual fue enterrada en el mismo féretro que compró cuando era una veinteañera y que en ocasiones usaba como cama.
Yves Montand (1921-1991) y Simone Signoret (1921-1985): Edith Piaf (hoy enterrada en la Sección 97 de Père-Lachaise) fue amante de Yves Montand. Ella le dio el empujón que el actor necesitaba para ganarse un lugar en el mundo del cine y para convertirse en el rey de la chanson française. Montand contrajo matrimonio con Simone Signoret en 1951, con quien luego compartiría el protagónico en varias películas, incluida “Las brujas de Salem”, escrita como obra teatral por Arthur Miller.
Años después, Miller y su esposa, Marilyn Monroe, conocerían a Montand y Signoret en el rodaje de “Let's Make Love”, protagonizada por el actor francés y la rubia más deseada de Hollywood. Aunque las escenas más calientes entre ambos fueron más allá del set y se repitieron en la vida real, Montand y Simone Signoret continuaron casados durante más de treinta años, hasta la muerte de la actriz. La pareja comparte sepultura en Père-Lachaise.
Allan Kardec (1804-1869): quienes busquen fantasmas en Père-Lachaise quizás deban empezar por la tumba de Kardec, conocido como el fundador del espiritismo. Su trabajo fue organizar la doctrina de lo que hasta entonces era apenas un entretenimiento popular. Convencido de que los muertos podían comunicarse moviendo objetos, definió al espiritismo como “una ciencia que se ocupa de la naturaleza, el origen y el destino de los espíritus y su relación con el mundo corpóreo”. Su tumba, donde puede leerse “Nacer, morir, renacer y seguir progresando, esa es la ley”, es siempre la más florida del cementerio.
Sección 45
Marie Trintignant (1962-2003): fue una actriz que alguna vez tuvo un papel a las órdenes de Claude Chabrol, otro de los célebres moradores de Père-Lachaise. No fue su única conexión con este cementerio, ya que en julio de 2003 viajó a Lituania para rodar “Colette”, una miniserie de televisión sobre la vida de la actriz que también está enterrada en la necrópolis. A poco de finalizar el rodaje, su novio, Bertrand Cantat, cantante de la banda de rock Noir Désir, la golpeó tan brutalmente que Marie Trintignant fue hospitalizada y murió días más tarde.
Sección 48
Honoré de Balzac (1799-1850): Balzac se planteó el proyecto más ambicioso y descomunal de la literatura universal: “La comedia humana”, un retrato de la sociedad francesa en 137 novelas e historias interconectadas. No le alcanzó lo que le quedaba de vida: escribió durante 20 años y murió dejando más de tres mil personajes en 85 novelas terminadas, además de relatos y ensayos. En el medio se hizo tiempo de escribir también cinco obras de teatro y una colección de cuentos.
Sección 49
Eugène Delacroix (1798-1863): fue uno de los grandes pintores románticos franceses. Su obra cumbre sería “La Libertad guiando al pueblo”, icono del levantamiento contra la monarquía opresora, expuesta en el Louvre de París, en la misma sala donde está “La balsa de la medusa”, de Géricault. Delacroix fue amigo de Chopin, quien también descansa eternamente en Père-Lachaise.
Anna Karina (1940-2019): leyenda de la nouvelle vague e icono pop de los sesenta, Anna Karina fue la actriz fetiche de Jean-Luc Godard, quien también se convertiría en su esposo. Fue además directora de cine, novelista y hasta le puso la voz a uno de los éxitos de Serge Gainsbourg, “Sous le soleil exactement”.
Sección 52
Paul Gachet (1828-1909): fue pintor, mecenas de artistas, profesor de anatomía artística y médico. Pero todos lo recordaremos como el doctor de Van Gogh en Auvers-sur-Oise, inmortalizado con aires melancólicos en el óleo “Retrato del doctor Gachet”. “Está más enfermo que yo mismo, creo, o podemos decir que casi igual”, lo describió el propio Vincent cuando empezaba a dudar de la eficacia de los tratamientos. El doctor Gachet también frecuentó a otro habitante de Père-Lachaise, Camille Pissarro, e incluso atendió a la madre y los hijos del pintor impresionista.
Sección 64
Georges Méliès (1861-1938): fue zapatero, director teatral, reportero, dibujante, ilusionista y también el encargado de empujar en un enorme salto de calidad a una industria recién nacida, la cinematografía. Méliès quedó deslumbrado cuando presenció en 1895 una de las primeras proyecciones de los hermanos Lumière. Quiso comprarles el cinematógrafo pero, ante la negativa, adquirió al inventor Robert William Paul un modelo similar. Quizás inspirado en el trabajo de Alice Guy-Blaché (olvidada pionera de la ficción en el cine), Méliès descubrió la forma de combinar su pasión por el ilusionismo con el nuevo arte y se convirtió en el precursor de los efectos especiales. Su producción más famosa es de 1902, con la que se anticipó casi siete décadas a la llegada del hombre a la Luna. Muchos lo conocerán por el homenaje que le rindió Martin Scorsese en “La invención de Hugo Cabret”.
Sección 66
Georges Seurat (1859-1891): fundador del neoimpresionismo, Seurat fue el primer pintor en lograr que el ojo del espectador combinara esos puntos sueltos (la técnica conocida como puntillismo) y convirtiera esas formas de colores puros en objetos y elementos de la naturaleza. Murió a los 31 años de una angina infecciosa.
Sección 68
Georges Bizet (1838-1875): otro artista que falleció muy joven, Bizet compuso muchas óperas pero la mayoría coincidían en el fracaso y la reprobación de la crítica. En 1875 estrenó con gran ilusión “Carmen”, que tampoco pudo escapar del rechazo de la prensa. Cerca del final de la temporada, mientras el teatro regalaba entradas para que no hubiera tantas butacas vacías, Bizet murió de un ataque al corazón. Fue el preciso instante en que comenzó su fama, la crítica lo celebró y “Carmen” se transformó súbitamente en un éxito que se mantiene hasta la actualidad.
Sección 85
Marcel Proust (1871-1922): la obra que publicó en vida este autor de frágil salud se limita a un libro autogestionado de narraciones, una traducción al francés de John Ruskin y una historia contada a través de relatos en los que parodiaba a otros escritores. En el medio publicó nada menos que los siete volúmenes de “En busca del tiempo perdido”, pieza clave de la literatura contemporánea. Enfermo de asma y atacado por una neumonía, Proust murió a los 51 años. Los últimos tres volúmenes de su obra más famosa fueron publicados de manera póstuma, igual que otras de sus novelas y la recopilación de su prolífica correspondencia en 21 tomos.
Rafael Leónidas Trujillo Molina (1891-1961): algunos dominicanos recuerdan al presidente Trujillo como un dictador capaz de hacer cualquier cosa por incrementar su fortuna. Otros dirán que fue el gran benefactor de República Dominicana. Lo cierto es que fue asesinado en un atentado y, tras su funeral en San Cristóbal, una revuelta obligó a los familiares a llevar el cuerpo momificado de Trujillo a Francia. Fue enterrado en Père-Lachaise, pero tiempo después se supo que sus restos fueron trasladados en 1970 a España y finalmente sepultados en el Cementerio de Mingorrubio, cerca de Madrid, donde descansan en una tumba negra sin inscripción. Desde octubre de 2019 otro famoso dictador tiene su tumba en Mingorrubio: Francisco Franco.
Sección 86
Guillaume Apollinaire (1880-1918): inventor del término surrealismo, Apollinaire rompió con las formas poéticas clásicas. Publicó poemas, obras en prosa y caligramas, esos versos cuyas palabras dan forma a una figura. Ya era famoso cuando fue arrestado por el robo de “La Gioconda” del Louvre, y el poeta no tuvo mejor idea que incriminar a su amigo Pablo Picasso. Finalmente ambos recobraron la libertad pero solamente dejaron de ser sospechosos cuando cayó el verdadero ladrón. Combatió en la Primera Guerra Mundial y regresó con una herida de bala en la cabeza, poco antes de que el mundo empezara a hablar de la llegada de una pandemia. “Es la enfermedad de moda”, se burló en octubre de 1918 de la fiebre española, la misma que un mes después lo llevó a la tumba. El mausoleo del poeta fue diseñado por Picasso y financiado con la subasta de obras de Matisse y del propio malagueño.
Sección 87 (Columbario)
Max Ernst (1891-1976): se valió de todas las técnicas posibles para lograr materializar los sueños y la imaginación. Se dedicó al collage, al frottage, al dripping, al grattage, a la escultura y también fue actor a las órdenes de Luis Buñuel. Combatió en la Primera Guerra para el bando alemán (había nacido en Brühl) pero luego se instaló en París, lo que le trajo serios problemas en el segundo gran conflicto bélico global: para los aliados era alemán, para el Eje era un traidor y, para colmo, uno de esos “degenerados” artistas innovadores y provocadores. (La urna de Ernst en el Columbario es la #2.102, del lado exterior).
Isadora Duncan (1877-1927): leyenda del ballet contemporáneo y dueña de un estilo innovador, tuvo una vida llena de excentricidades y escándalos, atravesada por la tragedia. Su padre murió en un naufragio y sus hijos, de 3 y 7 años, fallecieron ahogados en el río Sena en un accidente automovilístico. Isadora volvió a ser madre, pero su bebé apenas sobrevivió unos minutos tras el parto. Su matrimonio con Serguéi Yesenin, 17 años más joven que ella, duró apenas un año, y el poeta ruso terminó por suicidarse. Ella misma tuvo un final tan trágico como absurdo: murió ahorcada por su propia chalina, que ondeaba al viento por la ventanilla del auto en el que viajaba y que se enredó en las ruedas. (Urna #6.796).
Maria Callas (1923-1977): una obesa niña que se obsesionó en convertirse en cantante terminó siendo una de las grandes sopranos de la historia. “La Divina” Callas tenía un rango vocal inigualable y un gran talento dramático, que la hicieron famosa en todo el mundo, pero el éxito no la acompañaría en su vida amorosa. Abandonó su carrera a los 41 años para acompañar al gran amor de su vida, el magnate Aristóteles Onassis, quien la dejó para casarse con Jackie Kennedy. Callas volvió a los escenarios en 1973 pero su voz ya no era la misma. Murió en absoluta soledad a los 53 años en un lujoso departamento parisino, el acta de defunción se refirió a una crisis cardíaca pero sus allegados siempre sospecharon de un suicidio. Si bien la urna #16.258 del primer nivel del columbario lleva su nombre, sus cenizas fueron esparcidas en el mar Egeo.
Sección 89
Oscar Wilde (1854-1900): si bien toda su obra fue muy celebrada en su momento, su trabajo más famoso y el que más trascendió fue su única novela, “El retrato de Dorian Grey”. Eterno provocador, también se volvieron célebres sus memorables citas: “La experiencia es el nombre que todos dan a sus propios errores”, “California es Italia sin arte”, “el trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, “sólo los superficiales se conocen a sí mismos”, “los solteros ricos deberían pagar más impuestos, no es justo que algunos hombres sean más felices que otros”. Fue encarcelado por homosexual y ya no volvió a ser el mismo, quedó deprimido y sumido en la pobreza. Se dice que, sobre el final de sus días, en el hotel donde vivía acumulando deudas pidió una botella de champagne y aseguró: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades”. Hartos de limpiar los besos que los visitantes estampaban sobre el mausoleo, las autoridades del cementerio decidieron protegerlo con un cristal y también rodearlo de vallas.
Sección 92
Victor Noir (1848-1870): un periodista que fue más famoso tras su muerte que en vida. Asesinado de un disparo al intentar impedir un duelo de un sobrino de Napoleón III, el enrarecido clima político del momento hizo que su funeral fuese multitudinario. Pero el renombre le llegaría tiempo más tarde: su estatua fúnebre lo representa recién baleado, tendido boca arriba, con la camisa entreabierta y una desproporcionada entrepierna. No demoró en difundirse el mito de que el difunto Noir podía ayudar a las mujeres con problemas de fertilidad, y para esto debían besar sus labios y frotar ese abultado miembro viril. La costumbre se mantiene, lo cual se puede advertir fácilmente: esa bragueta tan acicalada brilla en su esplendor más dorado, en contraste con el verdoso resto de la estatua. También es parte del ritual dejarle una flor en el sombrero, aunque no parece ser el detalle más importante.
Sección 94
Gertrude Stein (1874-1946): millonaria desde la cuna, fue coleccionista de arte, mecenas y amiga de figuras como Picasso, Matisse, Hemingway y Fitzgerald. Se hizo famosa como pionera de la literatura modernista. Su obra más famosa es “La autobiografía de Alice B. Toklas”, su propia historia contada desde la perspectiva de su pareja. Ambas están enterradas en tumbas contiguas en Père-Lachaise.
Sección 95
Armand Peugeot (1849-1915): primero fabricó un triciclo a vapor hasta que, en 1896 y ya al frente de su propia compañía, Armand Peugeot se dedicó a la producción de automóviles con motor de combustión interna. Fue en esos coches donde el manillar se convirtió en volante y las ruedas en neumáticos. Dejó la dirección de la compañía en 1913, cuando fabricaba unos 10.000 autos al año.
Tignous (1957-2015): Bernard Verlhac, más conocido como Tignous, era un caricaturista del semanario satírico Charlie Hebdo. Ya habían sido amenazados por burlarse de los musulmanes radicalizados y hasta soportaron un ataque incendiario por publicar una caricatura de Mahoma, hasta que el 7 de enero de 2015 sufrieron un atentado terrorista: dos encapuchados de Al Qaeda entraron a la redacción con fusiles Kalashnikov y asesinaron a doce personas, entre ellas Tignous. Uno de sus compañeros contó que, en el preciso momento del ataque, el caricaturista preguntaba: “¿Qué estamos haciendo mal como ciudadanos para que los jóvenes vean el terrorismo como una salida?”.
Sección 96
Amedeo Modigliani (1884-1920): murió joven tras una vida de pobreza, alcohol y drogas. Su estilo como pintor y escultor, basado en retratos y desnudos de figuras alargadas, no tuvo éxito sino hasta después de su fallecimiento.
Sección 97
Edith Piaf (1915-1963): son incontables las veces en que, sobre una narración referida a París, suena de fondo la voz de Piaf entonando “La vie en rose”. Pero la cantante francesa más famosa del siglo XX no tuvo una vida color de rosa: fue abandonada por sus padres alcohólicos y criada por su abuela en un burdel, sufrió de ceguera temporal, cantó en las calles por monedas y, cuando todavía no era mayor de edad, perdió a su hija de dos años por una meningitis. Tras grabar su primer disco en 1936 y cuando parecía que comenzaría una carrera de éxito, su mentor artístico fue asesinado de un disparo y ella se convirtió en la principal sospechosa. Finalmente, consiguió fama internacional como la voz icónica de la chanson française, pero en su vida personal se dedicaba a coleccionar amantes y crisis existenciales. La depresión la llevó al alcohol y los tranquilizantes y, tras un accidente automovilístico, los dolores recurrentes la arrastraron a una adicción a la morfina. A sus problemas hepáticos y una artrosis reumatoide se sumó un cáncer de hígado que terminaría con su vida a los 47 años. Jean Cocteau, uno de sus mejores amigos, murió horas después que ella. Unos 40.000 parisinos participaron del cortejo fúnebre hasta Père-Lachaise.
Gerda Taro (1910-1937): nacida como Gerta Pohorylle en una familia burguesa polaca, abrazó su vocación de fotógrafa y junto a su pareja, Endre Erno Friedmann, idearon un supuesto reportero gráfico de presunto renombre en Estados Unidos. Ella se convirtió en Gerda Taro, la representante, y él fue Robert Capa, el reportero gráfico. Cubrieron juntos la Guerra Civil Española, donde tomaron una fotografía que se convirtió en sinónimo de ese conflicto bélico y también en una imagen icónica del siglo XX. “Muerte de un miliciano” muestra el preciso instante en que un combatiente anarquista recibe un disparo mortal en la cabeza, pero hay muchas dudas en torno a esa imagen: ¿quién de los dos fue el autor? ¿Fue una foto de un combate real o una escena montada? Ya distanciados y trabajando cada cual por su cuenta, Gerda fue al oeste de Madrid para cubrir la batalla de Brunete. Viajaba en el estribo de un coche cuando, en el momento en que aviones enemigos sobrevolaron el convoy, cayó y fue atropellada por un tanque. Murió seis días antes de cumplir los 27 años.
Ettore Bugatti (1881-1947): nació en una familia de artistas, hecho que queda a las claras en el nombre de su hermano, Rembrandt Bugatti. Pero Ettore se dedicó de manera autodidacta a la industria del automóvil. Diseñó coches de calle, deportivos (un Bugatti fue el primer ganador del Gran Premio de Mónaco) y de lujo, como el Bugatti Royale (se hicieron seis unidades y solamente se vendieron tres). En Père-Lachaise hay un cenotafio en su memoria, sus restos están en Dorlisheim, Alsacia.
Bonus argentino
Juan José Saer, el gran escritor nacido en Serodino (Santa Fe), murió en 2005 en París y fue enterrado en Père-Lachaise. Está casi escondido en el Columbario, en la urna #40.216.