Para conocer los encantos de la provincia de La Rioja, el punto de partida ideal
es la ciudad capital. Al pie de las sierras de Velasco, la fisonomía de la ciudad conjuga la
modernidad con los vestigios de un pasado colonial que la transforman en un centro urbano de
singular tranquilidad y calidez. Dotada de una importante oferta de servicios turísticos, la
capital provincial es un destino en sí mismo. Posee un casco histórico cuyas construcciones del
período colonial revelan el grandioso pasado de estas tierras.
Pero el plato fuerte son las iglesias riojanas. La catedral de San Nicolás de
Bari es el principal centro religioso de La Rioja capital. En este templo —de estilo
bizantino—, todos los 31 de diciembre se realiza la fiesta más importante del culto popular
regional: el Tincunako. Las iglesias de La Merced y San Francisco, el templo de Las Padercitas y el
convento de Santo Domingo completan un rico circuito de turismo religioso.
En La Rioja, una de las opciones más fuertes es el turismo aventura o de alta
montaña. Y en este punto el Parque Nacional Talampaya, la Reserva Natural Laguna Brava y la mina La
Mejicana figuran entre las alternativas más importantes.
Talampaya, ubicado a 250 kilómetros de la ciudad capital, es un enorme desierto
rojo que fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. La solitaria ruta provincial
26, en una larga "U" alrededor de la Sierra de Sañogasta, se abre un camino hacia la derecha que
conduce al portal de madera junto a la entrada del parque. Lo que sigue es una gran llanura de
piedra y arena mientras al fondo se levanta una muralla de más de150 metros de altura que forma el
gran cañón.
Ir a Talampaya es realizar un viaje por el túnel del tiempo; un desolado parque
triásico de 215 mil hectáreas. Un mundo de esculturas perennes, cuya arena misteriosamente se
mantiene inmóvil pese al paso del tiempo.
Junto al vecino Valle de la Luna, Talampaya fue escenario de importantes cambios
geológicos y de hitos trascendentes en la evolución de las especies. Cada rincón del lugar es como
una página del libro que contiene la historia del planeta, un escenario por el que desfilaron los
dinosaurios más antiguos del planeta. Pero si los dinosaurios apasionan al visitante la aventura no
termina con recorrer lo que fue su hábitat natural.
En la capital provincial, el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad
Nacional de La Rioja alberga los fósiles de uno de los dinosaurios más antiguos del mundo, junto
con decenas de piezas paleontológicas y arqueológicas que completan un viaje a la historia del
planeta y a los orígenes de la humanidad.
El recorrido por este museo habla de animales y de personas que ya no están. Pero sin dudas la
estrella de la muestra es el Riojasaurus Incertus. Se trata del dinosaurio cuadrúpedo herbívoro más
antiguo conocido. Es también uno de los que se conoce de forma más completa. Aunque se han
rescatado un gran número de esqueletos conservados parcialmente, que permiten la reconstrucción
total del animal, el ejemplar que esta en exhibición es el único que se encontró con el cráneo
articulado.
Belleza y silencio
Además del mundo de los dinosaurios, el turista también tiene a su alcance otras aventuras. La
Reserva Natural Laguna Brava (4.300 metros de altura) descansa en medio de un infinito silencio en
la cordillera de los Andes. Forma parte de los departamentos Vinchina y General Lamadrid y extiende
su misterio y encanto a lo largo del noroeste provincial.
El horizonte parece desaparecer ante los 4.050 kilómetros que componen su
superficie y la caminata se torna extrema en una altitud que va desde los dos mil a los 4.300
metros sobre el nivel del mar.
Lagunas, cordones montañosos dibujados por la mano de la naturaleza con un
sinfín de tonalidades, salares, estepas herbáceas y altiplanicies se conjugan de manera casi mágica
para definir la armonía del paisaje. La reserva toma el nombre del espejo de agua más importante de
la región: la laguna Brava. Esta laguna tiene una longitud aproximada de 17 kilómetros de largo y
unos cuatro kilómetros en sus partes más anchas.
Flamencos y vicuñas, son las dos especies más representativas de la reserva
natural y las que otorgan al paisaje su perfil más colorido y pintoresco. La mayor afluencia
turística a la zona se produce en el mes de octubre, cuando comienzan los deshielos y se extiende
hasta marzo con la llegada del otoño. La Reserva Laguna Brava fue creada a mediados del año 1980
con el objetivo de proteger la población de vicuñas que en aquella época se hallaba prácticamente
al borde de la extinción.
Tierra minera
La mina La Mejicana (4.600 metros de altura, en las sierras del Famatina), remite a una versión
local de la fiebre del oro que explotó a principios del siglo XX y que dejó su huella en
pintorescos poblados mineros. La promesa de ganancias fáciles llevó a los colonos a trepar 4.000
metros de altura para establecerse en Chilecito.
El testimonio más emblemático de aquellos años — y la atracción principal de la
zona— es el Cablecarril. Nueve estaciones enclavadas en lo alto de la montaña se esparcen por
un recorrido de 35 kilómetros que impresiona de sólo imaginarlo. La mina La Mejicana es una de
estas nueve estaciones y es un testimonio vivo de la historia minera de la provincia.
El Cablecarril fue construido a principios del siglo XX para trasladar el
mineral desde los socavones de la mina —allá en lo alto del Famatina— hasta el
ferrocarril que llevaría las riquezas hacia los puertos. Hoy el viejo Cablecarril se encuentra en
desuso y una de las formas de recorrer su trazado es a pie, por medio de una excursión de trekking.
Otra opción, mucho más cómoda por cierto, es hacerlo en modernas camionetas de doble tracción.
Lejos de las aglomeraciones que suponen los grandes centros turísticos del país,
La Rioja se presenta como una verdadera alternativa veraniega. Quienes busquen misterios,
aventuras, historias, buenos vinos y gente alegre y afectuosa no tienen más que acercarse por La
Rioja. Estas tierras aguardan para sorprender a cada paso a sus visitantes.
Opciones desde Chilecito
Tomando como base la ciudad de Chilecito, el visitante tendrá a su disposición una gran variedad
de opciones turísticas. Las agencias de turismo locales ofrecen atractivos paquetes en lo que se
cubre hasta el más mínimo detalle y que le otorgan al paseante todos los servicios turísticos que
se puedan requerir.
Las principales opciones son la mina La Mejicana y la Reserva Natural Laguna
Brava, a las que se suman el Parque Nacional Talampaya, complementados ambos con una recorrida
espectacular por la Cuesta de Miranda.
En Chilecito se puede visitar el complejo Cablecarril (Estación 1 y Museo de la
Minería), el Jardín Botánico de Cactus Chirau Mita, Museo Molino San Francisco, capillas de los
siglos XVII y XVIII, fábricas de aceite de oliva y la Ruta de la Producción (Viñedos), la bodega La
Riojana, el establecimiento Santa Florentina, campings, Cuesta Las Talas y la Estación 2 del
Cablecarril, entre otras.
En Chilecito, el paseante podrá también degustar vinos que han sido premiados a
nivel mundial, entre ellos el más destacado es el Torrontés Riojano.
La Costa
La sucesión de típicos pueblos de montaña que se conoce como La Costa, brinda un maravilloso
entorno natural con profundas quebradas y cascadas como la Yacurmana, diosa del agua, la más
notable de la zona. En esa zona se distinguen los numerosos lugares poblados de abundante sombra a
la orilla del río Los Sauces, que serpentea entre el cordón del Velasco y sirve de marco a las
poblaciones del circuito riojano.
En Santa Vera Cruz es casi obligatorio conocer el Castillo, una extraña y
alucinante obra arquitectónica cuyo autor, Dionisio Aizcorbe, fue su único morador. Siguiendo el
circuito, en Anillaco el visitante puede adentrarse en el mundo de la elaboración de vinos y
conocer bodegas de renombre que elaboran vinos de calidad reconocida en el ámbito nacional e
internacional. También podrá conocer las artesanías y productos regionales tradicionales que se
elaboran con materia prima local y técnicas antiguas. Sobresalen los talleres de cestería, dulces,
nueces, vinos caseros y aceitunas elaboradas artesanalmente.
Los numerosos lugares para acampar y y la cantidad de piletas para refrescarse
en las calurosas jornadas veraniegas ya se encuentran listas para recibir a los turistas. Se
destacan las de Aminga, Anillaco, Los Molinos, Anjullón, Agua Blanca y Pinchas.