Turismo

Jamaica: playa, lujo y leyendas en medio del Caribe

Ubicada al noroeste de la isla, Montego Bay es un destino atractivo y exótico, literalmente "urbanizado" por resorts pero con una rica historia, cultura y encantos naturales

Domingo 07 de Enero de 2018

Una barrera de arrecifes detiene las aguas aventadas del mar, que llegan mansas a las costas de Montego Bay. El sol asoma muy temprano por detrás del Caribe, y lame los montes en una tarde también prematura. Un muchacho de ascendencia nigeriana, invariablemente delgado y fibroso, pasa vestido de un blanco que contrasta con su piel, los pies descalzos, las rastas que le caen de la cabeza. Vende collares artesanales, pulseras y "otras hierbas". Nadie se espanta. Allí, el reggae se escucha, se siente y se respira, y la consigna de "no hesitation", "no problem", se vuelve norma.
   A varios kilómetros de la playa, en las barriadas, en los pueblos montesinos, enjambres de afrocaribeños invaden las calles, y los rastafari divulgan su cultura, a la espera del retorno de su mesías, aquél rey de Etiopía que volverá a redimirlos, en un país que no deja de ser extraño para el visitante, por su idioma (o "sus" idiomas) por su cultura y su historia. Un país lleno de mitos y bellezas naturales que vale la pena visitar. Estás en Jamaica.
   Con algo más de 78 mil habitantes según el censo 2010, Montego Bay era considerada en ese momento la cuarta ciudad del país. Un año después, las proyecciones hablaban de más de 111 mil habitantes, y hoy los locales hablan de 125 mil, lo que la convierte, aseguran, en la segunda urbe de la isla caribeña, ubicada al sur de Cuba. Pero también es conocida como la "ciudad resort" de la isla, por los complejos que se instalaron en sus playas, destino de la mayoría de los turistas, sobre todo norteamericanos, que la visitan, y la excelencia de las instalaciones.
   También se la reconoce por algunos mitos, como el de la "bruja blanca de Rose Hall", famosa por su crueldad con los esclavos y por las trágicas y extrañas muertes de sus tres esposos. Y más acá en el tiempo, por haber sido el lugar donde el legendario Bob Marley pasó los primeros 13 años de su vida y donde hoy descansan sus restos, frente a su casa de la infancia. A esto se suman algunos atractivos geográficos, empezando por el mar Caribe, una vegetación tan exuberante que ya asombra desde el aire, las cascadas de Ocho Ríos, sus canchas de golf y el espectáculo de las aguas luminosas.
Llegando
   El avión va perdiendo altura antes de aterrizar en el aeropuerto de Montego Bay, de la mano de la firma Edelman, promotora y artífice del viaje. Ya desde el cielo llaman la atención las formaciones que se elevan hasta dos mil metros sobre el nivel del mar, tupidas de una vegetación que desde la altura es verde denso pero en el llano es selva pura. Del otro lado, las aguas color turquesa van dando la bienvenida. Se llega al Aeropuerto Internacional Sir Donald Sangster, uno de los más grandes del Caribe y el más ocupado de Jamaica. De allí, un transporte terrestre toma la autopista A1, conocida como Autopista de la Reina, hasta el alojamiento. Empieza la estadía.
   Los pisos de mármol cuadriculado, las luminarias y un mural circular con escenas mitológicas que ocupa el alto de las paredes resaltan la categoría del lobby del Iberostar Grand Hotel Rose Hall, el más lujoso de los tres que despliega en 800 metros de costa la cadena española que guarda la impronta ibérica en su arquitectura y su decorado. Desarrollado alrededor de un parque con cuatro piscinas (una de ellas "infinita", es decir, que se confunde a la vista con el mar, este 5 estrellas all inclusive tiene 295 suites con hidromasaje, 104 de ellas con vista al mar, al que se accede desde las mismas instalaciones, y dos suites presidenciales.
   Tiene dos alas frontales paralelas a la playa y tres que se acomodan en forma de "u" hacia el interior del parque. Las columnas y los arcos predominan en la construcción del edificio, cuyos balcones dan al parque central o directamente al mar. Todos los pasillos exponen obras de arte, uno dedicado a la época precolombina, pero el resto con réplicas de la rica pinacoteca española de todos los tiempos. Desde el parque se accede al lobby principal por una escalera palaciega que se desarrolla en dos alas. En el exterior del complejo, se destacan las lámparas gigantes de hierro forjado.
   El Grand Hotel Rose Hall cuenta con cuatro bares, incluido uno con barra en pileta, dos buffet internacionales con cocina en vivo, cuatro restaurantes de especialidades (japonés, gourmet, de carnes al asador e italiano). Cuenta con una sala de teatro, negocios, sala de juegos, centro de convenciones, una discoteca, servicio médico y un casino propio. Pero entre los servicios se destaca el del SPA, con jacuzzi, sauna y piscina, además de tratamientos de masajes que pueden durar hasta dos horas.
   Durante el día, el mar y las piscinas, además de las actividades náuticas que ofrece el propio resort, son los lugares obligados de esparcimiento. Por la noche, los restaurantes y bares, algunos con espectáculos en vivo, y los shows nocturnos copan la parada.
   Iberostar tiene tres hoteles en la misma zona, los tres all inclusive, aunque de distintas categorías. Los que se alojan en los de mayor lujo acceden a los de menor, pero no al revés. El Rose Hall Suites tiene 319 habitaciones junior, dos piscinas exteriores, seis bares y tres salas de conferencias, un parque acuático infantil y club de niños con personal especializado. Es un complejo familiar. Como el resto de los hoteles de la cadena, está certificado por Green Love por su amigabilidad con el medio ambiente, tienen hasta sorbetes biodegradables. Le sigue en Rose Hall Beach, inaugurado en 2007, con 366 habitaciones estándar. Su decorado tiene más reminiscencias jamaiquinas, y una característica: árboles hasta casi la línea de playa.

A pasear
   Los resorts de Montego Bay invitan a pasar el día. Pero la zona tiene atractivos que vale la pena visitar. Con un buen guía, en cada trayecto te podrás ir enterando de muchas curiosidades o datos históricos de este país considerado el menos caribeño del Caribe.
   El transporte toma la autopista camino al Rose Hall Great House, uno de los mayores atractivos culturales de todo Jamaica. Una antiguacasa del siglo XIX con un tétrico pasado donde habitaba la llamada "Bruja Blanca", cuyos tres esposos murieron todos en octubre y en circunstancias extrañas y violentas: uno acuchillado, el segundo envenenado y el último estrangulado. El primero de ellos fue John Palmer, quien le dio el apellido de casada a Annie Mae Patterson y con quien vivió en esa lujosa casa de aristócratas ingleses.
   Un camino empedrado cubierto de enredaderas sube una colina mínima. Se acerca el misterio. Desde allí se ve un lago artificial, y más atrás, el mar. Una escalera lleva a la Great House. Era el casco de una plantación de caña de algo más de 2.400 hectáreas y tenía dos mil esclavos.
   Annie Palmer fue conocida por su crueldad hacia los esclavos, a los que torturaba en las mazmorras subterráneas de la casa. Cuenta la leyenda que también había tenido numerosos amantes, muchos de ellos esclavos, que también murieron trágicamente.
   El living principal era el lugar donde llevaba a los invitados. De allí se pasa a la biblioteca, donde se llevaban a cabo las discusiones de negocios. El comedor principal conserva sus sillas de madera traídas de Inglaterra. Curiosamente, la puerta principal de la casa no daba al mar, sino a la parte trasera, donde se expandía el amplio dominio territorial de la dueña.
   La parte alta de la casa tiene cinco habitaciones. En una de ellas fue donde murió el tercer esposo de Annie y donde ella recibía a sus amantes. Otra es en la que descansa John Palmer y donde murió. La habitación de huéspedes es la única donde no hubo ninguna víctima. Pero la parte más tétrica está en el sótano de piedras, con celdas para esclavos, donde eran encerrados, castigados al hambre y la sed, a torturas y a la propia muerte.
   Annie Palmer, que no tuvo hijos pero se hizo retratar rodeada de niños, practicaba además el arte del vudú, y se la consideraba infalible. Sin embargo, las grandes revueltas anticolonialistas y antiesclavistas de 1830 terminaron con un poder que parecía ilimitado. Los mismos esclavos terminaron con la vida de la Bruja Blanca, la desfiguraron y la tiraron por el balcón.
   En 1831, un vecino llamado Ashman, la enterró en una tumba común. La casa quedó en el olvido y se deterioró hasta quedar prácticamente destruida. En 1965 la propiedad fue adquirida por una familia, que invirtió 2,5 millones de dólares en su reconstrucción. En 1971 los nuevos dueños exhumaron el cadáver de Annie Palmer para ratificar la identidad del cuerpo. El resultado fue positivo y la volvieron a inhumar, ya en un nicho elevado, en un patio rodeado de árboles exóticos.
   La delos Palmer fue una de las 700 great houses que había en Jamaica, en su mayoría de terratenientes con grandes dominios, que se manejaban como señores feudales. Hoy, La Rose Hall Great House está abierta a los turistas, restaurada como lo era cuando vivía la Bruja Blanca, y no sólo para que sea visitada de día, sino también en un tour nocturno, a la luz de las velas, donde se recrean situaciones escalofriantes.

Ocho ríos
   Tuvieron que pasar casi cinco siglos para que Jamaica declarara, el 6 de agosto de 1962, su independencia. Camino a Ocho Ríos, un lugar conocido por sus cascadas, te enterás que Colón llegó en 1494 a estas tierras, por entonces habitadas por los pueblos originarios venidos de la zona continental. Sin embargo, estas tribus fueron aniquiladas en un siglo y medio, por los trabajos forzados, las ejecuciones y las enfermedades.
   La geografía de Jamaica era ideal. Ríos y vegetación exuberante cubren y recorren una isla donde no llegan los huracanes, y que resultaba estratégica para abastecer a los barcos que iban rumbo al continente. Los españoles fueron los primeros en traer esclavos africanos, pero fue con la llegada de los ingleses y las plantaciones de caña de azúcar que la isla se pobló de africanos, ascendientes de la gran mayoría (92 por ciento) de la población jamaiquina en la actualidad.
   En las escuelas jamaiquinas se enseña el inglés, pero los locales hablan el Patois, un inglés criollo casi imposible de entender para quienes estudiaron ese idioma en cualquier academia. Incluso, el acento inglés en Montego Bay es bastante complicado de asimilar.
   Los Ocho Ríos que le dan nombre a la zona que vas a visitar no son ocho, sino uno, el Dunn River. Los españoles lo llamaron "Chorreras", por sus cascadas, y los ingleses, tratando de interpretar ese término, terminaron por rebautizar el lugar. La subida por el Dunn River es una visita obligada, y una de las más contratadas por los turistas de todo el mundo que llegan a Montego Bay. Se llega por un camino atestado de vegetación hasta la desembocadura del curso de agua.
   El paseo en sí mismo, que hay que hacer con traje de baño y un calzado impermeable al agua (si no lo llevás, te lo venden ahí) es una caminata de 200 metros desafiando cuesta arriba la violencia de las cascadas. La gente asciende en hileras, tomada de la mano, porque el agua golpea y arrastra cauce abajo. Algunos quedan en el camino y ganan tierra firme a través de las salidas que va ofreciendo el trayecto, cansador pero muy divertido. Al final, claro, te van a estar esperando con un CD que muestra la grabación de la excursión, donde seguramente vas a aparecer. Como en todos lados, el paseo del Dunn River está precedido por un mercado de artesanías, muy común en Montego Bay. Fijate bien, porque muchas de las cosas que te venden vienen de China, India e Indonesia, aunque todas tengan grabado "Jamaica".
   Camino al resort, el transporte pasa por la Bahía del Descubrimiento, donde llegó Colón, aunque hoy el lugar está bastante abandonado. También podés pasar a comer en el Ultimate Jerk, un lugar colorido, con quinchos, mesas alargadas y manteles de ule. Allí se toma cerveza Red Stripe, la más famosa de Jamaica, y te sirven platos a base de cerdo y pollo, un preparado parecido a un churro aunque con forma irregular, y condimentos que es conveniente probar en cantidades mínimas antes de arriesgarse.
   En el lugar se levanta un árbol de Ackee, el fruto nacional de Jamaica, que debe comerse abierto y cocido, porque si no, es tóxico. Fue traído de Africa y cuentan que los esclavos dejaban que los ingleses los comieran a sus anchas tal cual caían del árbol, ignorantes de su toxicidad. Los jamaiquinos lo comen en el desayuno mezclado con pescado.

Un tour espiritual
   Robert Nesta Marley Booker nació el 6 de febrero de 1945 en el lugar que estás por visitar, vivió allí hasta los 13 años, y fue el sitio que él mismo eligió para su descanso eterno. Nine Mile está al final de un camino ascendente, a 1.100 metros sobre el nivel del mar. Allí se levanta la casa materna de Bob Marley, creador del reggae y un referente cultural de Jamaica.
   La visita a Nine Mile es seguramente una de las más intensas para cualquier extranjero que llega a Montego Bay. Antes de este destino, se pasa por Brown"s Town, el último pueblo grande del trayecto donde puede verse lo que llamarías la "Jamaica profunda", el pueblo en la calle. A Nine Mile se llega después de 45 minutos de viaje desde la autopista de la Reina.
   Bob Marley fue hijo de Cedella Booker, afrojamaiquina que después adoptó el nombre de Wolete Maskel, y de Norval Sinclair Marley, un capitán de la infantería de marina británica, a quien prácticamente no conoció, aunque un retrato suyo adorna un rincón de la casa materna y de los abuelos del músico, hoy convertida en museo. Allí vivió Bob desde los seis meses hasta los 13 años, cuando su madre lo llevó a Kingston para darle una vida más promisoria. Tenía su lógica, ese lugar donde vivió el pequeño mulato parece apartado del mundo, e incluso hoy, la única escuela que funciona allí la donó su madre.
   Una bandera de Jamaica, con una hoja de cannabis y la frase de Marley "a spliff a day keeps the doctor away" (un porro al día mantiene lejos al médico) da la bienvenida a este lugar que ya es un complejo turístico imperdible. Una planta de cannabis crece libre en los jardines. El lugar está lleno de habitaciones con fotos de Bob, de su madre, los discos de oro del músico, muñecas con vestidos que coleccionaba Cedella, un piano, retratos de Ras Tafari Makonnen, luego emperador Haile Selassie de Etiopía, de visita (1966) a Jamaica, donde los rastafari lo consideran un mesías.
   Se pasa por la casa de los abuelos de Marley, de la que más tarde se haría cargo su madre, hasta llegar a una zona en la que se ve un portón. El visitante sabe que pasando esa abertura, ya se está en camino a una experiencia espiritual. La visita se promociona justamente como "Tour Spirit of Reggae".
   Una banda canta en vivo temas de Marley que hablan de paz y hermandad, mientras los espectadores fuman unos cigarrillos de marihuana (Ganjah, según los rastafari, o simplemente "ganja") que venden allí mismo, aunque algunos gringos no dejan de comer salchichas y otros embutidos que les ofrecen en el lugar. Suena la música de Bob en un ambiente místico.
   El guía saluda diciendo "Rasta Fari", y usa la misma frase cada vez que hace una pausa, como un "amén" cristiano. Y repite una reflexión que identifica al movimiento cultural con el que se identifica: "Yo no estoy en Africa, pero Africa está en mí". No obstante, hablar de esta cultura trasciende el objetivo de un artículo turístico.
   Se abre el portón y empieza en camino de subida. A un costado se ve donde están enterrados los familiares de Bob, pero es arriba del monte donde descansan los restos del músico, su madre y su hermano, junto a la pequeña vivienda que habitaron en la infancia. "Bob murió a los 36 años, pero sabemos que vive, no físicamente sino musicalmente y en el amor", dice el guía.
   Tanto Marley como su madre están en sendos panteones. En el de Cedella puede leerse su nombre de adopción, Wolete Maskel. En el mausoleo de Bob descansan sus restos y los de su hermano menor, Anthony, también músico, quien formó en los 90 el grupo Copasetic y en 1992 murió en Miami víctima de las balas policiales en un episodio aún discutido.
   En cuanto a Bob, murió el 11 de mayo de 1981, después de sufrir una herida en el pie mientras jugaba descalzo al fútbol, deporte del que era fanático. Se le diagnosticó un melanoma maligno. El cáncer fue avanzando, los médicos recomendaron amputarle un dedo, pero cuentan que él dijo: "Yo no vine al mundo en partes, vine entero y me voy entero".
   Cuentan que Bob está inhumado con su guitarra, una pelota de fútbol, una Biblia y un "porro". Su cuerpo fue embalsamado y depositado en un féretro de cobre, dicen. Tanto en su mausoleo como en de su madre está prohibido tomar fotos ni grabar videos, no se puede ingresar comiendo, consumiendo alcohol ni tabaco. "Only marihuana", advierte el guía, quien a la salida ofrece a los visitantes té, "con o sin" cannabis. Entre la casa y el mausoleo todavía se levanta la "piedra de la meditación", el lugar donde Marley se sentaba para inspirarse cada vez que volvía a su pueblo natal.

Playas paradisíacas
   Por lo demás, y ante todo, Montego Bay o MoBay es conocida mundialmente por sus playas, su cultura y su historia. Y también por la cantidad de actividades que pueden desarrollarse. Visita a localidades llamativas, campos de golf y excursiones a lugares selváticos y marítimos. Allí se puede visitar la playa Walter Fletcher, donde se levanta elParque Temático Aquasol.
   La zona de Negril, a menos de una hora de MoBay, es un lugar especialmente visitado, y de hecho, la bahía de Montego forma parte de una reserva ecológica de más de 15 kilómetros cuadrados, nutrida de una fauna y flora tropicales que invitan al recorrido.
   El esnorquel, el buceo, los paseos en embarcaciones por las aguas cristalinas del Caribe también llaman a la aventura, en un destino marítimo lleno de arrecifes. Y no falta el paseo a la laguna luminosa, donde millones de organismos microscópicos emiten luz fluorescente. Trekking, tirolesas entre las montañas, un santuario de pájaros en Rocklands, y la lista sigue. En fin, bienvenidos a MoBay, Jamaica.

Jamaica y el spliff

Aunque el movimiento rastafari ya la venía usando de un modo casi litúrgico, la despenalización de la marihuana en Jamaica aprobada por el Parlamento en febrero de 2015 y promulgada por el Ejecutivo en abril de ese mismo año popularizó su consumo. Los cambios legislativos establecieron que ya no sería delito sembrar un máximo de cinco plantas de cannabis para uso personal, consumir marihuana en pequeñas cantidades ni portar un máximo de 56 gramos de "ganja" aunque la persona puede ser multada. Es el precio que se paga por portar y hasta vender libremente un "spliff".
   Esto no quiere decir que locales, ni mucho menos turistas, vivan en la isla "fumados". Como con cualquier sustancia con principios psicoactivos, su consumo es voluntario. En los hoteles, resorts, restaurantes y comercios los trabajadores respetan reglas de conducta, y por supuesto no se les siente olor a "porro". Allá ellos lo que hagan en sus casas.
   Pero es cierto que al visitante le es extremadamente fácil acceder a la "hierba". Te la ofrecen en las playas, en la puerta de los comercios o en los puestos de venta de artesanías, estés donde estés. Incluso, se puso de moda el concepto de "Bud & Breakfast" (cogollo y desayuno) entre turistas estadounidenses.
   El clima es ideal para su plantación y explotación, y la comercialización del cannabis, de la mano del turismo, también contribuye a la economía. De todos modos, y aunque algunos busquen el destino especialmente para vivir una experiencia vedada o no bien vista en sus países de origen, o porque quieren sentirse un poco "rastas", el visitante tiene el "no" como prioridad.

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