Turismo

Ciudad de México: otro nombre, pero la misma esencia

La capital del país azteca seduce al visitante con las huellas de su historia y su riquísima cultura

Domingo 05 de Noviembre de 2017

La instalación con las letras gigantes CDMX, donde los turistas se sientan para retratar la llegada al aeropuerto después del vuelo en Aeroméxico, da cuenta de la nueva marca. Ciudad de México, conocida durante tantos años como Distrito Federal, cambió de nombre y de marketing, pero no de esencia. Lleva marcada como torrentes sanguíneos las huellas de su historia y de su riquísima cultura, desde aquella Tenochtitlán que retrató Diego Rivera en sus murales, la conquista y la resistencia de sus ancestros, la Reforma, la Revolución y el progreso que la hicieron una de las capitales más importantes del mundo. Hoy, en pleno trabajo de reconstrucción después del terremoto del 19 de septiembre, la ciudad se abre al turismo para mostrar lo que tiene, que es mucho.

La Ciudad de México es uno de los destinos más atractivos de América y del planeta. Su centro histórico, conocido como Zócalo, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, sus paseos y monumentos dan cuenta de una cultura rica y diversificada, así como sus museos y palacios, que permiten recorrer una historia atravesada por distintas civilizaciones.

Montserrat Santaella, directora adjunta de la Oficina del Consejo de Promoción Turística de México en Buenos Aires, lo dice claramente. "El terremoto generó daños en edificios y viviendas dentro de algunos sectores de la ciudad, zonas que están en plena reconstrucción, pero los lugares emblemáticos, como el Zócalo, Coyoacán, Xochimilco, la Basílica de Guadalupe y tantos otros sitios turísticos para visitar, están intactos, y se opera normalmente. Incluso, después del fenómeno, el aeropuerto estuvo parado apenas cuatro horas. Hoy, todo opera con normalidad y se pueden planear unas buenas vacaciones en Ciudad de México".

El Zócalo

Dicho esto, la visita puede empezar desde cualquier parte. Una buena propuesta es arrancar por el Centro Histórico, que muestra las etapas prehispánica y virreinal. Allí están las ruinas arqueológicas del Templo Mayor, y las edificaciones de los siglos XVI al XIX. La Plaza de la Constitución, o Zócalo, como lo llaman, es el centro histórico de la ciudad por excelencia, y uno de los puntos turísticos más visitados, sobre todo por la cantidad de eventos que se hacen. Esta plaza fue el centro de Tenochtitlán antes de la llegada de los conquistadores, y se mantuvo como centro político y religioso siglos después.

Donde hoy se levanta el Palacio Nacional era el lugar de Monctezuma, y fue luego la primera residencia de Hernán Cortez. El patio central es de estilo colonial, que tuvo varias etapas de reconstrucción y muestra lo que fue México a través de los siglos. Allí, resulta imperdible la visita a los murales de Diego Rivera, pintados a lo largo de siete años luego de que, en 1920, José Vasconcelos quisiera retratar la historia de México con imágenes que la hicieran entendibles para cualquier persona, incluso analfabeta. Por eso, los murales son un retrato vivo y policromático del derrotero de ese país, desde la época prehispánica, pasando por la Independencia, la Reforma, y hasta la Revolución.

Muy cerca de allí se levanta la Catedral Metropolitana, construida en 1524 y varias veces reconstruida, tanto que tardó tres siglos en terminarse definitivamente. El templo tiene una planta en forma de cruz latina con tres puertas principales que dan al Zócalo. En su interior se despliegan 16 capillas, cada una dedicada a un santo. En el interior también se destaca el coro, ornamentado en estilo barroco, con dos órganos gigantescos y mobiliario colonial, el retablo de los Reyes y la Capilla Real, recubierto con oro y obras referentes a reyes y reinas que fueron elevados al grado de santidad.

Por sus dimensiones, su imponencia y por los edificios que la rodean, que se completan con el Museo del Templo Mayor y el Palacio del Ayuntamiento, la Plaza de la Constituciónes un lugar obligado de visita, postal por excelencia de esta ciudad histórica.

Cerca de allí, tanto que se puede ir caminando (sin distraerse fon la infinidad de museos y galerías que hay en el trayecto), se levanta el Palacio de las Bellas Artes, símbolo de la cultura y el arte mexicano, con una arquitectura que mixtura el Art Decó y el Art. Noveau. Comenzó a construirse en 1904 para albergar un teatro para conmemorar los 100 años de la Independencia del país, se pensaba sería uno de los mayores del mundo, casi a la altura de la Opera de París. El Palacio de Bellas Artes es la sede de dos museos: el Museo del Palacio de Bellas Artes y el Museo Nacional de Arquitectura.

Coyoacán "mágico"

No se puede ir a Ciudad de México sin conocer Coyoacán, considerado como un barrio "mágico", con una vocación cultural que se consolidó durante el siglo pasado cuando artistas, historiadores, escritores y científicos lo convirtieron en lugar de referencia.

Algunos de sus comercios y puntos de venta son tan tradicionales que de por sí con motivo de encuentro. Como en el resto de los distritos, se levanta el mercado, una inmensa feria donde hay de todo. Además, el barrio tiene innumerables puestos de venta y ferias en las mismas calles. Algunos negocios ya se convirtieron en nombres propios y de referencia conocidos por los viajeros del mundo (la cantina La Guadalupana, La Puerta del Sol, el café El Jarocho).

Coyoacán también alberga un lugar emblemático de Ciudad de México, por su historias y su cultura: la Casa Azul, sitio en el que nació y murió la artista Frida Kahlo, pese a que después de casarse con Diego Rivera tuvo otras residencias. La Casa Azul fue convertida en museo en 1958, cuatro años después de la muerte de la pintora. Hoy es uno de los museos más concurridos en la capital mexicana. En su interior revive el universo de la artista, y puede disfrutarse de obras como Viva la Vida (1954), Frida y la cesárea (1931), Retrato de mi padre Wilhem Kahlo (1952), entre otras.

Cerca del lugar se despliega también el Jardín Centenario y la plaza Jardín Hidalgo. Allí se levantan el edificio delegacional, que fuera residencia de Hernán Cortez en 1534 y la Iglesia de Juan Bautista, iglesia franciscana que se construyó en el siglo XVI, donde es una tradición celebrar matrimonios religiosos.

En los alrededores se mezcla una interminable oferta cultural, con la venta de todo tipo de baratijas. En la plaza, un mexicano vende chapulines, insectos fritos que se comen con limón y sal.

Un paseo en trajinera

De Coyoacán se puede ir a Xochimilco (lugar donde hay flores) que tiene como atractivo principal el paseo en trajineras, acaso la forma más parecida a cómo se desplazaban los aztecas en su tierra atravesada por canales. Es que Xochimilco, una zona de abundantes viveros, tiene 180 kilómetros de canales.

Las trajineras se han ido manteniendo por generaciones como medio de transporte fluvial, al punto que hoy son un atractivo para que turistas y familias locales hagan un recorrido por estrechos cursos de agua. Son embarcaciones coloridas,

techadas, con mesas y sillas en su interior. Hay unas 1.800 en la flota, todas tienen nombre de mujeres, y son tiradas por un solo remero, que las va guiando desde la popa. Tienen capacidad para entre 12 y 22 personas. Navegarlas es un espectáculo, sobre todo a la salida, en que pasan chocándose entre ellas por en canal, porque salen todas juntas de a centenares, entre los gritos de los vendedores y la música de los mariachis. El paseo en trajinera en Xochimilco es, en síntesis, una verdadera explosión de color.
Universidad y estadio
En tren de visita, no se puede soslayar la Universidad Autónoma del Estado de México, ranqueada hoy entre las mejores de Latinoamérica, por su arquitectura y por su arte, sobre todo el de su biblioteca central, la más grande de América Latina, ornamentada en su exterior con pinturas que la convierten en un inmenso mural.
   También catalogado como Patrimonio Mundial por la Unesco, el Estadio Olímpico se levanta imponente en cercanías del predio universitario. Tiene una capacidad para 69 mil espectadores; sin embargo, jamás se llena en su totalidad por razones de seguridad. También cuenta con 41 túneles de acceso que son entradas y salidas, las cuales permiten su desalojo en tan sólo unos minutos de ser necesario. Se construyó en sólo dos años, entre 1950 y 1952, y su arquitectura también mezcla la arquitectura moderna con motivos ancestrales.
Chapultepec
Lejos del bullicio de una ciudad que no para, fuera del cemento, de los edificios y del transporte, y con casi 700 hectáreas (cinco veces más grande que el Parque Independencia de Rosario y más del doble del Central Park, de Nueva York) el bosque de Chapultepec es un oasis dentro de la ciudad. La entrada al bosque muestra el Monumento a los Niños Héroes, y en su interior, una colina lleva al Castillo de Chapultepec, que fue palacio imperial y hoy es residencia presidencial. El Castillo alberga además el Museo Nacional de Historia. El Zoológico, el Jardín botánico y varios museos más, como el de Arte Moderno y el de Antropología, completan los atractivos de este lugar. Cerca de allí se levanta Lomas de Chapultepec, un barrio residencial exclusivo de casas muy grandes y modernas, y localización preferida de películas y series.
Santuario de Guadalupe
Y si México se caracteriza por su religiosidad, y su capital por la enorme cantidad de templos católicos, el santuario de la Virgen de Guadalupe sobresale por su historia, su majestuosidad y la enorme cantidad de visitantes. Se trata de uno de los lugares de peregrinación católica más importantes del mundo. Oficialmente conocida como la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, este santuario recibe más de 20 millones de visitantes al año.
   Está compuesto por dos basílicas, la antigua, de 1709, y la Nueva, finalizada en 1976, con una planta circular que permite a los visitantes ver la Virgen desde cualquier lugar del interior. La Basílica puede verse en toda su dimensión desde la colina de Tepeyac, donde se dice que comenzó el milagro que dio lugar a la creación del santuario.
Sábado obligado
Y vueltos al colorido y al bullicio, el bazar de San Angel, conocido como bazar el sábado (día en que funciona) es uno de los más visitados y coloridos de la ciudad. Comenzó como un reducto de artistas que vendían sus artículos en una casona que rodea la plaza San Jacinto, pero se hizo tan famoso que hoy es un lugar obligado de visita y compra.
Tres culturas
Como resabio de la mixtura que es la misma México, la Plaza de las Tres Culturas deja ver vestigios de la arquitectura azteca, una iglesia colonial y, al fondo los edificios modernos. En la época prehispánica, era la plaza de intercambio de mercancías, y fue el último reducto de resistencia cuando, en 1521, Hernán Cortez sitia el lugar y lo deja sin suministros hasta la rendición de Cautemoc. Muchos años después, en 1968, el movimiento estudiantil inició una marcha desde el Centro histórico hasta la plaza, que fue brutalmente reprimida, al punto que se calculan en más de 10 mil los muertos, en lo que hoy se conoce como la Masacre del 2 de Octubre.
Paseo de la Reforma
Una caminata por el Paseo de la Reforma es una experiencia citadina en sí misma. Es la avenida principal de la ciudad, que va desde el parque de Chapultepec hasta La Alameda, y pasa por la plaza donde se levanta el monumento a Cristóbal Colón. Resulta un paseo obligado no sólo por su belleza y sus monumentos, sino porque allí se levantan edificios emblemáticos y paseos de compras con cadenas internacionales. Allí se erigen monumentos con el del Angel de la Independencia, y el de Diana la Cazadora, de especial belleza.
   Con cuatro carriles de circulación y canteros inmensos que separan la avenida central de las colectoras, el paseo reverdece de vegetación bien cuidada, y por cuadra hay al menos dos grandes bancos de piedra, adornados con especies de coronas en sus respaldares. El paseo muestra una serie de monumentos que rememoran la independencia y otros con motivos originarios. No hay ceremonia que no pase por La Reforma.
   Allí, en el Paseo de la Reforma, y frente al monumento a Colon, se levanta el hotel Fiesta Americana Reforma, uno de más tradicionales de la Ciudad de México. Este hotel cinco estrellas tiene un especial significado cultural, por tratarse de uno de los más tradicionales y modernos al momento de su construcción. Con 616 habitaciones, permite una vista panorámica a la ciudad, al paseo de la Reforma y a la misma plaza que alberga la estatua de Colón. Ofrece piso Ejecutivo, club de salud y salones para eventos con capacidad de hasta 1.100 personas. Y la oferta culinaria llega a través de los restaurantes Azul 70 y Café Reforma.
   El Grupo Posadas, propietario del imponente edificio, proyecta su demolición y remodelación para construir hasta dos torres con hotel, oficinas y un centro comercial, para lo cual aprovechará los dos predios colindantes, que hoy se ven vallados y vacíos. Son apenas algunas cosas que se pueden hacer en Ciudad de México, porque la verdad es que no alcanza el tiempo para recorrerla. Y ni hablar si se contrata una visita a las pirámides de Teotihuacan, la Ciudad de los Dioses, a 48 kilómetros de la ciudad.
   Ciudad de México deslumbra por su imponencia, sus monumentos y museos inabarcables, por su colorido y, la mezcla de culturas, su gastronomía (que merecería un capítulo aparte), la hotelería y sus lugares emblemáticos. Es hora de ir.

La noche

Llega la noche en Ciudad de México y las opciones abundan. Pero hay un lugar que por tradición, colorido y arraigo, se vuelve imperdible para el visitante: la Plaza (o paseo) Garibaldi. Tradicionalmente lugar de pulperías, hoy es un lugar de encuentro conocido a nivel mundial. En sus recodos, los mariachis ofrecen al paso sus canciones, la música suena permanentemente a los costados de un paseo en el que se levantan los bustos de ilustres artistas mexicanos.

Dónde informarse

• Para mayor información consultar en
www.mexicocity.gob.mx
www.visitmexico.com
https://aeromexico.com turismo.org/ciudad-de-mexico
www.turismo.cdmx.gob.mx

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