Turismo

Bienvenidos a la jungla

En el extremo noreste de Misiones, la Reserva Natural Yacutinga es el paradigma de turismo ecológico de bajo impacto ambiental.

Domingo 22 de Abril de 2018

Visitar la Selva Misionera por primera vez es una experiencia cautivante. Puede parecer una frase hecha, un lugar común, pero es así. Y la belleza de sus paisajes, con toda la vida silvestre que late, respira y se percibe claramente con todos los sentidos por todas partes, puede resultar avasallante. Recorrerla aunque sea durante un par de días, sólo moviéndose por algunas pocas hectáreas, es suficiente para tener una idea bastante precisa de lo que es el área de mayor biodiversidad de Argentina. De lo que significa también la preservación de este verdadero pulmón verde del continente donde conviven cientos de especies de plantas y animales. Además es la tierra donde Horacio Quiroga vivió y creó historias alucinantes, fábulas, en las que describió la interrelación entre los animales y el choque con el mundo de los humanos.

Por eso, y una vez que el aeropuerto de Iguazú queda atrás y uno se interna en la ruta provincial 101, que atraviesa parte del Parque Nacional Iguazú, es imposible no imaginar o buscar con la mente los rincones de la jungla donde el autor de "Cuentos de la selva" se haya inspirado para relatos tan fantásticos, pero a la vez reales.

El punto de partida o de inicio para lo que será una recorrida por la selva es la Reserva Natural Privada Yacutinga, palabra que describe en idioma guaraní a una especie de ave. Son 570 hectáreas prácticamente vírgenes en una península sobre el río Iguazú, al noreste de Misiones que mira hacia Brasil.

Yacutinga Lodge es un innovador emprendimiento hotelero de bajo impacto ambiental que lleva casi 20 años de actividad, situado en el corazón de la reserva. Tiene como objetivo crear conciencia y fomentar la preservación de la selva y de todo el ecosistema que la rodea. Y todas sus actividades giran en torno a esa cuestión. De hecho, de las 570 hectáreas de la reserva, sólo cuatro están dedicadas al área de servicios. El resto del inmenso predio guarda los secretos de toda jungla y es casi impenetrable.

Para llegar a Yacutinga deben recorrerse unos 80 kilómetros. Y hay dos formas de hacerlo. Una es por ruta asfaltada que insume más de tres horas para llegar a destino porque hay que dar una vuelta muy grande. Otra es por la mencionada 101, de tierra, por la que se llegará a Comandante Andresito, la localidad más cercana a la Reserva, luego de atravesar un buen tramo del Parque Nacional. Se viaja a mucha menor velocidad. Pero si se trata de aventura y de ya tener un primer contacto con lo que se verá más adelante, esta segunda opción es la apropiada.

Por la ruta 101 se avanza a paso más bien lento. Ha llovido intensamente durante varios días y si bien en la primera semana de abril las condiciones meteorológicas eran excelentes, el terreno ya de por sí arcilloso no ha absorbido toda la humedad. Aún quedan extensos tramos con barro. Así y todo, Diego, nuestro chofer, se las ingenia para detener la combi en un lugar apto y mostrarnos algunas características de la vegetación y también rastros, pisadas, en la tierra de los animales que habitan la selva. No se ven de yaguareté, quizás la "figurita difícil" del lugar, pero sí de carpinchos, osos hormigueros y algo más difusas de algún jabalí o un venado. También se ven de algunos pájaros.

El contraste de la tierra roja y el verde de la vegetación exuberante acompañará todo el trayecto. La camioneta circula encajonada entre dos especies de muros con todos los matices del verde. Es casi imposible ver qué hay detrás de los árboles. Es tan cerrada la vegetación que cuesta creer que algo o alguien puedan moverse por ahí. Antes de llegar a Yacutinga se pasa por Comandante Andresito, la localidad que sirve como referencia y que en cierta forma abastase al complejo.

Yacutinga Lodge aparece ante nuestros ojos en medio de un monte después de un par de curvas. Es imposible ver las construcciones desde lejos. De golpe aparece y uno siente que está en esos lugares sólo vistos en películas o series de televisión. Una vez que se apaga el motor de la camioneta, los sonidos de la selva desde todos lados. No hay televisión, ni radio, sólo una tenue música ambiental. El día es diáfano. El reloj marca poco más de las seis de la tarde y la luz del sol ya no llega hasta nosotros. La frondosa vegetación impide desde mucho antes que los rayos caigan a pleno. Entonces el lugar lo recibe a uno con una sombra que brinda una reparadora sensación de frescura. El canto de los los pájaros y el leve vaivén de las plantas hacen el resto, como para que uno ya comience a conectarse con el lugar. Héctor, el encargado del lugar, da la bienvenida y ofrece una fresca y dulce limonada acompañada con unos exquisitos chipás.

El área central del lodge y en general el resto de las construcciones (habitaciones, el quincho para fogones, el resto bar, dependencias de servicios y viviendas del personal) están diseñadas con el mismo estilo. No se aprecian detalles de lujo, pero sí rasgos que hacen juego con el entorno natural. El lobby es muy amplio, con inmensos ventanales hacia la selva y todos los contornos elaborados en madera que quedó en desuso. Una de las paredes de material presenta la vistosa técnica de material con botellas de colores incrustadas. El resplandor de la luz, amortiguada por los árboles y mezcladas con las distintas tonalidades del vidrio conforma un efecto visual muy bonito. Esa misma técnica se verá en las habitaciones.

En la planta baja, en donde está la conserjería, hay unos originales sillones tallados en madera y material. En la parte superior está el restaurante donde también se desayuna. Un lugar verdaderamente acogedor con un nivel de gastronomía altísimo y atención personalizada. Ni en ese ambiente ni en ninguna de las habitaciones del complejo hay televisión. Y el sistema de wifi sólo funciona en el sector de recepción y en el comedor. La idea es, si se va a estar en contacto franco con la naturaleza, bajar un cambio y desconectarse un poco.

Cuando uno ya está más relajado después del largo viaje, puede visitar y tomar un trago en el resto bar que está al aire libre, a pocos metros de la piscina, o acceder a los miradores que ofrecen otra visión panorámica del complejo y del entorno selvático, pero desde la altura de los árboles. En esos recintos también se suelen realizar sesiones o encuentros de yoga. Los cultores de esa disciplina encuentran en la Selva Misionera un lugar ideal para conectarse también con la meditación. Una de las primeras cuestiones a tener en cuenta cuando uno va a la jungla son los insectos. No hay nada de que temer, pero siempre habrá que tener a mano repelente para mosquitos.

Una buena, abundante, aplicación de la conocida marca en todo el cuerpo será suficiente para conjurar el acoso de esos bichos, al menos por unas horas. También se recomienda usar calzado cerrado. Nada de sandalias ni ojotas. Y de ser posible, pantalón largo y remeras de mangas largas. Un sombrero también es importante. El otoño ha avanzado, pero el sol de Misiones siempre se hace sentir.

Un día de otoño en Yacutinga puede arrancar con una mañana fresca, con niebla y hasta con una persistente llovizna. El agua se escucha caer entre las hojas de los árboles, pero prácticamente será imperceptible al llegar a tierra. Es que el follaje de los árboles es tan denso que actúa como un paraguas natural, inmenso. Llama la atención el ruido de la lluvia en espray y que uno prácticamente no se moje. Una mención aparte merece la primera noche en la selva. Yacutinga cuenta con cuatro "módulos" de cinco dormitorios cada uno, que están instalados literalmente en el medio del monte. Hay que recorrer unos senderos, señalados con pequeños carteles de madera, para llegar hasta los cuartos que de hecho no son visibles desde el área central del lodge.

Julián, un joven rosarino que es uno de los guías expertos del lugar, luego de hacer una reseña de los objetivos de Yacutinga en el cuidado del medio ambiente, aconseja: "A la hora de ir a dormir, no hay que tener miedo. Sólo hay que asegurarse de dejar cerradas puertas y ventanas. Los animales pueden acercarse a las habitaciones, pero no entrarán".

Los sonidos del silencio

El cuarto es confortable, con un delicado toque de rusticidad agradable a la vista, cuatro grandes ventanales con sus correspondientes mosquiteros le dan no sólo una vista excepcional de la selva sino ventilación natural que hará innecesario prender el ventilador de techo. El agua caliente de la ducha es óptima para darse un baño reparador. Todo está en perfecta armonía. Pero el tema es el silencio, o mejor dicho y tomando prestado el título de la famosa canción de Simon & Garfunkel "Los sonidos del silencio". Porque de noche, la selva sigue viva. Y no hay televisión ni internet que ayuden a esconder el movimiento que sí hay afuera. Ruidos en el techo, entre las plantas, alguna pisada más acá, pueden poner en alerta al más inquieto de los visitantes. Pero, calma, nada malo sucederá. La rebelión de serpientes venenosas que describió Quiroga en "Anaconda" es sólo un cuento, un gran cuento.

Volviendo a la mañana brumosa, fresca y con llovizna, para cuando se haya desayunado como se debe el panorama empieza a cambiar. Febo asoma con más intensidad, y la niebla y la lluvia tienden a desvanecerse. Todo está listo y Saúl Antúnez, el guía que nos acompañará en estos días, marcha a la vanguardia por un sendero de unos cuatrocientos metros que conduce al pequeño muelle sobre el arroyo San Francisco. El punto de partida de lo que Saúl llama "la planchada", navegación de cinco kilómetros en kayak por ese curso de agua y el río Iguazú. Pero antes de eso, y cuando arranca la caminata, un grupo de monos capuchinos parecen saludar desde la copa de los árboles. Uno se hamaca con una liana y se arroja sobre otro árbol. Un espectáculo extra, prácticamente sobre un módulo de habitaciones.

A medida que se avanza, Antúnez describe las especies de plantas más representativas del lugar, tratando de no perder detalles de las aves. En Yacutinga, y en la Selva Misionera en general, viven 320 especies de pájaros, "casi la mitad de todo el país", dice Saúl.

La "planchada" por el arroyo San Francisco no representa dificultad. Los kayaks son para dos personas. La corriente es muy suave. Lo único que hay que hacer es dejarse llevar y con los remos hacer alguna pequeña maniobra de corrección de timón. Así se inicia una marcha durante un kilómetro que tendrá como primer punto la desembocadura de ese riacho con el río Iguazú.

Por esos caprichos del tiempo, una leve bruma vuelve a bajar por un rato. Lo mejor es ir en silencio, escuchando las aves, el sonido del agua al correr o de unos enjambres de abejas que se sienten desde el medio del arroyo como si fueran en "hi-fi". Así, en absoluta paz, se llega al río Iguazú. Serán cuatro kilómetros más aguas abajo con la reserva Yacutinga a la izquierda y con la República de Brasil a la derecha. El paisaje ahora es más abierto. Antúnez señala y describe más especies de árboles y la variedad de pájaros que las habitan. Una vez en tierra, el paseo es a pie en uno de los numerosos senderos que se internan en la selva. Serán unos 3.300 metros. Antúnez explica pacientemente cómo son los ciclos de las plantas. Una de las atracciones naturales del lugar es la laguna Tajamar. Un espejo de agua de una hectárea que con el tiempo se fue cubriendo con una planta de la zona llamada "pasto tacuara"". Con los años, esa especie de maleza tapó por completo la superficie y transformó lo que era un pequeño y pintoresco lago en un pantano. "La única forma de hacer que vuelva a ser como era antes era "randapear" todo. Entonces se decidió dejar todo así", dice Antúnez, destacando que la solución erar llenar de veneno ese sector.

Otra de las "joyas" verdes del lugar es un árbol gigante llamado "Timbó" de 400 años, que mide 42 metros de altura por 1,80 de diámetro. Antúnez dice que la planta está enferma y seca por dentro y que "es inminente su caída. El día que eso ocurra, el estruendo se va a escuchar en toda la reserva".

Dos rituales son dignos para poner un broche de oro para un paseo por la jungla. El primero tiene un toque gastronómico. Se trata de la preparación del "Chipá caburé", un manjar autóctono que se elabora con harina de mandioca, queso, leche y huevo. Se cocina a las brazas como si fuera una broché. Es ideal para la hora de la merienda, especialmente después de una larga caminata. Antúnez lo prepara con esmero y le agrega, como acompañamiento un sabroso mate cocido hecho con hojas de yerba mate que secará o tostará al fuego. El agua se hierve también al calor del fuego directo y se le agrega, además de la yerba, un caramelo realizado con azúcar quemada al carbón.

El otro ritual es una caminata nocturna por los alrededores de la reserva. Recorrer los senderos y caminos aledaños a la reserva con el único apoyo de una linterna de un teléfono celular es una experiencia singular. La noche le abre la puerta a otros sentidos. Una variedad de vida silvestre que sale en ese momento del día y uno camina con la expectativa de ver y escuchar algo. Antúnez nos lleva a los lugares donde suelen estar las arañas de las más variadas especies. También dirige el haz de su linterna en busca de alguna lechuza, un zorrito o algo que nos sorprenda. No tenemos mucha suerte, pero sabemos que hay vida detrás de esa oscuridad sin límites. En el cielo, las estrellas parecen brillar con mayor intensidad en este pedazo de mundo.

La irresistible atracción de las aguas grandes

Las Cataratas del Iguazú tienen un magnetismo especial y es el broche de oro para cerrar unos días en la Selva Misionera que comenzaron con la visita a Yacutinga Lodge Refugio de Vida Silvestre.
   Los tres circuitos que ofrece el Parque Nacional Iguazú (inferior, medio y superior) tienen lo suyo para disfrutar. La sensación de estar frente a la Garganta del Diablo es indescriptible. La potencia del agua al caer es conmovedora. Pero, sin dudas, el paseo que se lleva todas las palmas, el plato fuerte, es "La gran aventura". Una embarcación que sale de un muelle en el Iguazú inferior y que lo lleva a uno hasta las mismas fauces de la naturaleza.
   Para acceder a esa excursión hay que abordar uno de los buses descapotables que salen desde el área central del parque. Desde allí se recorren unos pocos kilómetros de ruta pavimentada para luego comenzar un descenso muy suave por camino de tierra que llegará hasta un sistema de pasarelas que lo depositarán al viajero en una plataforma donde aguardan amarradas las embarcaciones.
   Camino a ese muelle y cuando se comienza otro descenso por una escalera, los encargados de la seguridad entregan al visitante una bolsa de plástico de color verde, un artículo fundamental para preservar del agua documentos, celulares y cámaras de fotos. Desde la escalera que conduce a la plataforma donde están las lanchas se puede ver en el agua, pequeña, pero con toda la claridad, la silueta de un yacaré, nadando muy cerca de una embarcación de Prefectura. Y otra vez, uno puede imaginar o pensar si el reptil no sería uno de los protagonistas de "La guerra de los yacarés", de Horacio Quiroga.
   Arriba del lanchón la recomendación número uno, además de colocarse los chalecos salvavidas, es guardar los objetos de valor en las bolsas de plástico. Un minuto después se ponen en marcha los motores y la embarcación remonta el Iguazú (Aguas Grandes en guaraní) y encara hacia las cataratas. Habrá unos minutos para que todos podamos sacar "la foto", pero después llegará la advertencia: "Ahora sí, guarden cámaras y celulares". Y llega el momento más esperado. "Ahora van a darse una buena ducha", dicen los guías cuando dejan a sus contingentes en manos de los marineros.
   Adrenalina, emoción, risas nerviosas, alaridos y gritos desesperados de todo tenor y calibre. El sol cae implacable cerca de las dos de la tarde y el torrente indómito, esa ducha monumental que pega de lleno en la cara y apenas deja abrir los ojos, llega como una bendición. El bote va y viene una y otra vez, frente a los saltos "Los tres mosqueteros" y "San Martín". Son las cataratas que descargan toda la fuerza de la vida.

Alojamiento

Yacutinga Lodge Refugio Privado de Vida Silvestre
Ofrece una serie de paquetes turísticos de dos y tres días o cinco días con pensión completa y que incluyen actividades dentro de la reserva como los paseos en Kayak y caminatas nocturnas. También se realizan avistaje de fauna e identificación de flora. Además, para vacaciones de invierno se preparan actividades lúdicas y de comprensión del lugar para disfrutar en familia. También hay opciones para los cultores del yoga que estarán disponibles en julio. Más información: reservas@yacutinga.com o en www.yacutinga.com

Puerto Iguazú Amerian Portal del Iguazú
Una excelente opción para hacer "base" para luego visitar las cataratas. Hotel 5 estrellas con más de cien habitaciones, servicios de primer nivel, excelente piscina y con una vista privilegiada hacia la triple frontera. Más información: www.portaldeliguazu.com

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