Semanas que son una vida. Desde el anuncio del presidente sobre un principio de entendimiento con el FMI, la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque en Diputados del Frente de Todos (FdT), la confirmación de su reemplazo en la figura del rosarino Germán Martínez, y luego las fuertes declaraciones que le ofrendó Alberto Fernández a Vladimir Putin en Moscú, una frenética sucesión de hechos políticos, se empeñan en calentar un verano pletórico de emociones.
Agónico, el acuerdo con FMI trajo un alivio transitorio para el oficialismo, pero en pocas horas un piedrazo en el espejo rompió la armonía: la decisión de Máximo Kirchner, aseguran desde el Instituto Patria, no es estrictamente individual, ni un arrebato de última hora, ni un paso al costado para dedicarse a una vida más cómoda. Una larga reflexión respecto del significado profundo de acordar con el FMI, las condiciones del arreglo, y sus resultados presentes y futuros, terminó por cristalizar en la decisión de Máximo y sus precisas expresiones por carta. Un modo que ya se inscribe en el estilo de época K, y que desde ya tiene a su madre como la principal cultura.
Todo está escrito, en detalle y la historia lo juzgará. La estrategia de dejar la conducción del bloque, movimiento que el presidente Alberto Fernández consideró “innecesario”, según sus propias palabras en relación a una conversación mantenida con Máximo horas antes de que haga pública su renuncia, sin embargo, para el kirchnerismo, ese acto de renuncia resultó vital, “necesario” e impostergable.
¿Por qué?, porque en el kirchnerismo evalúan, analizan, que más allá de las incomodidades simbólicas y prácticas que resultan de este nuevo acuerdo de “facilidades extendidas” con el organismo de crédito internacional, el alivio transitorio de un acuerdo corto por dos años y medio sólo serviría políticamente para un viaje sin sobresaltos hasta la puerta del cementerio político electoral, en el turno octubre de 2023.
El acuerdo con Fondo conduce con alta probabilidad a la derrota electoral, y hay que hacer otra cosa, y desde hoy mismo, cranean desde el kirchnerismo. En simultáneo, el corrimiento de MK no será extendido al desplazamiento generalizado de su organización, La Cámpora, del Gobierno nacional, ni habrá ninguna operación para bloquear el paso por el Congreso del memorándum. Nada parecido a vaciar el gobierno, ni dejarlo al borde de nocaut. El plan K es el paso al costado de Máximo, y luego una impugnación argumentativa en el debate político sobre los aspectos más negativos del acuerdo con el FMI. Es guardarse una carta política para lo que viene, o podría venir: avalar el endeudamiento de Macri, creen en el kirchnerismo, los equipara con Juntos por el Cambio ante la consideración popular. Sería una posible liquidación del legado de Néstor Kirchner, que como escribió su hijo en la carta “quemó su vida” para desprenderse del FMI.
Entretanto, el reemplazante de Máximo Kirchner, Germán Martínez, que sorprendió a muchos, fue elegido con gran astucia por el presidente, y avalado por todo el arco que integra el FdT. El rosarino, que llegó al tercer piso del Palacio –despacho de la presidencia del bloque- como la mano derecha de otra gran sorpresa de entonces, como fue el arribo de Agustín Rossi a ese cargo, en 2005, tendrá en sus manos la tarea que mejor sabe hacer: la de articulador. Serio, riguroso, de diálogo franco y preciso, será la voz del presidente el Diputados. Apuntalado, además, por su jefe político del que jamás se separó en 20 años, Agustín Rossi. El “Chivo” viene haciendo fe albertista de manera explícita, aun luego de que lo desplazaran del cargo de ministro de Defensa, a propósito de su posicionamiento interno en Santa Fe, cuando disputó contra el armado del gobernador Omar Perotti, la propia Cristina Kirchner, y el presidente.
Rossi, por estas horas, niega cualquier especie que lo revincule al gabinete nacional, simplemente goza de la confianza de Alberto Fernández con quien se ve seguido, y que le habría manifestado que lo quiere “cerca”. Agustín, por ahora permanece en Rosario, que, se sabe, “siempre estuvo cerca”.
El ascendente Germán Martínez tiene una oportunidad, y la aprovechará. Como Alberto, está convencido de que el acuerdo con el Fondo fue absolutamente necesario, y que tiene los suficientes elementos heterodoxos que le permitirían a La Argentina seguir creciendo fuerte, y adicionalmente, mejorar las condiciones relativas de los sectores más postergados, al cabo, los votantes del FdT. Para Martínez, según le confió a este cronista, al igual que en 2021, “también en 2009 y 2013 – elecciones intermedias con gobiernos kirchneristas- perdimos cerca de cinco millones de votos, pero luego los recuperamos en gran medida en el turno electoral siguiente”.
En esa expectativa radica, tal vez, el punto de desacuerdo principal entre el naciente “albertismo” y el kirchnerismo. ¿El acuerdo con el FMI le deja margen al FdT para recuperar los votos perdidos en 2021?; sólo el tiempo dará la respuesta. El debate quedó abierto.