Perfumes
Plinio considera que los perfumes son el lujo más inútil de todos: se disipan con gran rapidez, ¡y cuestan más de cuatrocientos denarios la libra!
Por Rubén Echagüe
Plinio considera que los perfumes son el lujo más inútil de todos: se disipan con gran rapidez, ¡y cuestan más de cuatrocientos denarios la libra!
(Como la vida, Plinio, tan costosa, tan inútil… y que se disipa tan rápido).
Cuando saboreas tus tórtolas doradas y tus ostras cebadas en el lago Lucrino, sobre mesas de antiguo limonero y de precioso marfil índico… el pueblo te sigue con mirada atenta, oh, gran César… con mirada hambrienta, oh, gran César… y el pueblo hambreado es de temer, oh, gran… ¿Qué te auguran al respecto tus adivinos?
Me cedió el paso en el parque, no sin cortesía, y yo se lo agradecí con admiración. Mecanismo perfecto, y tan imposible como un milagro, el pequeño pájaro me reveló, sin proponérselo, la pequeñez del género humano: mezcla ominosa de maldad, de ignorancia y de soberbia infinitas…
¡No avergüences, pequeño pájaro, a un representante del género humano, que es también un poeta, cantándole emocionado a tu recatada belleza!
¡Por qué, por qué, Rimbaud -poeta genial-, tuviste que enseñar a pretendidos poetas a amontonar palabras y más palabras, inconexas y sin sentido alguno!...
Los políticos tienen ahora un “coach” que los entrena… ¡Aprovecharse del pueblo y a la vez hacerle creer todo lo contrario, es un deporte de alto riesgo!
Ligeia recorre las calles hablando sin cesar, gesticulando con la vehemencia del pantomimo Paris, gimoteando o riéndose a carcajadas, sin que, por más esfuerzos que uno haga, logre descubrir al interlocutor que la acompaña. ¿Es que Ligeia perdió la razón, o es víctima de algún horrendo maleficio? ¡Lo es del maleficio de su celular!
¡Tomémonos, Gala, una selfie! ¡Ansío verme deformado como un cerdo y gesticulando como un imbécil, y que esa imagen tristísima tome estado público ya!
Yazgo sobre una tumba prestigiosa, junto a la prestigiosa vía Apia. Pero como en vida fui apenas una simple paloma gris, mi cadáver se entibia bajo la luz del sol, y se enfría con el retorno de la noche oscura. Estoy tan muerta como cualquier príncipe muerto, solo que en vez de pudrirme bajo un mármol la brisa me sigue acariciando, y rizando con ternura el gris sudario de mis plumas…
Filis acaricia la pantalla de su celular, se lo acerca a los labios y le sonríe provocativa, mientras le susurra confidencias que con nadie más compartiría. ¡Filis, por favor… un poco de recato!
¡Te felicito, Régulo, por tu triunfo en las últimas elecciones! Un político de raza debe conocer, no las necesidades de la gente, sino las necias debilidades de la gente…
Estoy muerto pero mi celular me sobrevive. Aunque mi corazón sea ahora una piedra polvorienta él sigue vibrando, y transmitiendo puntualmente todo lo inútil que me quedaba por decir…
¿Que por qué visto una toga zurcida, calzo sandalias remendadas y almuerzo garbanzos cocidos por un as? No soy amigo del poder…
Por Azul Martínez Lo Re