La escena del crimen de Daniel Quintilli ofrecía pocos datos. Unos puesteros del Parque Oeste encontraron sobre una mancha de sangre a este hombre de 62 años, degollado y herido con varias puñaladas, cuando montaban la feria un sábado de febrero. Una primera pista se encontró entre sus cosas: llevaba un boleto de la reciente venta de una casa en la zona noroeste. En esa operación la fiscalía detectó las claves que derivaron en el arresto de un taxista, amigo de la víctima e intermediario en el negocio, quien ahora fue acusado de asesinarlo para quedarse con dos millones de pesos.
En una audiencia realizada en el Centro de Justicia Penal el fiscal de Homicidios Ademar Bianchini imputó a Víctor Carmelo G., de 48 años, como quien la noche previa al hallazgo pasó a buscar a Quintilli en el taxi para realizar otra operación, la supuesta compra de un auto, con la ganancia obtenida de la venta de la casa. Para quedarse con ese dinero, dijo el fiscal, lo mató dentro del auto y luego arrojó el cuerpo al parque. Por ello lo consideró posible autor un homicidio críminis causa, lo que prevé prisión perpetua, además de imputarle los delitos de defraudación y robo. La jueza Valeria Pedrana dictó la prisión preventiva del taxista por dos años.
La medida fue resultado de una investigación que surgió sin más señales que un cuerpo sin identificar sobre el final de una calle de tierra en el Parque Oeste, a la altura de Magallanes y Riobamba. Un hombre estaba tendido en el piso, rodeado de una gran mancha de sangre y con heridas arma blanca cuando a las 8.30 del sábado 18 de febrero llegaron los puesteros de la feria popular que se monta allí los fines de semana. Nadie reconoció a la víctima y tras el llamado al 911 llegó personal policial que hizo las pericias de rutina.
El hombre fallecido fue identificado en la autopsia lo identificaron por sus huellas como Daniel Julio Quintilli, de 60 años. Había muerto desangrado por “degüello” varias horas antes.
Si bien no había testigos del crimen, a partir de operaciones comerciales realizadas por la víctima los días previos el fiscal concluyó que lo mataron para robarle dos millones de pesos que planeaba destinar a comprar un auto.
Gendarme jubilado
En el trámite de imputación que se realizó el viernes pasado el fiscal expuso la cadena de evidencias por las que llegó a detener del taxista G., quien realizaba contrataciones para trabajos de seguridad privada y solía presentarse como un gendarme jubilado. Según contó, la víctima no tenía el DNI ni el celular pero conservaba pertenencias como sus anteojos, 28 mil pesos, una tarjeta de colectivo y un boleto de compraventa de una propiedad por 2 millones de pesos.
"Habíamos publicado su casa a la venta para realizar un emprendimiento económico”, contó entonces la pareja de la víctima, con quien desde hacía diez años alternaban la convivencia una semana en la casa de cada uno.
Unos tres meses antes del crimen Daniel había conocido a Víctor, quien le ofreció unos trabajos de vigilancia los fines de semana y se ofreció para actuar como intermediario en la operación inmobiliaria. “El le insistía mucho a Daniel para que vendiera la casa y se comprara un taxi”, añadió.
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Según ese relato, el intermediario les hizo bajar a la mitad el precio inicial de 4 millones de pesos, llevaba gente interesada a conocer la propiedad y les presentó a quienes resultaron los compradores. La venta se concretó el 15 de febrero.
La pareja que adquirió la propiedad en la zona de Sorrento y Casiano Casas contó que ese día el primero en llegar había sido Víctor, quien se presentó como taxista y ex gendarme. Luego llegó Daniel: “Era un laburante. Estaba muy emocionado porque iba a poder comprarse un taxi. Contaba que quería comprarse una chapa patente de remís o de taxi, nos lo decía casi con lágrimas en los ojos”, revelaron. El hombre guardó el dinero en una bolsa y días después pasó a retirar sus muebles.
La pareja de Daniel contó que ese día llegó a radicarse con ella con los muebles y 30 mil pesos que había conservado de la operación. El resto del dinero se lo había entregado en custodia a Víctor porque él era jugador y tenía miedo de perder el dinero en el casino. Luego, dijo, este mismo hombre actuó como intermediario para la compra de un auto que Daniel quería usar como taxi. Ese era el negocio que planeaban realizar el día previo al crimen.
Ese día
El viernes 17 de febrero, según el fiscal, G. pasó a buscar a la víctima en el taxi a eso de las 17.30 por la zona del complejo de cines Village. Más tarde, a las 21.30, Quintilli llamó a su pareja para decirle que todo había salido bien. Le dijo que ya había comprado el taxi pero iría buscarlo el mediodía siguiente y que se preparara para salir a cenar, que él estaba por tomar el colectivo.
Pero nunca regresó. La mujer lo llamó varias veces y era derivada al contestador. Entonces llamó al taxista. Este le dijo que Daniel se había ido con la plata un bolso y que seguramente ya iba a aparecer. Al día siguiente se enteró del hallazgo de un cuerpo que resultó ser Quintilli. De Víctor no supo nada más hasta que fue detenido.
A partir del GPS del taxi del que el acusado era chofer se pudo reconstruir que a las 19.10 del 17 de febrero estuvo en la zona del Village. Luego fue hacia el parque Independencia, donde estuvo detenido entre las 21.25 y las 21.45. Se presume que Quintilli fue asesinado en esa zona porque en ese rango horario su pareja lo llamó y él no atendió. Desde allí, el taxi que manejaba G. enfiló hacia Parque Oeste. A la 1.13 se detuvo en Riobamba y Magallanes, donde hay un lugar para ingreso de autos. Estuvo parado tres minutos. Personas en situación de calle que viven en el parque contaron que un hombre había bajado de un taxi y tirado un cuerpo detrás de una canchita.
Tapizado de sangre
Luego fue ubicado el dueño del taxi. Contó que Víctor había dejado de trabajar para él una semana después del crimen. Entonces contrató a otro chofer, que le avisó que el tapizado del asiento trasero tenía dos tajos en forma de cruz detrás de la butaca del conductor. “Le dije que lo lleve a tapizar y el tapicero al sacar la funda que cubre el original encontró una mancha de sangre”, contó, hallazgo que en ese momento atribuyó a un asalto de un par de meses antes en el que Víctor había sido lastimado.
El nuevo chofer que se ocupó del arreglo aportó fotos y mensajes de WhatsApp del tapicero en los que avisaba que “se había hallado sangre, que tenía mucho olor y que estaba intentando quitar las manchas” que había en el tapizado y en una alfombra. El auto fue secuestrado y las pruebas con Luminol detectaron numerosas manchas de sangre en el asiento, aún después de la reparación. En registros municipales se detectó que G. estaba inscripto como chofer de otro taxi y lo detuvieron tras ubicarlo con el GPS.