Lucas salió a jugar después de la cena. Una lluvia de balas se quedó con su vida. "Él quería… ser grande!!!" (dijo su mamá en una entrevista).

Lucas salió a jugar después de la cena. Una lluvia de balas se quedó con su vida. "Él quería… ser grande!!!" (dijo su mamá en una entrevista).
La muerte de jóvenes es un quiebre generacional y del futuro. Lo que en el pasado veíamos durante las guerras (los soldados siempre son jóvenes) hoy asola las barriadas de Rosario.
De acuerdo con un informe (2017) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus asociados, cada día fallecen más de 3 mil adolescentes (es decir, 1.2 millones de muertes anuales) por causas que, en su mayor parte, podrían evitarse. Las principales causas de muerte entre los adolescentes son los accidentes de tránsito, las infecciones de las vías respiratorias bajas y el suicidio.
A éste informe debiéramos agregar, desde nuestra ciudad, a las muertes violentas u homicidios causados por la violencia narco, la institucional, y la violencia a secas.
En la misma semana otro adolescente de 13 años, Joaquín, fue baleado en la cara cuando volvía a su casa del colegio en el conurbano bonaerense. Es patético el llamado que le hizo a su madre, mientras se desangraba: "Mamá, me pegaron un tiro, estoy en el chino". Sus agresores han sido detenidos, y tienen entre 16 y 17 años.
El 4 de agosto (de este 2022), Zoe, una joven de 15 años fue acribillada a balazos mientras atendía un almacén, en la zona suroeste de Rosario.
Niños, púberes que entran en la adolescencia, víctimas de una violencia desatada y descontrolada. Se lee en La Capital que e n lo que va del año ya se superó la cantidad de menores de edad asesinados en 2021. De 19 casos en al menos 15 las principales hipótesis sugieren algún tipo de vinculación, directa o por error, con disputas relacionadas al narcotráfico.
Padres que entierran a sus hijos. Ruptura de la expectativa generacional. Fracaso del futuro. Desmetaforización violenta de la muerte que asoma como una realidad amenazando con naturalizarse.
¿Y el lazo social? ¿En qué se convierten los vínculos, el pasaje al grupo, la salida de la endogamia familiar, el inicio del “proyecto”, que caracterizan a la adolescencia?
Lucas “quería ser grande”… Es conmovedor el modo en que su madre trata de presentarnos quién era su hijo. La frase conmueve porque nos enfrenta con el comienzo de la proyección al futuro del niño/púber/adolescente… proyección que las balas truncaron en segundos.
Investigadores uruguayos de la facultad de Ciencias Sociales de la UDELAR presentaron una investigación que llamaron: Relatos de muerte (Tenembaun, G; Fuentes,M; et al. 2021). Estudiaron los homicidios de jóvenes montevideanos en ajustes de cuentas y conflictos entre grupos delictivos entre los años 2015 y 2019. La noción fuerte que se estudia en todo el libro es la del “ajuste de cuentas”, que no figura en el derecho penal, pero que se utiliza en todas las esferas institucionales y periodísticas para crear un “sentido” que oculta la verdad del fenómeno y sus determinaciones. Esta alusión, explican los investigadores, impide pensar acerca de las políticas públicas que podrían transformar esta realidad penosa y que pone en crisis todos los valores más esenciales de una sociedad. Según palabras de los autores: “El estudio indaga en los territorios de las adolescencias asesinadas a la luz de dimensiones analíticas vinculadas a la criminalidad, el género, las generaciones y el reconocimiento”.
Si traigo a colación este estudio es porque sus resonancias con nuestra realidad citadina podrían llevarnos a un debate y acciones que dejen de limitarse a hacer “diagnósticos” para pasar a convertirse en proactivos respecto a un fenómeno que urge transformar.
La muerte, el dolor, la violencia, la crueldad, las desigualdades y la marginación son correlativas de una descomposición social que se manifiesta hace décadas. Todos los sectores del Estado están implicados en estos hechos: Educación, Salud, Desarrollo Social, Economía, Urbanización… y podría seguir hasta abarcar la totalidad del Estado. Y de este modo, a todos los ciudadanos nos toca ser parte de construir un horizonte de transformación.
Porque sabemos y leemos en el mapa de los homicidios o acciones violentas de Rosario que hay zonas de la ciudad que están predestinadas por sus características y determinaciones a ser los territorios marcados por el rojo de la sangre.
Importa pensar en la noción de necropolítica, noción acuñada por el filósofo camerunés Achille Mbembe, como envés del biopoder foucaultiano. Los “nadies”, los cuerpos desamparados, los niños no protegidos, los “Ni” (no estudian ni trabajan), son responsabilizados de sus propias muertes por el “sentido común”. Así, el “algo habrán hecho”, que escuchamos en los 70, como modo de negar el genocidio, se desplaza ahora a estos jóvenes. Y de esta manera, las víctimas pasan a ser responsables de sus propias muertes. La impunidad se garantiza a través del sintagma “ajuste de cuentas”. Pero es desde la política que la muerte se naturaliza, que la vida pierde valor según dónde se haya nacido y que se decide quién puede vivir y quién no.
La escritora catalana, Valverdere Gefaell, describe de este modo a la violencia neoliberal: “Los excluidos son los que no son rentables para el poder ni para implementar sus políticas. Son los que no producen ni consumen, los que, de alguna manera, sin querer y sin saberlo en la mayoría de los casos, solo existiendo ponen en evidencia la crueldad del neoliberalismo y sus desigualdades”.
Se trata de nociones que atañen a países en los que muchísimas personas viven en estado de absoluta precariedad, poblaciones que están en los márgenes de la sociedad del bienestar, seres invisibles que ya no interesan al poder y respecto a los cuales ya no importa si viven o mueren, porque no entran en sus cálculos. “Hacer morir y dejar morir”, aforismo del necropoder.
Estas tres brevísimas historias relatadas y acontecidas en los últimos días, Lucas, Joaquín y Zoe, dan cuenta de la realidad de los adolescentes y niños que habitan en nuestras ciudades. No son jóvenes que están en la indigencia, sino niños de nuestras barriadas, hijos de trabajadores. Hoy en día integrantes de familias que están en modo supervivencia, con lo que conlleva de precariedad y fragilidad subjetiva.
No alcanzan las teorías del “ajuste de cuentas” ni de “sicarios narcos”. No nos alcanzan porque nos explota en la cara que no estamos pudiendo proteger a nuestros niños, tampoco a nuestros jóvenes.
Proteger a las infancias y adolescencias implica políticas públicas que garanticen en principio vivienda, educación y salud. Pero también, espacios sociales y culturales que oficien de red de contención para quienes están empezando a salir del amparo (o desamparo) familiar y hacen sus primeros pasos en la inclusión social. Prácticas activas en territorio de trabajadores de salud y trabajadores sociales, que puedan ir acompañando las angustias existenciales de las adolescencias y los momentos del desarrollo de las infancias.
No es posible que hayamos naturalizado que a un adolescente de ciertos barrios de Rosario le sea más atractivo oficiar de “soldadito” de bandas narco que estudiar, trabajar, practicar deportes, hacer música o arte con pares. La pregunta que se impone es si se les ofrece de verdad un horizonte que contemple su inclusión en la sociedad y un lazo social que pueda hacer de red de contención frente a las desigualdades y la indignidad de vivir en modo supervivencia.
(*) Marité Colovini es médica Psiquiatra. Practicante del psicoanálisis. Doctora en Psicología por la UNR. Directora de la Maestría en Psicopatología y Salud Mental de la UNR...
Recomendación de la autora:
“La ‘necropolítica’ es la política basada en la idea de que para el poder unas vidas tienen valor y otras no ”. Entrevista a Clara Valverde sobre "De la necropolítica neoliberal a la empatía radical" por Salvador López Arnal.
Relatos de muerte. Homicidios de jóvenes montevideanos en ajustes de cuentas y conflictos entre grupos delictivos. Proyecto ANII. FCS-OBSUR-FHCE, 2021.